Itinerario Político

Téllez: las debilidades de Calderón

Ricardo Alemán

Mal secretario el que deja crecer las batallas de su responsabilidad

Ante embate de poderes fácticos, ¿hasta cuándo resistirán Estado y gobierno?

El escándalo desatado en torno a Luis Téllez —más allá del circo mediático y de sus lagunas éticas— es un misil que pega por debajo de la línea de flotación del gobierno de Calderón y que exhibe sus debilidades.

¿Qué significa que sin control alguno, y durante meses, copias de las escuchas pinchadas a Téllez rodaran por las alcantarillas mediáticas? ¿Qué debemos entender ante las públicas y desmedidas ambiciones de poder de una “amiga del presidente” como Purificación Carpinteyro, quien peleaba por el premio mayor de la SCT?


¿Cómo explicar la jauja del espionaje telefónico a lo más altos niveles, y que autoridades, medios y sociedad se sorprendan por las revelaciones, antes que cuestionar la forma en que se obtienen y difunden? ¿Qué entender del silencio de Calderón —frente al escándalo que no apoya y tampoco a Téllez—, y que todo el gobierno parece haber dejado solo al titular de SCT…?

Está claro que más de una mano movió y mueve la cuna mediática que intentó —y acaso consiga— tirar a Téllez de la SCT. No existen dudas de que detrás de esa andanada mediática aparecen lo mismo televisoras, que frecuencias radiales y poderosas telefónicas. No es un secreto para nadie que Téllez metió a la lumbre más “fierros” de los que pudo manejar, y que en la guerra de las telecomunicaciones todo, o casi todo se vale. Toda batalla de y por el poder es a muerte.

Pero también está claro que ese sainete, en su conjunto, exhibió peligrosas debilidades, hoyos negros, ineficiencia, abulia y descuidos en las altas esferas del gobierno de Calderón. ¿Por qué nadie en Los Pinos fue capaz de ver y prevenir el “infiernito” que se creaba en torno a Téllez? A Calderón lo rodean malos colaboradores. Pero en el caso concreto del secretario Téllez, quedó a la vista de todos la cuestionada capacidad en el manejo político del siempre complejo —además de estratégico— terreno de las comunicaciones y el transporte. ¿Qué significa que le declararan la guerra televisoras, radiodifusoras, empresarios como Carlos Slim? Eso se llama incapacidad, a secas.

Y es que un secretario de Estado que deja crecer las batallas propias de su responsabilidad a niveles de desatar una guerra del gobierno con uno de los hombres más ricos del mundo, que es incapaz de contener “chismes de lavadero y amoríos” —como las batallas con la señora Purificación y la amante despechada—, y que reacciona mal y tarde a los misiles que no le pegan a él, sino a su jefe, el Presidente; es un servidor público que crea más problemas de los que resuelve. Pero además, el escándalo en torno a Téllez —Luisito o El Osito como lo motejan sus amigos—, echa por tierra la versión maniquea de que el PRI hace bien las cosas del poder y el gobierno.

Si Téllez no ha caído, no es por su eficacia y resultados positivos. Se mantiene en el cargo porque Felipe Calderón ya dio muestras claras de que no retrocede ante los embates de los poderes fácticos. La pregunta, en todo caso, es otra. ¿Hasta cuando?

Y es que si el narcotráfico vulnera todos los días las instituciones del Estado, incluido el gobierno. Si de tanto en tanto lo vulneran los barones de la partidocracia. Y si de un tiempo a la fecha lo intentan poderes fácticos como la telecracia y el Grupo Carso, la pregunta va más allá. ¿Quién más tratará de vulnerar a Estado y gobierno? Ese es el alcance del escándalo en torno a Luis Téllez.

Pero no debían sorprender a nadie los embates lanzados contra el Estado mexicano —el gobierno incluido—, desde distintos poderes fácticos. En el fondo ese es el papel del Estado; contener, regular, sancionar, acotar, someter al imperio de la ley a ciudadanos y poderes —legales y fácticos—, que transiten extramuros de las reglas establecidas. Lo preocupante, en todo caso, es cuando se rompe el equilibrio entre fuerza, capacidad e instrumentos legales y materiales con los que cuenta el Estado para mantener la “normalidad”, frente al poderío a veces extralegal, violento y hasta terrorista lanzada por los adversarios del propio Estado.

El lanzado contra Téllez es un misil más contra la estabilidad del gobierno y el Estado, que se suma a los obuses lanzados por otros poderes fácticos; crimen organizado, partidocracia y la telecracia. ¿Hasta cuándo resistirán Estado y gobierno? Al tiempo.

EN EL CAMINO

El mundo al revés. Venezuela llega a la dictadura por la vía democrática. El “Diario Oficial” del “mesías” festeja el triunfo. Y negaban que aquí querían la misma “solidez democrática”. Pura congruencia.

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