Itinerario Político

Las aguas del Jordán

Ricardo Alemán

¿Purificación de PT y Convergencia o vulgar lavandería electoral?

El moderno Bautista crucifica al PRD y bautiza a los nuevos fieles

El PRD parece un caso extremo entre los partidos políticos del orbe, ya que militar bajo sus siglas —igual que bañarse en las aguas del Jordán— es sinónimo de limpiar los pecados y las faltas del pasado.

Y es que a los ojos de quienes gustan de la autocrítica elemental, resulta extensa la lista de “purificados” por las milagrosas aguas amarillas. Y van desde Muñoz Ledo, pasando por Camacho y Ebrard, por depurados trapecistas como Monreal y Núñez, sin olvidar a los impresentables Leonel Cota, José Guadarrama y Pablo Salazar. Claro, entre muchos otros.
Y viene a cuento el tema porque el nuevo milagro de los amarillos y de la llamada izquierda mexicana es la muy profunda lavandería a la que sometieron pecados y faltas del pasado dos franquicias electorales harto rentables —y sus respectivos dueños—, que luego del baño con el PRD ya son ejemplo de democracia, congruencia, honestidad, transparencia y de un profundo compromiso ideológico. ¿De qué partidos hablamos?

Está claro. El milagro que presenciamos el domingo último en el Zócalo fue la “purificación” de los partidos del Trabajo y Convergencia, cuyos talentosos, congruentes, honestos, transparentes y nada pillos jefes dejaron atrás su pasado y sus pecados para convertirse en lo más parecido a los nuevos emblemas de la ejemplar izquierda mexicana. ¿Y los dueños de esos partidos? Todos los conocen. Alberto Anaya y Dante Delgado.

Bueno, en realidad todos conocen a Anaya y a Delgado. Pero pocos saben quiénes son. Por eso vale preguntar a los estudiosos serios de la izquierda y la partidocracia —más allá de fanatismos y resentimientos de viudez—, a los intelectuales de la izquierda mexicana, a los muchos ciudadanos convencidos de que merecemos una izquierda seria, fuerte, democrática, congruente, transparente…

¿Quién —de los estudiosos de la izquierda, los intelectuales y preocupados de la izquierda— puede tomar en serio a un partido como el PT, que nació hace 20 años como comparsa de las ambiciones salinistas; que en esas dos décadas ha desviado cientos o miles de millones de pesos a un puñado de vividores de la política; que lo mismo se ha aliado con PAN que con PRI y PRD y al resto de franquicias partidistas; que apenas hace días regaló toneladas de huevos —de gallina, claro— a la población en Zacatecas para engordar clientelas anémicas por la más reciente diarrea de militantes?

¿Quién puede confiar y tomar en serio a un cacique de la política como Alberto Anaya, cuya historia de pillerías fue exhibida apenas en días pasados por su otrora socio —José Narro, que brincó al trapecio del PRD de Los Chuchos—; que por décadas-nalga ha calentado una curul o un escaño del Congreso sin haber propuesto una iniciativa trascendental; que es un líder que vende candidaturas a puestos de elección popular al mejor postor, y que apenas en la actual Legislatura del Senado negoció el regalo de dos senadores para crear una fracción parlamentaria y engordar las arcas de su empresa familiar que se llama Partido del Trabajo?

¿Quién de esos estudiosos e intelectuales puede tomar en serio al partido Convergencia, a su líder Dante Delgado, si todos saben que es otro de los abundantes dueños de franquicias partidistas; que en sus tiempos de priísta fue pillado en ejercicio del poder nada claro; que no tiene más ideología que el color y el olor del dinero?

¿Quién de esos intelectuales y estudiosos puede tomar en serio al partido naranja y descifrar la profunda ideología del eslogan de Convergencia? El “¡naranja, naranja!”.

Bueno, pues esos dos partidos y sus respectivos líderes fueron sumergidos a las muy mexicanas aguas del Jordán, y gracias al moderno Juan el Bautista, que es Andrés Manuel López Obrador —y en ceremonia llevada a cabo en el emblemático Zócalo capitalino—, quedaron atrás, en el pasado, los pecados y las faltas de PT y Convergencia, de Alberto Anaya y de Dante Delgado —y claro, de la claque de ambos—. Hoy Convergencia y PT son los nuevos estandartes de la izquierda mexicana, esa que “rechina de limpia”.

El profeta crucificó a su otrora partido, al PRD —hoy convertido en nido de espurios— y pidió comprensión, bendición y el voto para sus nuevos fieles. AMLO llama a votar por PT y Convergencia, por sus candidatos, en tanto los timoratos Chuchos justificaron la traición: “El de AMLO es un liderazgo que trasciende un partido”. ¿Purificación o vulgar lavandería electoral? Al tiempo.

EN EL CAMINO

A propósito de congruencia, abundan versiones de que otras franquicias, las del diario La Jornada en Hidalgo y Guerrero, se habrían vendido a Gerardo Sosa y Félix Salgado. ¿Otra purificación?

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