Calderón: viaje a las raíces
Ricardo Alemán
Castillo Peraza: “Los adversarios no pueden escribir nuestra historia”
Con Gómez Mont, el Presidente empieza a anotar su propia memoria
Ni ocurrencia ni emergencia. Tampoco volado o mera puntada. La llegada de Fernando Gómez Mont a Gobernación es, sin más, la historia de Felipe Calderón.
Todos saben que Calderón se encumbró en la política partidista de la mano de Carlos Castillo Peraza. Todos saben que Castillo Peraza se encumbró en la política partidista de la mano de Luis H. Álvarez. Y todos saben que don Luis recuperó para los doctrinarios del PAN —en febrero de 1987— el partido que les arrebató el Grupo Monterrey.
Lo que pocos saben es que ese 21 de febrero de 1987 el discurso que ganó el voto de los consejeros panistas a favor de H. Álvarez proponía el regreso de Acción Nacional a su origen, y que en su parte medular el mensaje era precisamente el de ir “a las raíces”. ¿Qué eran esas raíces? Pues simple y llanamente recuperar los valores y la historia que dieron origen al partido azul.
Viene a cuento el ejercicio de memoria, porque a partir de ese 1987, luego en la elección presidencial de 1988, y meses después en las llamadas concertacesiones entre el PRI de Carlos Salinas y Manuel Camacho y el PAN de Luis H. Álvarez, los actores centrales fueron, en ese orden, don Luis, Castillo Peraza, Fernández de Cevallos, y dos panistas de párvulos que desde entonces se propusieron hacerse del control del PAN. Eran Felipe Calderón y Fernando Gómez Mont, la joven sangre azul panista.
¿Qué quiere decir lo anterior?
Debemos insistir. El gobierno de Felipe Calderón vive momentos que pudieran ser históricos para su partido y su proyecto, porque se produce una vuelta al pasado, un “viaje a las raíces”; enseñanza partidistas que en ese 1987 marcaron a los H. Álvarez, a los Castillo Peraza, Fernández de Cevallos, Calderón Hinojosa y, claro, a los Gómez Mont.
A partir de ese 1987, Castillo Peraza no sólo se convirtió en el ideólogo del PAN que por seis años condujo don Luis, sino en pieza clave de la arquitectura ideológica y doctrinaria que llevaría al PAN al poder. Luego de las elecciones federales de 1988 —fraude monumental orquestado por Manuel Bartlett y Manuel Camacho a favor de Salinas—, Castillo Peraza propuso “legitimar” a Salinas en el ejercicio del poder, lo que significaba una alianza con el PRI, que nunca quiso ser aceptada como una subordinación.
Esa alianza se reeditó con el gobierno de Ernesto Zedillo e hizo posible que Vicente Fox echara al PRI de Los Pinos en 2000. A partir de ahí, Fox mantuvo la alianza con un sector del PRI, convertido en oposición. En los hechos, a partir de 2006, Felipe Calderón mantuvo la misma alianza con variopintos del PRI, a los que junto con sus leales incluyó en su gabinete. La señal más negativa para el PAN fue que excluyó al viejo panismo que hizo posible que Acción Nacional llegara al poder. ¿Pero qué pasó a partir de la tragedia que le costó la vida a Juan Camilo Mouriño? Poca cosa, que Calderón regresó a sus raíces.
Vale recordar, por ello, un ensayo de Carlos Castillo Peraza sobre el tema —revista Palabra, abril de 1989—, en el que se puede encontrar una clara explicación de por qué Gómez Mont a Gobernación. El texto se titula “Viaje a las raíces”, y dice en sus partes medulares:
“No es sano permitir que los adversarios, por respetables que sean, nos escriban a su gusto y conveniencia nuestra propia historia.
“A esas raíces (las de la historia del PAN) hay que ir una y otra vez. Acción Nacional está ocupando espacios y asumiendo responsabilidades políticas que no había asumido antes en el mismo grado que ahora. Partido de principios, obligado ante sí mismo y por las circunstancias a reiterarlos durante años desde una oposición virtualmente sin salida, se ve hoy frente al riesgo de olvidar o de minimizar su propia herencia, dados los imperativos del ejercicio de una ‘cuota de poder’ que su propio éxito cultural y político ha puesto en sus manos”.
Castillo Peraza no rechaza la alianza con el PRI, pero advierte del riesgo de que se convierta en pragmatismo sin contenido cultural, político y popular. Y advierte:
“Esto desvincularía al PAN, primero de sí mismo y luego quizá de su electorado. Y no se trata de un riesgo sólo para el PAN… en otros países las políticas de concertación, que tienen innegables resultados buenos para la convivencia social, han dado como resultado ‘agregado’ una desvalorización de la política, de los políticos, de los partidos y de la participación del electorado en los comicios”.
Podríamos entender muchas cosas si comparamos el discurso de Felipe Calderón del pasado domingo con el ensayo de Castillo Peraza, si contrastamos el regaño al PAN y la llegada de Gómez Mont. ¿O no?
