Calderón: el timón rumbo al PAN
Ricardo Alemán
En 1981, Luis Calderón Vega dejó el partido en su peor crisis de identidad
En 2008 Felipe Calderon parece regresar a la historia y el calor panista
Los que lo conocen hablan no sólo de su “mecha corta”, sino que para trabajar estila la estrategia del “maestro albañil”. Es decir, “contrata por obra determinada”.
Así, dicen que al inicio de su gestión utilizó la titularidad de Gobernación para el “pago de facturas” a su amigo Francisco Ramírez Acuña, al que despidió cumplida la tarea. Llamó entonces a otro amigo, a Juan Camilo Mouriño, para encomendarle reformas como la petrolera. Obligado por las circunstancias —y frente a la ferocidad de la guerra lanzada contra el crimen organizado y el narcotráfico—, vienen las reformas penales, para lo que debió llamara Fernando Gómez Mont, experto en ese tema.
Todos recuerdan que al convertirse en presidente electo, Calderón dijo que ninguno de sus colaboradores tenía el puesto seguro, porque no contrataba por una vez y para siempre. Entonces parece tener sentido la contratación “por obra determinada”.
Pues sí. Y se podrá decir todo, misa si se quiere, pero Juan Camilo Mouriño no se fue y Fernando Gómez Mont no llegó, como resultado de una decisión planeada, diseñada a partir de un objetivo primario, sino que lo primero fue resultante de una tragedia y, lo segundo, una reacción de control de daños. Es decir, las circunstancias le impusieron al presidente Felipe Calderón un repentino y radical golpe de timón. ¿Qué movió a eso que parece un cambio radical?
Todo indica que el Presidente entendió que la emergencia y sus daños directos y colaterales rebasaban a un gobierno construido sobre una plataforma de amigos, leales e incondicionales, alejado no sólo de su partido, sino de su origen.
Al parecer Felipe Calderón entendió que la “guerra” declarada contra el narcotráfico y el futuro incierto del segundo gobierno panista —más allá de si la tragedia de su secretario de Gobernación resulte accidental o deliberada—, requería no sólo de un capitán experimentado, arropado por los “grupos custodios” del PAN, habilidoso en las artes de la justicia y la legalidad y, sobre todo, templado en la larga historia de panismo. ¿Qué quiere decir todo lo anterior? Parece que Calderón regresó a su casa, a la historia de su partido, a sus mayores. Y si existen dudas, vean lo que sigue.
Todo indica que frente a la crisis política que significó para su gobierno la tragedia, y ante las despiadadas luchas de poder que se dieron en torno a la sucesión del secretario de Gobernación, Felipe Calderón debió recordar que su padre, Luis Calderón Vega, dejó en 1981 las filas de Acción Nacional precisamente en medio de una de las más severas crisis del partido que ayudó a construir. Renunció al PAN, “por desacuerdos con el Comité Ejecutivo Nacional”.
Los desacuerdos los expresó con puntualidad, en esas fechas, otro fundador, Efraín González Luna, quien denunciaba que el PAN “pretende ser convertido en un partido de una sola clase, la empresarial, cuando fue fundado como partido de clases”. Eran los tiempos en que a través de Pablo Emilio Madero, el PAN fue atrapado por el “Grupo Monterrey”.
Ese rasgo histórico de hace casi tres décadas, lo trajo a noviembre de 2008 Felipe Calderón, cuando la mañana del pasado domingo —la víspera de que designó a Gómez Mont como secretario de Gobernación—, y luego de citar a Efraín González Luna “cuando dijo que lo importante no es el poder, sino aquello para lo cual debe servir el poder”, y al fundador, Manuel Gómez Morín, “quien nos enseñó que en insistir estriba la lucha misma”, lanzó el más fuerte regaño que se recuerde de un gobernante panista a su clase política.
En tono enérgico les pidió, entre otras cosas, “dejar atrás las mezquindades, las ruindades que nos impiden servir, que nos impiden hacer el bien y que nos atrapan en pleitos, en envidias; ruindades sin fin que paralizan la acción del partido, nos alejan de los ciudadanos, y además nos hacen perder elecciones; dejar atras la mohína, la pereza, la ambición, la envidia…”. ¿Qué significó la reflexión y el regaño del domingo, el recuerdo de los próceres y, la mañana del lunes, designar como su secretario de Gobernación a Fernando Gómez Mont?
Parece que Calderón se vio atrapado en una crisis igual o parecida a la que alejó a su padre del PAN, y que contra lo que hizo aquél, decidió regresar a la casa en busca de apoyo, de la doctrina, de la historia y de los hombres que hicieron al partido. No volteó a ver a sus amigos y su equipo, tampoco al neopanismo y menos al foxismo. Volteó al “establo” del Jefe Diego, el que junto con el de su mentor, Carlos Castillo, hicieron posible el tránsito del PAN opositor al PAN gobierno. Un golpe de timón que puede ser histórico, y hasta salvar al PAN de la debacle. Al tiempo.
