SIEDO: es el dinero, estúpidos
Ricardo Alemán
¿Por qué no han seguido la pista del enriquecimiento repentino de policías?
¿Secreto a voces, que el crimen organizado no florece sin complicidad?
Con la puntería del sabio, el refranero popular dice que hay cosas que nadie puede ocultar. Entre otras: “el dinero y lo pendejo”.
Y viene a cuento el tema, porque ante la sorpresa de muchos —vale recordar que en el ejercicio del poder y la política no hay sorpresas, sino sorprendidos— resulta que hasta hoy se descubrió, se comprobó y aparecen policías y funcionarios de la SIEDO —y de otras instituciones— como presuntos responsables de corrupción y vínculos con el narcotráfico.
Y todos los policías corruptos —¡sorpresa!— pasaron en muy poco tiempo de la medianía propia del servidor público honesto a insultantes niveles de potentados delirantes que, incluso, emplearon su repentina riqueza —presuntamente proveniente del crimen organizado— para coleccionar especies de animales selváticos y, en menor medida, diversas expresiones de arte.
Y resulta que en décadas, sexenios, quinquenios, nadie se dio cuenta de que policías de medio pelo y de altos rangos, funcionarios de medio nivel y de altos vuelos vivían y muchos siguen viviendo en zonas de exclusividad reservada para potentados, que viajan y viajaban en automóviles de lujo, paseaban y pasean como jeques, vestían y visten como dandis, y sus hijos acudían y acuden a las escuelas más caras. ¿Pero de verdad podemos hablar de que los hallazgos de la SIEDO, al descubrir espías y corrupción, es una novedad?
No, no es ninguna novedad. Todos saben que el crimen organizado y el narcotráfico son posibles precisamente porque existen vínculos, y hasta protección policiaca, y elevados niveles de impunidad oficial. El sistema de impartición de justicia, los jueces y agentes del Ministerio Público no están ajenos a la corrupción.
Por eso apelamos a un ejercicio memorioso elemental. Hace casi 15 años se hizo público que una de las primeras sorpresas del entonces recién nombrado procurador general de la República, Jorge Carpizo, fue ver los autos, las alhajas, las ropas de los judiciales que llegaban y salían del estacionamiento de la PGR. ¿Y qué pasó…? Nada. Resulta que nadie siguió “la pista del dinero”. Sí. ¡Por increíble que parezca!
Otra vez la memoria. ¿Recuerdan a partir de qué puntas de la madeja se logró “jalar” la corrupción en que había incurrido el general Gutiérrez Rebollo, que era el zar antidrogas? En efecto, a partir de la exhibición ostentosa e insultante de un súbito cambio en su nivel de vida. De pronto apareció como un nuevo rico, lo que llamó la atención de muchos en el núcleo castrense, en donde la norma es la medianía. Y es que eso, el dinero amasado rápidamente y, literalmente a montones, mueve al nuevo rico a exhibir su nueva riqueza.
Un último ejemplo. Hace poco más de una década, el paraíso finsemanal de los capitalinos, Cuernavaca, fue convertida en el paraíso de los narcotraficantes. Eran los tiempos del gobierno de Jorge Carrillo Olea, a quien incluso no pocos acusaban de una presunta vinculación con el crimen organizado. Luego se supo que a pocos metros de la casa de gobierno de Morelos, tenía su casa un narcotraficante, Juan José Esparragoza, motejado en la jerga policiaca como El Azul.
En los últimos años del pasado siglo, los narcotraficantes llegan a distintas regiones del estado de Morelos, sobre todo a Cuernavaca, cargando costales de dinero para comprar en efectivo residencias, ranchos, granjas y huertos. Convirtieron a Cuernavaca en una de las regiones de más alto riesgo, y no sólo se desplomó el negocio inmobiliario, sino que el reino de la inseguridad hizo caer al PRI del gobierno estatal.
El priísta Carrillo Olea fue echado del gobierno, y luego de fallidos interinatos, se convirtió en gobernador el panista Sergio Estrada Cajigal, un mecánico habilitado como político —ante la desesperación de los morelenses—, quien llevó como jefe de la policía estatal a Agustín Montiel, un policía de insultante riqueza, vinculado al narcotráfico y al secuestro, el cual fue detenido luego de tirar cuerpos de algunas de sus víctimas en las carreteras de Morelos. Otra vez la pista del dinero.
¿Cuántos policías, comandantes, mandos superiores, agentes del Ministerio Público, jueces y magistrados del Poder Judicial tienen un nivel de vida muy por encima del que reportaría su salario?
Cuando por primicia de EL UNIVERSAL se dio a conocer que la SIEDO había sido penetrada por el narcotráfico, que gracias a abultadas bolsas de dinero compró mandos y ministerios públicos —verdaderos espías al servicio del crimen—, una de las informaciones aleatorias fue el elevado nivel de vida de los “traidores”. ¿Por qué no seguir la pista del dinero?
