Pemex: los enanos del tapanco
Ricardo Alemán
La petrolera, reforma poco seria, chiquita; igual a la clase política
Pero, ¿qué esperaban? ¿A poco no saben quiénes son, de qué están hechos?
La eventual reforma petrolera, que aprobarán en próximas horas y días las cámaras del Congreso, desató una nueva forma de polarización social: las sensaciones encontradas.
Para algunos, la reforma que como Cámara de origen discutirá el pleno del Senado es —por decirlo suave— poco “seria”, “chiquita”, “insuficiente”. Para otros es el mejor ejemplo de “la miseria del posibilismo”, en donde el presidente Calderón sacrificó “lo posible por lo deseable”. Todo esto frente a la euforia del negociador grupo de Los Chuchos, que llamó a la movilización, “pero para festejar”, en medio de la esquizofrenia del “legítimo” que arengó a feligreses contra privatizadores molinos de viento, sin faltar las felicitaciones de azules y tricolores.
Lo curioso del asunto es que pareciera que todos tienen razón; por lo menos una porción de ella. Y es que las sensaciones que nos ocupan (emociones que produce en el ánimo un suceso o noticia de importancia, según la Real Academia) podrían ser tomadas como el espejo social de lo ocurrido en los estrechos y retorcidos espacios de negociación política. Es decir, que en la clase política el poder se ejerce no a partir de la realidad, sino de sensaciones.
Y debemos insistir. Parece que asiste la razón a quienes hablan de una reforma “poco seria”, “chiquita”, “insuficiente”, ejemplo de “la miseria del posibilismo”. Se podría argumentar eso y muchos más. Sí, pero también es posible encontrar una explicación en otro terreno —más allá de las sensaciones— que nos aproxime a lo tangible. ¿A poco no sabemos quiénes son, de qué están hechos, a qué intereses responden los arrogantes barones de la clase política mexicana? ¿En serio existe alguien capaz de creer que —a partir del tamaño de esa clase política mexicana— se podían alcanzar más avances en materia petrolera? En todo caso hablemos de ingenuidad.
¿O es que ya se nos olvidó quiénes son, cómo y par qué emplean las franquicias partidistas los azules, amarillos y tricolores? ¿Alguien se puede llamar sorprendido frente a los historiales políticos de Felipe Calderón, Germán Martínez, Manlio Fabio Beltrones, Beatriz Paredes, Andrés Manuel López Obrador y Guadalupe Acosta Naranjo?… por citar sólo a algunos de los destacados prohombres de la clase política mexicana.
¿Qué no es cierto que en todas las encuestas esa clase política —no se digan los diputados y los senadores— aparecen con el mayor desprestigio social —apenas arriba de policías— frente a la opinión pública? ¿Qué no tuvimos suficiente como sociedad con los ridículos espectáculos del salvador de la patria que ordenó asaltar el Congreso, mandar al diablo a las instituciones, tomar carreteras y aeropuertos, movilizar a adelitas, todo dizque en defensa del petróleo? ¿No fue suficiente con el espectáculo de un asustado secretario de Gobernación incapaz de explicar sus nada éticas relaciones con Pemex? ¿No fue suficiente con el papel titubeante de Felipe Calderón para enviar la reforma al Congreso? ¿No fue suficiente con el insulto a la razón, la inteligencia y el conocimiento que recetaron a expertos en largas peroratas disfrazadas de consulta energética?
Quien haya creído que de la discusión política y el debate legislativo sobre Pemex saldría una hermosa águila real —con el tamaño de la clase política mexicana y el nivel de los partidos mexicanos con registro—, deja ver que no conoce a esa clase política más que en estampas de colección. La realidad, cruda a extremos de vergüenza, hace pariente a esa clase política con “los enanos del tapanco”.
¿Qué debieron hacer Calderón y el PAN frente a un populista locuaz e irresponsable que apostó a incendiar al país en venganza por la derrota electoral? ¿Debieron desistir de la reforma petrolera, retirar su iniciativa, negarse a aceptar diálogo alguno, imponer condiciones? La fortaleza de Calderón es del tamaño de la reforma petrolera. ¿Qué debieron hacer PRI y PAN? ¿Chocar de manera frontal con el “mesías”? ¿Qué debieron hacer Los Chuchos? ¿Someterse a AMLO?
Jesús Ortega escribió ayer en Excélsior, en relación con AMLO: “Se oponen públicamente a la privatización, pero en lo íntimo desean que se lleve a la práctica, pues eso les permite seguir vigentes políticamente”. No hubo privatización, pero tampoco reforma. Ganaron mediocridad, pequeñez política, miopía… y “los enanos del tapanco” de la clase política.
EN EL CAMINO
Historias antiguas recuerdan una casa de mala nota habitada por un gigante refugiado en el tapanco, al que llamaban cuando se negaba el pago. “¡O pagas o bajo!”, gritaba la voz sonora. Un parroquiano reviró un día: “¡Si no bajas no pago!”. Descubrió a un enano en el tapanco, que por años engañó a todos. ¿Hasta cuándo el engaño de la clase política?
