PRI, nueva casa de la ultraderecha
Ricardo Alemán
Promotor de las reformas antiaborto
También apoyaron PRD, PT y los naranja
En contra de lo que plantearon sus padres fundadores —entre otros el sonorense Plutarco Elías Calles y el michoacano Lázaro Cárdenas—, el PRI del nuevo siglo y de la presidenta Beatriz Paredes, se ha convertido en la nueva casa de la ultraderecha mexicana. ¿Por qué?
Poca cosa, porque en los últimos años el Partido Revolucionario Institucional se ha convertido en el promotor de una de las banderas fundamentales de la ultraderecha: la lucha contra la despenalización del aborto. O si se quiere, el PRI es principal promotor del antiaborto.
Es que a raíz de que la Cuarta Asamblea Legislativa del DF aprobó precisamente la despenalización del aborto —y estableció reglas claras y seguras para practicar el aborto a todas las mujeres que lo soliciten—, la derecha extrema reapareció en todo el país y se dio a la tarea de empujar una contrarreforma, que ha conseguido en 17 entidades del país. ¿Y qué tiene que ver esa ultraderecha con el PRI?
Pues nada, que el tricolor fue promotor de la penalización del aborto en los estados de Yucatán, Sonora, San Luis Potosí, Puebla, Oaxaca, Nayarit, Morelos, Jalisco, Guanajuato, Durango, Colima, Chihuahua, Campeche, Querétaro, Quintana Roo, Baja California y Veracruz. Claro, más lo que se acumule.
Lo curioso del caso es que el PRI que hoy promueve las leyes antiaborto, es el mismo partido que se dice defensor del Estado laico —el laicismo no es una ideología, sino el método universalmente reconocido para la convivencia de todas las filosofías y religiones—, adversario de la derecha y sobre todo de la ultraderecha; que defiende la vigencia de las Leyes de Reforma, que detonó la Guerra Cristera y que enarbola las banderas del progresismo.
¿Qué le está pasando al PRI? ¿Está mudando de piel y de ideología? ¿Por qué cuando es presidido por una mujer, el tricolor arremete contra uno de los derechos fundamentales de las mujeres? Las preguntas podrían seguir hasta el infinito. Pero las respuestas se resumen en pocas palabras.
Resulta que en medio de su estrategia para regresar al poder presidencial en 2012, los jefes del PRI —su dirigencia, liderazgos y, sobre todo, sus gobernadores—, literalmente vendieron su alma al diablo. Es decir, pactaron con la ultraderecha el impulso a la contrarreforma del aborto a cambio de apoyo para la elección presidencial de 2012. ¿Y de qué estamos hablando cuando nos referimos a la ultraderecha?
En efecto, de grupos como El Yunque, Muro, DHIAC, y muchos otros que tienen una fuerte presencia entre grupos sociales empresariales de todo el país. Pero sobre todo, el pacto del PRI es con la Iglesia católica, poderoso grupo político que retiró su apoyo al tricolor cuando en 2000 y 2006 apoyó al PAN. ¿Por qué la ultraderecha y la Iglesia han regresado al redil del PRI, redil del que salieron en los 90?
Porque la ultraderecha y los católicos ven mejores condiciones de avance en el PRI de Beatriz Paredes, de Manlio Fabio Beltrones y Enrique Peña Nieto, que en su nicho de origen, el PAN. Se confirma, por si existían dudas, que la ultraderecha y la Iglesia católica son como capitales golondrinos; sólo van por la ganancia.
La gran pregunta es si el PRI calculó los efectos electorales de moverse rumbo a la ultraderecha. Parece que no, y el mejor ejemplo es que el gobernador de Veracruz, Fidel Herrera —incauto, que cree que será candidato presidencial del PRI, a pesar de que representa lo más rancio de ese partido—, decidió recular de la penalización del aborto. ¿Cree Fidel Herrera que alguien le puede creer?
Pero en el fondo no sólo el PRI se ha movido en dirección a la derecha y la ultraderecha. También lo han hecho el PRD, Convergencia y el PT; la llamada izquierda mexicana. Y si alguien lo duda, vale echarle una mirada a sendos informes de los diarios La Razón y Milenio. En los dos casos, se documenta que diputados locales de PRD, PT y Convergencia de 11 de las 17 entidades donde el PRI y el PAN empujaron la reforma antiaborto. Es decir, seis diputados del PRD y PT votaron en cuatro estados la ley antiaborto, en tanto ocho legisladores de Convergencia votaron a favor de esa contrarreforma en seis entidades.
Se confirma, de esa manera, lo que dijimos aquí apenas el pasado 10 de noviembre cuando al referirnos al tema titulamos el Itinerario Político de ese martes de la manera siguiente: “El Yunque, aliado de PRI, PAN y PRD”, lo que motivó malestar —entre otros— de Manuel Barttlet. Lo curioso es que nadie en el PRI ha salido a explicar —no se diga a defender—, lo indefendible; que el PRI tiene un nuevo aliado: la ultraderecha. El nuevo PRI que viene. Al tiempo.
