CNDH: farsa y cuotas de poder
Ricardo Alemán
A nadie importan capacidades y atributos
Puntean Álvarez Icaza y Mauricio Farah
En la elección del nuevo ombudsman nacional, lo que menos importa a los senadores de la República es si los aspirantes conocen del tema, si sus capacidades son las adecuadas, si tienen el mejor proyecto o, en su caso, si debe rediscutirse el tema de las garantías individuales.
En realidad lo que está en juego no es que los mexicanos cuenten con la persona indicada para presidir la CNDH; que los derechos humanos sean una realidad tangible —contante y sonante—, y no sólo un discurso; y tampoco parece importar el fortalecimiento de una instancia como la CNDH, que ha dejado mucho que desear. No, en realidad lo que está en juego son las cuotas de poder.
¡Cuotas! ¿Cuáles cuotas? Las que pasan frente al rostro de los ciudadanos, sin que se percaten de ello.
Cuotas como dos ministros de la Suprema Corte, dos consejeros al IFAI y como la propia presidencia de la CNDH. Antes, el Senado aprobó la designación presidencial del nuevo titular de la PGR, que al final de cuentas terminó en eso, en una nueva cuota. Es decir, que el propuesto por Calderón debió ser consensuado por PRI, PAN y PRD. Al final, Arturo Chávez fue procurador gracias al apoyo del PRI, y en menor medida del PRD. Pero el apoyo no fue gratuito.
Por eso aparece la primera pregunta. ¿Qué le dará el gobierno al PRI, a cambio de palomear a su nuevo procurador? Pero además también debe pagar al PRD. Y ahí “la puerca tuerce el rabo”.
Conocedores del tema dicen que el nuevo presidente de la CNDH es una posición del Estado ya pactada; que el pacto favorece al PRI —ya que la moneda de cambio para palomear al nuevo procurador habría sido esa, la presidencia de la CNDH—, y que sería el tricolor el que llevaría “mano” en la designación del nuevo ombudsman nacional.
En esa lógica, los mismos especialistas dicen que el “delfín” del Revolucionario Institucional en ese pacto sería el ex embajador ante el Vaticano, Javier Moctezuma Barragán, hombre con fuertes vínculos con la derecha católica. Si es cierto el pacto —que sería un acuerdo en favor de mantener a la CNDH como un bastión de la derecha—, entonces sería mentira otro acuerdo. ¿Otro?
Sí, resulta que el PRI y el PRD también habrían pactado que no llegaría a la CNDH “un nuevo representante de la derecha”. Con el acuerdo, tricolores y amarillos mandaron el mensaje a la Corte de que no pasarían el primer filtro los ministros que pretendían brincar a la CNDH. De ser cierto el segundo acuerdo, entonces Moctezuma Barragán no sería más que un bulto destinado al sacrificio.
Pero existe un tercer acuerdo. Sí, que juntos, PRI, PAN y PRD habrían pactado que no dejarían pasar a otro aspirante del “grupo Carpizo”. De ser cierto ese nuevo pacto, el sacrificado sería Luis Raúl González Pérez, y el mismo coletazo dejaría fuera a Raúl Plascencia Villanueva, un eficaz visitador de la CNDH.
En el PRD también existen fobias y filias. Los senadores leales al presidente del Senado, Carlos Navarrete, vetarán todos los vínculos con la señora Rosario Ibarra —motor de la defensa de derechos humanos en México, que a la vuelta del tiempo terminó haciendo todo lo que cuestionó—, y por tanto no dejarán pasar a Patricia Olamendi. Pero los amarillos tampoco palomearán a los aspirantes salidos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos; entre ellos Mauricio Farah Guevara, y Raúl Plascencia.
El de Mauricio Farah es un caso peculiar. Además de su reconocido desempeño en Derechos Humanos, se le acredita amistad con el diputado Pablo Escudero, ex oficial mayor de esa comisión —yerno del poderoso Manlio Fabio Beltrones—, y quien desde las filas del Partido Verde propuso al Congreso reformas a la Ley de la CNDH. Pero Farah tiene frente a sí un muro que parece insalvable.
Resulta que la ex senadora y directora del INM, Cecilia Romero, ha dicho —recio y quedito—, que Mauricio Farah no pasará. ¿Por qué? Porque el ex visitador exhibió de manera pública las graves violaciones de derechos humanos de Migración. Y resulta que Cecilia Romero es “amiguísima” de Calderón. Poca cosa. Pero vale recordar que el presidente Calderón le debe al senador Beltrones el pago por la PGR.
De los más fuertes aspirantes a presidir la Comisión Nacional de los Derechos Humanos —además de Farah—, aparece el ex ombudsman del DF, Emilio Álvarez Icaza, por mucho el aspirante que tiene el mejor proyecto, el más independiente y liberal. Pero Icaza enfrenta también un muro casi insalvable; lo combaten el PAN, la Iglesia católica, la saliente CNDH, el grupo de Carpizo y, por si fuera poco, los radicales del PRD. ¿Por qué tantos lo combaten? Dicen los que saben que está entre los mejores. Pero eso no le importa a nadie. Asistimos a una farsa y a cuotas de poder.
