Itinerario Político

Sindicatos que deben morir

Ricardo Alemán

Ante la eventual disolución de la compañía de Luz y Fuerza, no pocas voces se expresaron contra la idea de que el SME desaparezca. Con razón, reclaman que se aplique la misma medicina a los sindicatos del magisterio, petrolero, minero, del Metro… todos verdaderas lacras sociales

En efecto, esos y muchos otros sindicatos —los universitarios entre ellos— debieran desaparecer. ¿La razón? Que en los hechos se han convertido en lastres sociales, groseros poderes fácticos, monopolios y cuevas de vividores. En su acepción histórica no son más que vulgares paleros de la antidemocracia, el clientelismo y la simulación electoral. Por decir lo menos, claro. Pero existe un pequeño problema.

En realidad, minucia que dificulta la desaparición de los grandes sindicatos corporativos: la incongruencia social y partidista. Es decir, que la izquierda que ayer luchaba contra el “charrismo sindical” y a favor de la democracia sindical hoy tiene en sus filas a los “charros” sindicales y defiende la antidemocracia y el cochinero electoral como el de Martín Esparza en el SME.
Los malquerientes de Felipe Calderón reprochan —con toda razón— la perversa alianza presidencial con el SNTE de la profesora Gordillo. Pero justifican la no menos perversa alianza del PRD con el “charro” de Telmex, Francisco Hernández Juárez; con el “charro” del SME, Martín Esparza; con los “charros” del Metro, de Los Panchos Villa, los Pantera… Muchos ven la alianza perversa en el ojo ajeno, pero no quieren ver el “charro” en el ojo propio.

Quienes han participado en la formación de un sindicato —entre ellos, el autor de este espacio— saben que el sindicalismo, sus históricas batallas y luchas cotidianas son la savia que nutre la organización laboral contra el “charrismo” y el abuso patronal. No se cuestiona la organización laboral y menos al sindicalismo. Lo que resulta insostenible es que una parte de la sociedad y la llamada izquierda defiendan al charrismo, la corrupción, la simulación y la grosera casta divina en que se han convertido esos sindicatos.

La organización sindical es —junto con los derechos fundamentales y las libertades básicas— el motor de la organización social y, al tiempo, la simiente de una institución fundamental en democracia: la opinión pública. Por eso antaño partidos y organizaciones de la llamada izquierda tenían en los sindicatos la puerta de entrada a la cultura democrática. Hoy esa izquierda, igual que la derecha y el PRI son la cueva que alberga a Ali Babá y sus 40 ladrones. Por eso vale la sentencia. ¡El que esté libre de culpa que disuelva al primer sindicato! ¿O no?

¡Comparte la nota!