Itinerario Político

Calderón y Navarrete

Ricardo Alemán

“¡Ese cuate perdió la razón!”, “No tiene ni idea de lo que dice”.

La anterior es una respuesta imaginaria de lo que habría dicho cualquier ciudadano a un político o periodista que el 3 de julio o el 2 de diciembre de 2006 hubiese apostado que tres años después, en septiembre de 2009, se darían la mano en términos republicanos el presidente Calderón y uno de los jefes del PRD.

“Impensable” siquiera el saludo entre el Presidente y un líder del PRD. Pero resulta que la realidad, la terca realidad de la política mexicana, de nueva cuenta superó a la imaginación.
Y en efecto, en la celebración del 162 aniversario de la gesta de los Niños Héroes, intercambiaron saludo y breves palabras el presidente Felipe Calderón y el presidente del Senado, Carlos Navarrete. ¿Y qué pasó luego del saludo de profundo contenido político y responsabilidad republicana?

Nada. No pasó nada —a pesar de los nuevos géneros periodísticos: el odioperiodismo y el periodismo de comedia—; a ninguno le dio tirria y menos se contagió de horroroso virus. Ni Calderón dejó de ser “espurio” ni los perredistas olvidaron la cantaleta del fraude. En todo caso, la novedad es que el tiempo colocó a cada quien en su sitio.

Es decir, una mayoría de líderes, políticos y gobernantes amarillos reconoce al gobierno de Calderón no por razones hepáticas, rencillas, odio o resentimiento políticos. El PRD reconoce la presidencia de Calderón por elemental realismo político. Y es que si nunca nadie probó o documentó el supuesto fraude electoral de 2006, la realidad política confirma a Felipe Calderón como presidente.

Pero más allá del realismo político, ante la crisis económica, política, social y en las instituciones del Estado mexicano —los partidos, entre ellas—, los partidos y sus grupos parlamentarios no pueden seguir en la simulación entre “espurios” y “legítimos”. Y es que sean tricolores, azules o amarillos, todos los partidos, sus legisladores y gobiernos tienen una alta responsabilidad ante la crisis.

Así, cuando Carlos Navarrete acude a eventos republicanos —en tanto presidente del Senado de la República, y primero procedente de llamada izquierda en ocupar ese cargo— que preside Felipe Calderón, no sólo honra la responsabilidad política que le encomendó la representación del pacto federal, sino que cumple con su papel de mandatario.

Es decir, llegó al cargo gracias al voto popular, de los mandantes que son los ciudadanos. Navarrete no es dueño del cargo de senador. Ostenta un encargo de los ciudadanos. Por ello debe responder a los ciudadanos, no a un partido, líder, u ocurrencia epática.

EN EL CAMINO.

Por cierto, ¿por qué nada dicen de los impuestos promovidos por Marcelo? La doble moral.

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