Identificación Partidista

Por Alejandro Pastrana Valls

Durante más de setenta años el Partido Revolucionario Institucional (PRI) mantuvo el dominio político del país, hegemonía política comparable –por su extensión en el tiempo- a los gobiernos comunistas en el Bloque Soviético, al Gran Partido Nacional (o Partido Saenuri) de Corea del Sur y al Kuomintang (o KMT) en Taiwán.
A partir del análisis de las plataformas partidistas, existen dos dimensiones de competencia política en México: ideológica y estratégica. La dimensión ideológica posiciona a los partidos políticos en el espectro ideológico de izquierda a derecha, en donde el PRI se ubica en el centro-derecha, teniendo al Partido Acción Nacional (PAN) a su derecha y al Partido de la Revolución Democrática (PRD) a su izquierda. Sin embargo, las diferencias más importantes, se dan en la dimensión estratégica, la cual distribuye a los partidos políticos de acuerdo a un conjunto de posturas a distintos temas (derechos humanos, judicial, federalismo, derecho al voto, democracia, etc.). En éste, el PRD se coloca como un partido extremista, el PAN es un partido en el centro y está ubicado más cerca del PRI que del PRD (Molinar, 1991; Magaloni, 1995). Esta dimensión es la más importante a la hora de decidir por quién votar (Domínguez y McCann, 1995).
En la literatura del voto, la identificación partidista juega el papel más importante en la decisión del sufragio. La identificación partidista es un apego emocional que desarrollan los individuos con los partidos políticos, estos crecen o se reducen de acuerdo a las evaluaciones políticas o a los resultados electorales a través del tiempo. En el mismo sentido, la identificación partidista matiza la forma en que los ciudadanos perciben, comprenden o entienden los temas políticos dentro de su contexto.
La identificación partidista en México es un tema poco discutido (Estrada, 2005) ya que en muchos casos la simpatía partidista se confunde con la intencionalidad del voto. En los estudios la identificación partidista no es considerada como una variable independiente que pueda explicar la decisión de voto de un ciudadano (Buendía 1995; Buendía 1996; Mercado 1997; Morgenstern and Zechmeister 2001; Zechmeister 2004). En términos empíricos, la correlación observada entre éstas es muy alta (Buendía, 1995); por lo tanto, es vicioso utilizar las dos variables en un modelo estadístico.
Sin embargo, cuando los modelos estadísticos incluyen la variable de identificación partidista (o su rezago), ésta tiene la fuerza explicativa más importante dentro de los modelos (Moreno and Yanner, 1995; Magaloni and Poiré 2003a; Magaloni and Poiré 2003b).
Por otro lado, la identificación partidista también se forma a partir de las percepciones negativas que se tienen de las opciones políticas: por ejemplo, algunos votantes prefieren cualquier otra opción política que votar por un partido determinado. Por lo tanto, se genera una identificación partidista “negativa” hacía ciertas opciones políticas (Rose y Mishler, 1998; Estrada, 2005). En esta lógica, la hostilidad hacia los partidos políticos es utilizada para mejorar las mediciones de identificación partidista (Weisberg, 1980; Crewe, 1980).
En el caso de México, se cree que la ideología política está determinada por la identificación partidista y no por la preferencia en los temas más importantes del país (Estrada, 2005). La controversia en la literatura mexicana se centra en distinguir si la identificación partidista determina el voto o si es en sentido contrario.
La polémica sigue en pie, ¿la identificación partidista es igual a la decisión de voto del elector o ésta tiene un efecto importante, aunque no definitoria en el sufragio? Responder esta pregunta –absurda quizás- es clave para comprender el desarrollo electoral del país. Confirmar que la identificación partidista en México es diferente al voto, genera la información necesaria para atacar desde otra óptica la transición democrática de la nación.
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