“Ay, Rosario, ¿por qué te fuiste?”, expresó Elena Poniatowska Amor durante el homenaje por los 101 años del natalicio de Rosario Castellanos, a quien definió como “la catedral de la literatura mexicana” y una de las voces que han marcado la vida cultural y feminista del país.
Ante una comunidad de intelectuales y artistas chiapanecos avecindados en la CDMX, Poniatowska Amor señaló que si a Castellanos la canonizaran en el Vaticano “nadie se sorprendería”, porque en México ya le han erigido monumentos. “Nos inclinamos ante ella para comulgar con su Oficio de tinieblas, su Poesía no eres tú y su Balún Canán”.
Subrayó que la escritora chiapaneca nunca imaginó que su vida personal y cotidiana atraería los ojos de los lectores ni que sus palabras suscitarían una pasión que la acercaría a las mujeres del siglo XXI y a la eternidad. “Ninguna mujer ha sido tan reconocida como esta chiapaneca que trató a sus lectores como cómplices y los hizo partícipes de sus pequeños desastres y sus sorprendentes alegrías”.
La autora de Hasta no verte Jesús mío recordó que entrevistó a Castellanos en varias ocasiones y que cada vez que la llamaba “me respondía con su voz de campanita en el bosque”. Aquellas entrevistas transcurrieron en la casa de la escritora en Constituyentes, cerca de Los Pinos. “Aunque confesaba que casi nunca salió a caminar bajo los árboles, tenía unos tobillos muy delgados, muy frágiles”.
Mencionó que en una de las habitaciones, la escritora tenía un arpa que trajo de Chiapas, “que esperaba solitaria en un rincón”, aunque “más solitaria se sentía la autora de El eterno femenino”.
“Si Rosario viviera, tendría 101 años, una edad imposible de alcanzar, pero seguramente habría llegado a una serenidad que da la reflexión y el estudio”, añadió.
Obra vigente
Poniatowska Amor resaltó que la obra de Castellanos sigue vigente entre lectores, académicos que eligen estudiar sus textos y universidades que llevan su nombre. “Sigues presente en la vida de México y en las instituciones educativas de Estados Unidos y en la política mexicana que supiste impactar”.
Durante el homenaje, Gabriel Guerra Castellanos, hijo de la escritora, agradeció las evocaciones de Poniatowska, a quien definió como una persona cercana a su familia desde la muerte de su madre. “Elena me abrió las puertas de su casa, me recibió muchas veces después de la muerte de mi madre”.
Recordó la labor educativa y cultural de Castellanos en comunidades de pueblos originarios en la sierra en Chiapas, donde se desempeñó como alfabetizadora del Instituto Nacional Indigenista. Por eso celebró que la primera Universidad Rosario Castellanos se instalara en Comitán, cerca de donde se crió su madre y desarrolló su trabajo social.
“Los recuerdos y las memorias de las personas se pueden conmemorar en estatuas y monumentos, pero si se pueden conmemorar con escuelas, tanto mejor”, dijo Guerra Castellanos.
En su intervención, el gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, sostuvo que la autora de Balún Canán continúa siendo un referente para comprender “la desigualdad, el racismo, la condición de las mujeres, el silencio impuesto a los pueblos originarios”. Expresó que si bien Castellanos caminó sola, “nunca caminó vacía”.
En el evento se presentaron los libros En los labios del viento he de llamarme árbol de muchos pájaros, con un texto de Elena Poniatowska, y Nací de mi sueño: Iconografía, volumen que reúne imágenes inéditas de la escritora provenientes de la Universidad Nacional Autónoma de México, el acervo de la Cancillería y diversas instituciones culturales de Chiapas y el gobierno federal.
“No es un día de luto, es un día de festejo”, dijo Guerra Castellanos, como anticipación a los aplausos, los tamales de chipilín y de elote que cerraron la celebración en memoria de la escritora, que se realizó en la Casa Chiapas, en la colonia Juárez de la Ciudad de México.
Con información de LA JORNADA
