La otra chilenita
Carlos Loret de Mola
Cuando alguien aborda el tema educativo con los actores de poder político, se puede notar en ellos un tono de fiesta. Están felices porque la reforma educativa fue aprobada por los tres principales partidos.
Me recuerdan a la euforia de la Selección Mexicana de futbol tras el espectacular gol de chilenita del viernes, que fue celebrado como si el equipo tricolor no estuviera desempeñando un papel históricamente pobre. La diferencia es que con ese brochazo de genialidad, en un instante, la Selección pudo cambiar su destino. Lo educativo demora años.
El estado de las escuelas en México hace pensar, sí, en una chilenita, en tanto estrepitosa voltereta que culmina con el aporreón de espalda de un duro golpe contra el piso… sólo que sin balón ni pasto para cubrirse de gloria y aterrizar en blandito.
El nuevo estudio (Mal)Gasto, de la organización Mexicanos Primero, demuestra que la reforma educativa no basta. Que nuestro país gasta muchísimo dinero en educación, pero lo gasta mal:
44% de las primarias rurales y 27% de las urbanas no tienen baños. 53% de las preescolares indígenas no tienen servicio de agua. Una de cada cinco escuelas necesita urgentemente mantenimiento.
70% de los directores reporta que la falta de preparación de los maestros de su escuela impide el aprendizaje. Sólo 13% de los maestros del país han aprobado la certificación voluntaria de actualización y el promedio nacional de los educadores en la Evaluación Universal es reprobatorio: 57.2% de aciertos. Ni de panzazo.
59% de las escuelas resultaron reprobadas en la prueba ENLACE 2012, 21% pasaron de panzazo, 18% tuvieron calificación de “bueno” y 2% de “excelente”.
En 2010 y 2011, la Auditoría Superior de la Federación reportó el uso indebido de 25 mil millones de pesos del gasto educativo. Más de ¡3 mil millones de pesos! se pagan ¡cada año! a comisionados (profesores que cobran como tales pero no dan clases) y cúpulas sindicales.
Hoy todavía se desconoce el número real de maestros en el país y las dirigencias sindicales en los estados más atrasados se niegan a permitir el censo de escuelas, maestros y alumnos que por ley ha comenzado a realizar el INEGI.
67% de los directores reportan ausentismo recurrente en su escuela.
Los niños con mayor necesidad van a “no escuelas”, espacios que no tienen el mínimo de material, equipamiento y organización para el aprendizaje.
En resumen, el estudio muestra que el gasto educativo en México es ineficaz, inequitativo, ineficiente, opaco, capturado por las cúpulas sindicales y sometido a la corrupción y el saqueo de las dirigencias gremiales y las autoridades estatales y federales.
Hay dinero, pero se desperdicia. Antes de destinar más recursos de los mexicanos y cobrar a la población más impuestos, valdría la pena frenar las fugas que terminan enriqueciendo los bolsillos de gobernantes y líderes sindicales.
SACIAMORBOS
Algunos gobernadores ya respingan porque no quieren la re-centralización educativa. Temen perder la “caja chica”.
