“Si Marcelo hubiera sido candidato”
Carlos Loret de Mola
Sentado en la comodísima sala de su oficina frente al Zócalo, con una pantalla de plasma enfrente en la que se van cambiando al azar las imágenes de las cámaras de seguridad de los cruces viales más importantes del DF, Marcelo Ebrard escucha unos gritos, se levanta y para asomarse desliza apenas lo suficiente la cortinilla del ventanal blindado de piso a techo en el Palacio del Ayuntamiento. Sin ninguna presión encima, está dedicado a organizar conciertos y contiendas deportivas.
Del otro lado de la ciudad, en el sur, seis amigos casi cuarentones platican durante una fiesta nocturna. Un cirujano, un abogado, un alto ejecutivo, un constructor, un asegurador, un financiero. Una cuba, una Coca Light, dos vodkas, dos whiskys.
Uno votará por Josefina pase lo que pase, otro por Peña Nieto. Uno por López Obrador, pero con tal de que no llegue el PRI, se movería a Vázquez Mota. Hay un josefinista que adelanta que si Andrés Manuel se acerca más al primer lugar votará PRI. La plática es sobre el “voto útil”. El abogado, que está resuelto en favor de Peña, suelta para distender su debate con el antipriísta: “Mi bronca no es con la izquierda, sino con AMLO: si Marcelo hubiera sido candidato, yo votaría por él”. ¡Ah, yo también!, reacción general.
El grupo no es estadísticamente representativo: hombres con posgrado, económicamente desahogados, en el mismo rango de edad y que viven en la capital de este país. Su comentario no es aislado: ante el desencanto con la baraja actual, nace la Marcelo-nostalgia.
El jefe de Gobierno del DF no la tiene tan sencilla como hasta hace unas semanas, cuando López Obrador parecía arrinconado en el tercer lugar de las encuestas. En ese escenario, Marcelo Ebrard estaba llamado a ser el líder de la oposición de una izquierda moderna que se levantaría de los escombros del lopezobradorismo.
Con esa lógica, Ebrard operaba para adoptar el modelo uruguayo de construir un Frente Amplio de Izquierda, en el que todas las corrientes que integran PRD, PT y Movimiento Ciudadano tuvieran algo así como “acciones” (estilo empresa) que les garantizaran una cuota mínima de candidaturas equivalente a su fuerza político-electoral al fundarse el Frente, con una dirigencia rotativa que les garantizara dirigir al grupo al menos durante una temporada. De hecho, la idea del Frente la tenía platicada con Andrés Manuel desde que le cedió el paso a la candidatura presidencial.
Con esa plataforma, y dado que se mantendría como jefe de Gobierno hasta el 5 de diciembre sin competir por ningún cargo de elección popular este 1 de julio, dedicaría el próximo sexenio a hacer campaña por la Presidencia 2018.
Ya no es tan automático. Los nuevos números, de mantenerse, dan a Andrés Manuel combustible para no procesar el relevo generacional con Ebrard. Perspectiva nada sencilla para el mandatario capitalino, sobre todo considerando que no pudo arrebatarle la candidatura presidencial 2012 con todo y que tuvo durante seis años la cobertura mediática y el flujo de dinero que conlleva el cargo de jefe de Gobierno.
SACIAMORBOS
Esta noche Andrés Manuel López Obrador en Tercer Grado.
