Historias de reportero

Mojitos con tequila
Carlos Loret de Mola

El TP-01 con el escudo nacional hasta en los respaldos aterrizó en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana. Como lo marca el protocolo, se adjuntó la escalera, se abrió la escotilla del avión y bajó el presidente de México, Felipe Calderón. Era la mañana del miércoles 11 de abril de este año.
Desde que el entonces presidente Vicente Fox suspendió relaciones con el comandante Fidel Castro durante unos meses en 2004 —el “comes y te vas” fue el inicio, la captura de Carlos Ahumada fue el clímax—, no había una visita de Estado a la isla. Cuando descendió el mandatario mexicano, al pie de la nave lo recibió el viceministro de Relaciones del Exterior de Cuba, Rogelio Sierra, el tercero o cuarto en importancia dentro de la cancillería del régimen de Raúl Castro Ruz.
Esa misma noche, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, terminaba uno más de sus múltiples tratamientos contra el cáncer en Cuba y abordó el avión de la Fuerza Aérea Venezolana para regresar a Caracas. Al José Martí acudió, personalmente, el vicepresidente de Cuba, José Ramón Machado Ventura, el número dos en la estructura gubernamental ¡de toda la nación!, apenas abajo del presidente Raúl Castro.
Para recibir la visita oficial del Presidente de México, un subsecretario de tercera línea de la cancillería. Para despedir tras uno de los muchos viajes de tratamiento al primer mandatario de Venezuela, el brazo derecho del presidente.
La anécdota no viene a cuento para resaltar la obvia amistad extraordinaria y hasta de dependencia entre Cuba y Venezuela —o para ser más exactos, entre los hermanos Castro Ruz y Hugo Chávez—, sino para remarcar cómo México está a mucha distancia de una buena relación con la isla.
Cuando Felipe Calderón llegó a Los Pinos encomendó a su leal canciller, Patricia Espinosa, que recompusiera la relación con la izquierda latinoamericana que estaba herida de muerte por los pleitos hasta públicos de Fox con Chávez, Fidel, Evo y demás. Iban bien las cosas hasta que, durante la crisis sanitaria de la influenza A-H1N1, Cuba anunció que suspendía sus vuelos hacia México y esto enojó muchísimo al premier mexicano, que abandonó la relación bilateral.
Entre los expertos y opinadores hay división: quienes pugnan por mantener el frío hacia un régimen antidemocrático acusado de violar sistemáticamente los derechos humanos y quienes prefieren que cada patria se ocupe de sus asuntos internos y que a nivel gobiernos las cosas fluyan entre sonrisas y abrazos; hay quien dice que México tiene que estar fuerte en Cuba para cuando “caiga” el régimen castrista y señalan como un paso importante en ese sentido el acuerdo energético bilateral firmado en este viaje de Calderón.
El próximo presidente o presidenta de México deberá tomar una decisión o seguir saludando al subsecretario —quien sea— al pie de la escalerilla.
SACIAMORBOS
El representante de una de las casas de inversión más importantes del mundo recomendó en el Foro Económico Mundial, sede Vallarta: invertir en Cuba y Venezuela es un tiro de larga distancia, pero puede funcionar… “eso tiene que cambiar tarde o temprano”.

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