Las grillas del Vaticano
Carlos Loret de Mola
Hace décadas que no se sentía en el Vaticano un ambiente de tantos golpes bajos. Se percibió hasta en México durante la visita de Benedicto XVI.
Aunque son varios los grupos de poder que influyen en la ruta de la Iglesia católica, dos son los que lucen ahora más enfrentados: por un lado, Benedicto XVI y su actual secretario de Estado, Tarcisio Bertone, y por el otro, quien lo antecedió en el cargo, Angelo Sodano.
El cardenal Bertone ha sido por años hombre de todas las confianzas del actual Papa, desde que Joseph Ratzinger fungía como prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe en el gabinete de Juan Pablo II. El entonces cardenal Ratzinger protagonizó enfrentamientos con el cardenal Sodano, quien era número dos del Vaticano (secretario de Estado), al grado que se volvió papa de facto en la época de mayor deterioro en la salud de Karol Wojtila.
Cuando murió el hoy beato Juan Pablo II, los cardenales Ratzinger y Sodano compitieron por la sucesión. El alemán venció al italiano pero le dio una salida elegante: lo mantuvo año y medio en la titularidad de la Secretaría de Estado vaticana para luego aceptarle su renuncia y colocar en su lugar a su incondicional Bertone, quien al no ser diplomático de carrera enfrentó una dura oposición de toda la estructura liderada por Sodano.
Las pugnas sordas se volvieron escandalosas cuando se publicaron declaraciones —supuestamente hechas en una reunión privada con periodistas— del cardenal Christoph Schönborn, considerado por muchos como el “delfín” a quien Benedicto XVI está preparando para sucederlo. En ellas acusaba a Sodano de haber bloqueado durante el papado de Juan Pablo II las investigaciones de Ratzinger contra sacerdotes pederastas, y festejaba la salida de Sodano con una frase: “los días del encubrimiento han terminado”.
Otro episodio de disputa se dio cuando monseñor Carlo María Viganó, secretario del Governatorato (la administración tipo ayuntamiento del Vaticano), denunció internamente corruptelas de funcionarios allegados a Bertone. Viganó fue removido del cargo y enviado como Nuncio Apostólico a Estados Unidos. De eso nada se supo hasta que se filtró una carta en la que Viganó pedía a Benedicto XVI que no lo cambiaran, pues podría malinterpretarse como encubrimiento; el Papa le respondió que se fuera de nuncio, que se lo pedía personalmente. Los bertonistas acusan a los sodanistas de la filtración.
Otra filtración buscó denunciar el porqué de la oposición de Sodano, durante el papado de Juan Pablo II, a que fuera sancionado el padre Maciel: señalaba que Sodano habría dado permisos de construcción de universidades a los Legionarios de Cristo a cambio de que el constructor fuera un sobrino suyo.
Una filtración más, de cartas de los cardenales Bertone y Tettamanzi con Benedicto XVI, evidenció cómo Bertone solía dar órdenes diciendo que venían del Papa cuando éste las desconocía.
Son también políticos, también hombres de poder.
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