“¡De panzazo!” y una historia de pacholas
Carlos Loret de Mola
En primaria me encantaba ir a casa de mi tía Pollo de Irapuato a comer pacholas. Cómo imaginar que esos trozos de carne molida torteada con chorizo y chile marcarían un tramo de mi vida.
En octubre de 2008, los fundadores de la organización Mexicanos Primero me invitaron a comer. Pedí pacholas. Alejandro Ramírez, Claudio González y David Calderón querían convencerme de que en televisión nos ocupáramos más del tema educativo, extraviado en la agenda periodística. ¿Un serial de reportajes especiales? ¿Unas entrevistas? ¿Más cobertura cotidiana? Lo que yo quisiera.
Llevé, como siempre, unas hojas para anotar lo relevante. Los tres fueron inclementes con las cifras: siete de cada 10 niños mexicanos no saben leer ni multiplicar al terminar la secundaria, ocho de cada 10 maestros salen reprobados en sus exámenes, las escuelas privadas están igual de mal que las públicas, la mitad de los estudiantes ya desertaron antes de la prepa, la educación en México no sirve.
Hay pocas cosas en la vida que logran que yo deje de comer una vez que he empezado. Podría contarlas con los dedos de las manos. Las cifras sobre la mala educación en México lo consiguieron. Las pacholas, sus frijoles bayos refritos, la salsa roja, se quedaron de lado y yo, apunte y apunte, como nunca antes en una comida.
¿Reportajes? ¿Entrevistas? ¿Cobertura? No, les reviré: una película. Me vieron desconcertados. El estado de la educación en México es la peor tragedia del país. Es el origen de todos los males. No puede perderse en el maremágnum informativo diario. El expediente amerita marcar un alto en el camino. Además, la investigación académica de David y Claudio, y la experiencia de Cinépolis de Alejandro significaban una combinación difícil de desaprovechar para cualquier reportero.
Confieso que llegué a esa comida con la idea en la cabeza. Me había inspirado ver documentales de colegas reporteros de otras partes del mundo. Estaba seducido por el formato. Me dejaron, como decimos aquí, “el gusanito”.
Al arranque del año marqué a mi entrañable amigo de primaria, reportero también, Mario Gutiérrez Vega, para que se incorporara al equipo y elaboráramos un guión que nos sirviera de ruta para construir una narrativa que hilara los datos duros y les pusiera rostro. Luego, encontrar las historias que le dieran vida a la película.
Con esa base, y con la confianza que me dieron los involucrados para escoger director —sobra precisar que yo, de cine, sigo sin saber nada—, invitamos a Juan Carlos Rulfo, hijo del magno escritor Juan Rulfo y aclamado en el género del documental.
Tres años y medio después de aquella comida, ¡De panzazo! está lista. Mañana se estrena en cines. Ya me urge llevar a mi tía Pollo a verla y, si se quiere ver guapa, que me invite unas pacholas… como en la primaria.
SACIAMORBOS
(¡Errata atribuible a la desconcentración!) Los detenidos en Venezuela como secuestradores del embajador mexicano NO son quienes lo plagiaron.
