Jorge Montaño
La estridencia y el mal gusto fueron los sellos distintivos del gobierno foxista, abusando de una frescura provinciana devenida en chabacanería. Su inexperiencia, explicable en el ámbito interno, fue motivo de sorpresa e irritación en el exterior. Dilapidaron capital político en actuaciones fallidas producto de vanidades descontroladas. El jefe del Estado se elevó fuera del alcance de los profesionales para atender corazonadas o consejos sin fundamento. Los desencuentros se multiplicaron al regirse bajo los dictados de la euforia o de una mal entendida conveniencia de conquistar la difícil sede en el Potomac. Por si fuera poco, se permitió el abuso generalizado de los medios de comunicación, sin atender las reglas elementales de la discreción, en especial en los quehaceres internacionales. El resultado fue devastador para la imagen externa del país.
En contraste, recientemente ha habido una actividad silenciosa que empieza a rendir frutos, aunque tratando de superar excesos del pasado, se ha creado un cerco informativo inaccesible, aislamiento que termina en que sólo el titular del Ejecutivo habla con los medios. Esta decisión genera actitudes autistas de varios miembros del gabinete que esconden su inexperiencia en la veda mediática, obligando al ciudadano a usar la deducción, nutrida por rumores o datos aislados. El prurito de eliminar el desorden fue bien recibido, pero empieza a causar estragos ante hechos incontrovertibles donde la filtración de datos es tan magra, que no alcanza a aportar elementos sólidos sobre la certeza de la conducción.
Las visitas exitosas de Lula y Kirchner abrieron los divanes, permitiendo a la opinión pública reconocer que no fueron resultado de la ocurrencia, sino producto de una tarea bien construida aunque excesivamente oculta. Es de llamar la atención que no obstante la diferencia de marbete ideológico de los mandatarios, los encuentros estuvieron marcados por un pragmatismo entendible en lo comercial y loable en lo político. La candidatura mexicana al Consejo de Seguridad, por ejemplo, sirvió para discutir arreglos regionales de representación en ese organismo que no se agotaron en la aspiración brasileña de una membresía permanente, sino que apuntaron a fórmulas imaginativas de coparticipación.
La distensión con Caracas y La Habana empezó a tomar forma. En este caso, la designación de un embajador con cercanía a Los Pinos y contra lo que imagina el simplismo desinformado, muy bien apreciado por los cubanos fue un acierto. Nadie espera que sea la fórmula mágica, ya que hay un lastre a superar, después un sexenio de empeños por atropellar una relación histórica. La astucia de Chávez se confirmó con el envío de un profesional de trayectoria cercana a México, que contribuirá a atemperar diferencias, elevando a principio básico el respeto al derecho a disentir.
El reencuentro con cuatro gobiernos que constituyen una muestra representativa de la realidad latinoamericana, es alentador a pesar de los misterios que antecedieron estos hechos. Atinadamente, México rechazó mediaciones innecesarias, ya que el peso específico de su política exterior, a pesar de lo ocurrido, aún merece reconocimiento en el sur de la región. Adicionalmente, debe recordarse la tarea de acercamiento ya realizada con Centroamérica, donde es esencial aterrizar los contactos con algo más que comunicados conjuntos.
Los temas de migración, intercambio comercial y asistencia técnica tienen posibilidades de fructificar con una eficaz conducción mexicana. Con urgencia, deben reactivarse las fórmulas de coordinación para fortalecer una estrategia común frente a la cerrazón del Congreso estadounidense a una reforma migratoria. Los brotes racistas se han multiplicado en autoridades de poblaciones medianas y pequeñas con graves consecuencias, principalmente para connacionales y centroamericanos.
Otra víctima de los susurros informativos fue el despegue del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, donde la diplomacia nacional evitó que sucumbiera este esfuerzo en manos de los ultras. En efecto, los esfuerzos puritanos de los occidentales y las reacciones de los acusados históricos se neutralizaron con un activismo de corrientes moderadas capaces de crear espacios de negociación, permitiendo que este esfuerzo imperfecto de la comunidad de naciones no cediera ante presiones extremistas, lo que deberá ser confirmado por un trabajo político de los mismos actores en la próxima asamblea de Naciones Unidas. Los hechos son elocuentes y desde luego al menos en el ámbito externo, no justifican el secretismo.
jmontano@asan.com.mx
Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales
