Javier Yau Dorry /ASICh
Aún sumidos en el desencanto que arroja la lectura de la política actual centrada en una lucha electoral de mercenarios, la desdibujada y maniquea representación de la izquierda chiapaneca guarda luto a uno de los pocos referentes que encarno la ideología del socialismo revolucionario.
El fallecimiento del Doctor Gilberto Gómez Maza, un personaje destacado en las diferentes pistas del circo de la vida (al que él hacía referencia en su discurso), no solo es un suceso que marca la conclusión de una brillante historia personal y profesional, sino que su influencia en el mundo de las conciencias irreverentes e inconformes, con el predominante sistema de vida basado en la iniquidad, injusticia y desigualdad, induce a un reencuentro para honrar sus restos antes de que el fatuo fuego transformé estos en cenizas.
Y a más de uno de estos irreverentes, además del sentimiento de tristeza y pena de este suceso, lo provocara a la reflexión en torno al motivo que nos condujo a creer en la democracia como vía para acceder al poder y vivir en sociedad. En aquella democracia en que el deber ser se plantea como una forma de gobierno que favorece la convivencia pacífica de la pluralidad y las diferentes posturas políticas.
Sin embargo, hoy en día se asume una concepción política errónea sustentada en el antagonismo que plantea la exigencia de confrontar enemigos reales o ficticios (los buenos enfrentados a los malos es el juego democrático que Bovero denomina la democracia de las apariencias) Esta concepción que justifica la maniquea división del mundo establecida por Bush entre los defensores de la democracia y los terroristas como un artificio que emplea EEUU para hacer la guerra.
En este sentido, los ideales de la democracia están truncados ante los grandes problemas de nuestro tiempo, la guerra y la miseria. Y que me llevó a plantear en mi ensayo “La democracia truncada” cuestiones como: ¿Una rebelión radical seria el acto histórico libre por medio del cual la humanidad se libera de la dinámica negativa del progreso y de una fallida democracia? ¿Hay aún alguna ilusión colectiva de emancipación humana en un contexto histórico, donde las mafias políticas que detentan el poder han truncado el proceso democrático? ¿Todavía hay espacios de participación ciudadana genuina en esta democracia truncada por un autoritarismo que ha conducido a imponer en los partidos políticos a sus candidatos a elección popular, así como a hacer uso de los recursos públicos para estructurar y movilizar nichos electorales institucionales? En consecuencia ¿Es posible aún la reconstrucción de una esperanza democrática que visualice una sociedad libre y justa?
En este marco en que parece pérdida toda esperanza, una pregunta que permea mi reflexión plantea ¿Qué ocurrió con el curso de la democratización en nuestro país? Así, habría que intentar entender qué desacreditó la denominada transición democrática que abrumó el último cuarto del siglo XX al México moderno. Recordemos que el reparto efectivo del poder era la evidencia del avance democrático, que las diversas opciones organizativas tenían espacio en la arena electoral y que el sufragio era un instrumento de cambio real.
En esta tesitura, ¿Qué desvirtuó, aquello que Woldenberg considero los aspectos más representativos de la transición referido a, el respeto al voto, la limpieza de los comicios, la apertura a las diversas opciones organizativas y las reformas electorales? Acaso, la vía electoral, que fue punto de referencia para la conquista de una de las aspiraciones políticas de los mexicanos: la democracia, nos ha sido arrebatada por la tradición autoritaria.
Ahora bien, en un año en que la mitad de las entidades federativas entraron en un juego electoral al arbitrio de las históricas familias políticas, así como a la ineludible negociación con las mafias vinculadas al poder del dinero, es pertinente y hasta inevitable repensar a fondo ¿Qué sentido y significado le otorga el pueblo al truncado sistema democrático mexicano?, ¿En este contexto de dominación y autoritarismo, donde está excluido el ciudadano común, es viable pensar en ampliar un marco de libertades y de crítica, no solo para imaginar que la comunicación y el acuerdo de los actores políticos, la ciudadanía y los gobernantes conduzcan a erradicar el autoritarismo, sino también a posibilitar el ejercicio de los derechos que conlleva una democracia genuina?
Y, finalmente, ese sueño de muchos que creyeron en la democracia, como Gómez Maza y muchos más de conciencia revolucionaria que se nos adelantaron, puede ser una realidad, ¿Es posible que nuestra convivencia cotidiana, como mundo vital despojada de lo irracional y la barbarie, implique una participación legítima de los gobernados en la acción de gobierno y en la vida pública, que en consecuencia signifique, para todas y todos, una buena forma de vivir en sociedad? (yau_5@hotmail.com).
PD: Maestro y amigo Gilberto (D.E.P). Honorable luchador de mil batallas, tu estela permanecerá por siempre en la conciencia de los chiapanecos. Espero que algún día podamos reencontrarnos para continuar degustando del debate y la crítica, esencias de la conciencia y transformación revolucionaria. ASICh
