Fichero Político

Angel Mario Ksheratto

Vigente, la violencia contra mujeres

Los que pronuncian los respectivos discursos, chocan con las estadísticas (o sencillamente, las ignoran) y los que hacen las estadísticas, simplemente, se desapegan de la realidad. Es como el juego del gato y el ratón teniendo como invitado al perro bravucón. En el discurso se dice que la violencia contra las mujeres, ha sido erradicada, como si se tratase de un decreto milagroso que con solo ser pronunciado, cambiaría de tajo y de fondo a los violentos.
Las estadísticas exhiben cifras que, de acuerdo al interés de cada quien, suelen ser exageradamente infladas o generosamente minimizadas. La realidad, en cambio, no se mueve; permanece a la espera de una visión más amplia y voces menos indecorosas que la presenten sin estímulos más allá de libertinajes innecesarios.
Así, el afamado Día Internacional de la no Violencia contra las Mujeres, es solo un rito más que se cumple sin compromisos no expectativas, como muchas otras conmemoraciones que se celebran y que al final, son burdos pretextos para gastar dinero o para llamar la atención. Porque en los hechos, la violencia contra las mujeres, sigue su camino sin sobresaltos y sin que nada suceda con los golpeadores que, en gran número, gozan de influencias, usufructúan el poder, poseen riquezas o simplemente, aprovechan la generosidad de la corrupción.
Desde que en Chiapas se empezó a hablar del tema, decenas, cientos de mujeres han sido víctimas de abuso físico por parte de sus parejas, por ejemplo. O son víctimas de acoso sexual y laboral por parte de patrones, jefes o compañeros de trabajo y todo queda en perfecta impunidad. Acaso se sanciona a uno que otro, solo para tapar el ojo al macho. De ahí, la mayoría queda en la oscuridad de un sistema alcahuete y renuente a cumplir lo estipulado en la ley.
La respuesta que en corto dan algunas autoridades es que el asunto se sale de toda posibilidad de aplicar la ley. “Si castigáramos a cada hombre que le pega a su mujer —recién me dijo un funcionario de la Procuraduría— el 90 por ciento de la población varonil estaría en la cárcel; eso, evidentemente, paralizaría a todo el estado, a todo el país. No hay barraco que no le pegue a su mujer. Hasta yo le daría sus cachetadas a mi vieja si se me pone al tú por tú.”
En ese contexto, la cosa es sumamente grave. Según éste mismo funcionario, las demandas interpuestas son tantas, que muchas veces, deciden archivarlas o sencillamente, se “aconseja” a las víctimas a tomar otras medidas, dejando sin efecto la aplicación de las leyes en vigor.
Aunque debemos decirlo con franqueza, las estadísticas son poco fiables, éstas esbozan la crudeza de la situación. En lo que va del año, van 86 muertes violentas de mujeres; de éstas, 46 están tipificadas como feminicidios. El año pasado, se contabilizaron 97 asesinatos, sin que se sepa cuántos fueron turnados al área de feminicidios.
En cuanto al avance en las investigaciones, se está aún en pañales. Apenas ocho sentencias se han logrado de 183 casos reportados. Treinta están en proceso, de los cuales, poco se ha reportado a la opinión pública, lo que hace suponer que no llevan las de ganar. Si nos atenemos a la proclividad a los reflectores de la Procuraduría, el silencio es acusador.
Como quiera que sea, la violencia contra las mujeres sigue siendo un asunto no resuelto, con todo y que los discursos sean adornados hasta con lechugas y cebollas moradas.
Es un tema en el que se debe seguir trabajando. Sin aspavientos ni falsas glorias. Se debe hacer con honestidad y sobre todo, reconociendo las fallas que han hecho que no se avance como se debe. La falta de resultados no puede ni debe ocultarse, puesto que con ello, no se logra más que el descrédito de las instituciones.
Por lo pronto, se debe hacer consciencia entre la población y se debe trabajar en conjunto. Lanzar los tañidos al aire sin que se tenga fecha precisa de la fiesta, es como cantar loas al rey sordo. Seriedad y responsabilidad, ante todo. Lo demás, sí, es bonito. Oír grandilocuentes discursos alimenta la esperanza, pero mata a la realidad.

Tarjetero

*** Por cierto, la violencia contra las mujeres, no solo proviene de maridos celosos. También tiene sus raíces también en el ámbito laboral. Apenas ayer trascendió que un funcionario de la Secretaría de Hacienda, haciendo uso de su cargo, acosa laboral y sexualmente a una empleada a quien finalmente, exigió su renuncia. Se trata de José Antonio Calderón Beylán, subsecretario de Ingresos de esa dependencia. Éste sujeto, con un historial negro en las administraciones de Mario Marín (el “Gober Precioso”) exgobernador de Puebla y corrido de la administración de Javier Duarte de Veracruz por el escándalo de los “Gastos de Notificación”, pidió favores sexuales a una dama y como ésta no cedió, empezó con el acoso laboral y finalmente, le exigió su renuncia. Ayer, precisamente, la víctima de éste tipo, pudo haber presentado pruebas de los abusos de Calderón Beylán al gobernador Velasco Coello. Habrá qué estar pendientes de lo que resulte. Ahora nos preguntamos si será cierto que no se permitirá absolutamente ningún abuso contra las mujeres. Es la prueba de fuego. *** Por cierto, la diputada Mirna Camacho, presentó una iniciativa para que en adelante, se tenga un historial de violencia contra las mujeres para que, en caso que una de éstas, en legítima defensa lesione o quite la vida a su agresor, tenga atenuantes a la hora de una posible sentencia. De hecho, la legítima defensa está plasmada en el Código Penal. Lo que debería adecuarse es lo relacionado con el procedimiento penal y además, obligar la capacitación de ministerios públicos y jueces en materia de derechos de las mujeres. Todavía está en prisión aquella mujer que por defender a su hija de cinco años que era violada por el dueño de la casa donde rentaba, mató indirectamente al agresor. La “legítima defensa” se desvaneció porque la mujer trabajaba de prostituta. Hay mucho por hacer todavía. *** ¡Qué vergüenza! Senadores y diputados, haciendo el ridículo en uno de los canales de televisión más idiotizante y con el personaje de la más baja estofa. Entendemos que ese es su nivel cultural, que esa es la estatura de su visión, pero no aceptamos que lo hagan en aras de ayudar a esa empresa a lucrar con el dolor de los demás. Lo más vergonzante es que demostraron ser todavía más pencos de lo que creíamos, eran. Eso sí, albureros, que es lo único que saben hacer… Y mal. *** Luego nos leemos.
amksheratto@hotmail.com

¡Comparte la nota!