Fichero Político

Angel Mario Ksheratto

Entre la compasión y la desconfianza

Como noticia, no pudo dar para más: un solitario ladrón y una cajera sin el menor signo de seguridad. El lugar del fallido atraco, una farmacia de la cadena de establecimientos que en cada milímetro libre de la ciudad, ponen una venta de medicinas. El acusado, según las notas periodísticas, esperó a que la cajera quedase sola para llevar a cabo su plan; entró, tomó unas cuantas cosas y salió corriendo.
Atrás suyo, la cajera. Le persiguió por varias cuadras hasta que le dio alcance y lo tiró al suelo, arrebatándole lo hurtado. Como anécdota de barrio, se antoja sabrosa. Pero en una ciudad donde hace algunos años se podía dormir con las puertas abiertas, es alarmante que el índice de asaltos crezca desmesuradamente, muy a pesar que organismos “internacionales” —o quizá debamos decir, “supuestos organismos”— han otorgado altas calificaciones a las autoridades, precisamente en el tema de seguridad.
Tuxtla Gutiérrez, según la propaganda oficial, está entre las ciudades más seguras del mundo, solo atrás de algunos conglomerados europeos y una villa canadiense. Por supuesto, tal certificación ha inflado el ego de las autoridades municipales, lo que, todo así lo indica, les ha llenado de confianza extrema, rayana en la indiferencia y la negligencia.
Hace unos años apenas, cierto es que se vivía en santa paz. Nadie tocaba lo ajeno. Innegable aquellos pleitos rutinarios, los de cantina o los derivados de los celos entre parejas. Eran, por decirlo de forma elegante, “normales” las riñas callejeras que surgían entre borrachines que al otro día, buscaban afanosamente la forma de enmendar el yerro.
Los “cadeneros” que operaban en pleno Parque Central o los mercados del centro de la ciudad, estaban plenamente identificados. Se sabía que actuaban en contubernio con algunos policías corruptos. Lo “cacos”, buscaban horas solitarias y oscuras para meterse a una casa y robar sin hacer daño a nadie. ¡Vaya! Hasta podría decirse que había cierto toque de decencia.
Hoy, por desgracia, el grado de violencia con que actúan los ladrones es impredecible. Lo mismo se es asaltado en cualquier calle de una colonia marginal, que enfrente de la alcaldía municipal, cuyo edificio, está rodeado de policías. Es alto el riesgo de salir con una puñalada, un balazo, un garrotazo, o con un ataúd como última muda de ropa.
Lo del fallido asalto a una farmacia, ya es cotidiano. Tocó en suerte a la cajera que el ladrón, era inexperto; de lo contrario, quizá el fin de la historia fuera trágica. Versiones hay que éste, robó por necesidad. No se ha dicho si lo sustraído eran medicinas u otros objetos vanos.
Lo que sí se sabe es que directivos del establecimiento y empleados, optaron por dejar libre al ladrón, con tan solo la advertencia de no volver a hacerlo. Compasión humana, si se quiere llamarle así. Pero en el fondo, la sugerencia de éstos va en contrasentido de la tantas veces manoseada cuestión de la procuración de justicia.
Los mismos medios que hicieron pública la noticia del frustrado asalto, especificaron que la determinación de dejar libre al caco, fue para evitar engorrosos trámites judiciales. Tuvieron y tienen razón. El tortuguismo, la ineficacia y la prepotencia de los empleados de la Procuraduría y el sin fin de “fiscalías”, son insultantes.
Hace unas semanas, una amiga mía fue brutalmente golpeada por su separado esposo y la madre de éste. Acudió a la Fiscalía llamada “de protección a la mujer” y no fue atendida sino hasta el día siguiente, tras pasar la noche sentada en una silla. Para cuando fue atendida (casi a las 11 de la mañana, desde las 10 de la noche anterior) le dieron trato de criminal. El despechado marido ya había interpuesto una demanda en contra de ella por “acoso”, robo y amenazas. Por poco queda detenida.
La enviaron a un examen legista y uno tóxico. No podrían levantar ni siquiera un acta administrativa, hasta no tener los resultados del legista; recién se lo entregaron, junto con un citatorio para que, a la semana siguiente, se presente a un examen físico para certificar las lesiones. ¡Para entonces ya habían desaparecido los moretones que tenía en todo el cuerpo! En el tóxico, ¡salió positiva! Y ni siquiera fuma, ni ingiere bebidas embriagantes.
Otro ciudadano fue víctima de robo en su casa. Los ladrones se llevaron 15 mil pesos en efectivo, joyas, aparatos eléctricos y ropa. Le exigieron que presentase pruebas si el dinero robado, en efecto, era suyo y si lo había ganado de manera lícita. Y le amenazaron: Si no demuestra la procedencia legal de los bienes robados, se le puede procesar por operación de recursos de origen ilícito y posesión de objetos robados.
Podríamos llenar miles y miles de cuartillas de ejemplos sobre la fallida procuración de justicia. La gente, ante esa terrible situación, prefiere no denunciar. Corre el riesgo de pasar de víctima a victimario. Es muy fácil que ello ocurra en Chiapas.
O sencillamente, recorrer un viacrucis interminable, sin que al final, obtenga justicia. Mientras, la inseguridad campea, especialmente en las ciudades más grandes de Chiapas. Cierto es que la violencia no proviene del crimen organizado, ni la tenemos, por fortuna, como en otras partes del país, pero ante la falta de estrategias, cualquiera toma un cuchillo y se va a asaltar al primero que se le pone enfrente.
Y todo, porque no hay formas de prevención y mucho menos, voluntad para procurar justicia. Ese es el fuerte de los criminales. Saben que nada les pasará; están seguros de la impunidad. Tienen claro que hay una notoria incapacidad para meterlos en cintura. Desgraciadamente, la compasión es preferible a la confianza en las autoridades.

Tarjetero

*** Que ya habrán vuelos desde el DF hasta la Ciudad de Guatemala, con escala en Tapachula. Eso viene a fortalecer no solo los lazos de amistad, sino al comercio, el turismo y la cultura entre ambos países. *** Manuel Gómez Morín, recibió ayer la Medalla “Belisario Domínguez Palencia”. Gómez Morín fue fundador del PAN. Por cierto, muy buen discurso el de Roberto Albores Gleason, presidente de la Comisión de dicha Medalla en el Senado de la República. *** El alcalde de Pueblo Nuevo, metió a la cárcel a unos niños que pedían calabacita, el día de muertos. El hecho se volvió viral en las redes sociales y no es para menos, pese a que intentó desmentir el hecho. Para nadie es secreto que el edil, es un tipo intolerante, déspota y capaz de cometer esa y otras tropelías. Se espera que se le castigue por ese abuso. ¿Lo harán? *** Michoacán, se debate entre la violencia y la ausencia de autoridad moral del gobierno. Los expertos creen que, de no actuar en breve, las cosas podrían irse muy lejos. *** Luego nos leemos.
amksheratto@hotmail.com

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