Angel Mario Ksheratto
Trabajar, no callar
Nadie está pidiendo a las iglesias, callar ante la crisis moral por la que atraviesa el país tras la aprobación de los matrimonios entre homosexuales y la posibilidad que éstos adopten hijos. Lo que una buena parte de la sociedad y los Medios de Comunicación esperan es, una actitud congruente con las consecuencias de los actos pasados que poco a poco, fueron degenerando a miles de jóvenes que hoy, en un osado reto a la sociedad y a Dios mismo, expresan sentimientos que escandalizan a las iglesias. Si éstos están cometiendo pecados capitales, es decisión muy suya, puesto que el libre albedrío les asiste desde la perspectiva que se le quiera ver. La obligación de todos es respetar sus determinaciones y si se quiere hacerles reconvenir, lo recomendable es trazar planes de rescate moral y religioso, antes que condenarlos y dictarles sentencias que solo a Dios corresponde.
Hace unos días, como siempre lo hago, leí con suma atención un artículo firmado por el señor Obispo de San Cristóbal de las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel; en éste, reconoce con serenidad y valentía, los yerros de las distintas denominaciones clericales que han llevado a la sociedad a la situación que hoy prevalece y que ha sido reforzada con medidas oportunistas de plitiqueros inescrupulosos.
Dice el señor Arizmendi Esquivel que tanto los escándalos del clero como las desviaciones de algunos pastores, han comprometido el papel de la Iglesia en la sociedad. Eso es absolutamente cierto, irrebatible.
Me sorprendió gratamente que el prelado católico, en lugar de aventar encendidas y aventuradas condenas contra quienes dan a su cuerpo un uso distinto al que Dios ordenó desde la creación del hombre, llama a la reflexión de las causas por las que muchos jóvenes se han salido de los planes de Dios y la doctrina cristiana. Y hace un reconocimiento que debería ponernos a pensar seriamente en nuestra condición de “cristianos”: en efecto, como dice el Obispo, somos mayoritariamente “cristianos”. Algunos, de la iglesia Católica, otros, de la Evangélica o protestante. Los valores éticos y morales que en ambas ramas del cristianismo se enseñan, por lo visto, han sido severamente trastocados… Y nadie con carácter de dirigente religioso, se ha preocupado en serio para recuperarlos y volverlos a poner en la lista de sermones.
La recuperación de éstos, no pasa o no debería pasar por condenas exageradas y discursos desentonados y muchas veces, cargados de rencores, odios y fobias. Personalmente, celebro la sapiencia del Obispo de San Cristóbal; si el resto de dirigentes de las Iglesias actuasen como él y procurasen sembrar armonía en un tema que, francamente, a ellos se les salió de las manos, tendríamos un país tolerante y no uno confrontado por ideas que nos alejan más de la Iglesia.
Ayer, por ejemplo, el Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo Primado de México, se quejó acremente de las críticas que muchos ciudadanos y generadores de opinión pública han hecho ante la -esa sí- intolerancia de la Iglesia ante la decisión de quienes han decidido unirse en matrimonio o adoptar hijos, aún cuando pudiera ser “antinatural”, según la postura del clero. Ribera aseguró que los Medios han sido intolerantes ante la postura suya; pero, como la parábola dada a conocer por Jesucristo, solo ve la paja en el ojo de su hermano y no la viga en el suyo. Intolerancia es condenar sin tener la suficiente solvencia moral para hacerlo; intolerancia es no admitir los errores cuando éstos están a la vista de todos.
De ahí que el artículo del señor Obispo de San Cristóbal, es contundentemente acertado; no vemos en él, homofobia; a todo esto, debemos decir entonces, que no todo está podrido, que no todos los dirigentes religiosos están dentro de la mecánica de la sentencia burda.
Nadie, entonces, está pidiendo a la Iglesia que calle; por el contrario, que abra la boca y suelte palabras sensatas, palabras de dignidad para quienes, por angas o por mangas, se han distraído de los ordenamientos divinos. La otra vez propuse en torno al mismo asunto, que en lugar de criticar con violencia y condenar sin sustento moral, las Iglesias deberían iniciar campañas de evangelización para que los que ahora están fuera del redil, regresen, puesto que una de las condiciones para la salvación del alma, según las Escrituras, es el arrepentimiento. ¿Cómo lograr que ésta gente se arrepienta si por delante van condenas severas? ¿Dónde quedó la recomendación de Jesucristo de transmitir la Palabra de Dios con amor? ¿Dónde está la caridad? Las Iglesias tienen mucha tarea por delante. La homofobia, guárdenla para condenar a los clérigos que desde dentro de las iglesias, abusan de niños y adolecentes.
Tarjetero
*** El Gobierno del Estado, consciente de la crítica situación provocada por el intenso frío de la temporada, se ha dado a la tarea de repartir toda clase de cobertores para que la gente no pase penurias. Buena medida, sin duda, pues no debemos olvidar que aún en Tuxtla Gutiérrez, hay colonias donde la pobreza es impresionante. Y ha sido el mismo gobernador Juan Sabines Guerrero, quien encabeza las maratónicas faenas de entrega de suministros contra el mal clima. *** Que ya podrán atracar barcos cargueros en Puerto Chiapas. Vamos mejorando. *** Que ya chocó el primer “Conebus”. Era de esperarse, pues los mismos cafres que manejaban las destartaladas combis de las rutas 1 y 2, son los que ahora llevan estos enormes ataúdes rodantes. Antes que las cosas empeoren, sería buena una nueva revisión del personal, no vaya a resultar peor la medicina que la enfermedad. *** Luego nos leemos.
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