Angel Mario Ksheratto
Trinqueteros irredentos
Los tres personajes volvieron a usar la camiseta tricolor para amparar una reyerta que nada tiene de jurídico y poco de legal; los tres estaban totalmente fuera de las filas del PRI por razones que todos conocen: deslealtad y ausencia de compromiso social. Más allá de eso, aflora la ambición, la avaricia y el deseo de ser protagonistas de una historia repetida que ellos mismos alguna vez pusieron en escena, embarazados de cinismo, ése cinismo que ahora endilgan sin asomo de vergüenza a otros que tampoco son merecedores de un aplauso, por raquítico que sea. Walter León Montoya, Carlos Mario Culebro Velasco y Roberto de los Santos Hernández, de pronto descubrieron vocaciones perdidas en la soberbia del poder añejo, el poder que se ha alejado por siempre y que ahora añoran como desaforados.
Como tributeros de cantina, soltaron dardos mal dirigidos y estacionaron ideas mal paridas. “Juicio político”, alegan en defensa de quienes no les han pedido cobijo. A los diputados, dicen ellos, les viene bien. Al gobernador, lo analizaron antes de su berrinche, no le viene el guante pero igual, decidieron aventurarse al escándalo público con tal de lograr un pedazo de pastel. Es su forma de atraer concesiones de transporte, cuotas de poder que les deje ganancias más allá de su ahora inusitado interés por la “legalidad”. Detrás de ellos, el político avezado de siempre, el que tira la piedra, esconde la mano y si le apetece, corre para no ser visto en medio de la trifulca.
Pulpo del transporte, evasor de impuestos y defraudador de las leyes hacendarias, León Montoya volvió a caer en la trampa de siempre, ésa que sus patrocinadores le hacen creer que es su tabla de navegación en el centro de la tormenta política a la que lo arrastran para acusar dolores de cabeza al sistema. Investigado por asuntos poco transparentes en el manejo de sus empresas, todas construidas al amparo de chantajes políticos, de pronto se ve en una revuelta de ideas sin sentido, que pretenden disfrazarse de estrategias para llevar al estado de calamidad a un gobierno que no se dejó llevar por sus intenciones de negocios turbios. “Juicio político”, dicen y repiten una y otra vez. A su lado, el ex diputado Carlos Mario Culebro, echado del PRI por razones escandalosas y precisamente, por haber incurrido en tiempos idos, en actos como los ahora reclamados. Un Roberto de los Santos con cara de haber echado en el olvido colectivo su pasado porril en la CTM de Tapachula, también se regodea con la nueva aventura. Lanzan consignas, amenazas y vuelven a insistir en el tema. Escandalizan, como lo haría Bernardino, “el Tepo”, en cualquier taberna de barrio bajo. Gozan el momento, pero…
No aportan nada. Puede ser que exista por ahí, en algún recoveco, la forma de dar cuerpo a su pretensión pero ellos no la han encontrado. No la buscaron. Carecen de capacidad para analizar un asunto legal y jurídico; cuando ostentaron una curul, nunca supieron siquiera cuántos artículos tiene la Constitución y ahora, se asumen como “constitucionalistas”. ¿Han puesto sobre la mesa los artículos violados? ¿Han presentado argumentos válidos y contundentes que nos hagan pensar que están, por lo menos, con apego a cordura? De oídas, ninguna protesta puede ser sostenida. Insisto: puede que tengan derecho a brincotear, pero no la razón necesaria para hacernos creer que encabezan un movimiento de altura.
Para exigir un derecho, dice una máxima filosófica, debe no haberse pisoteado el derecho de nadie. Y si recordamos, Walter, en años pasados, pisoteó el derecho de los chiapanecos cuando aprobó leyes contrarias al interés nacional, desde el Congreso de la Unión; Carlos Mario, hizo lo mismo e incluso, pisoteó el de miles de priístas cuando se negaba a dejar la dirigencia de ese partido, una vez que se comprobó que había actuado con dolo contra éstos y Roberto de los Santos, pisoteó los derechos de cientos de cetemistas a los que obligó a aceptarlo como “dirigente”. ¿Priístas? Eso sigue en tela de juicio.
Habrá qué esperar los días que vienen. Mientras el trío arriba mencionado no se despoje de su pasado vergonzante, no podrán ser tomados en serio. No, a menos que sus financiadores estén dispuestos a llevar el capricho a consecuencias nefastas, como las que en otras ocasiones han alcanzado, a costa del martirio de chiapanecos inocentes. ¿Cuándo aprenderán que Chiapas ya no es rehén de politiqueros sin oficio? ¿Hasta cuándo se enterarán que los tiempos en que muchos se hicieron millonarios a base de chantajes han quedado atrás? Ojalá y lo entiendan a tiempo y no después de haber arrastrado a otras víctimas al matadero. Porque ellos, con su lana, se quedan durmiendo a pierna suelta, pero las víctimas y sus familias, quedan en el desamparo.
Tarjetero
*** Según las aprobaciones del Senado de la República de ayer, suben de precio la cerveza, el tabaco y los juegos. Ni modos, con que no se metan con la canasta básica, que es lo que a la sociedad le afecta de manera directa y brutal. *** Hasta donde se sabe, el proceso contra Pablo Salazar, lleva buen camino; nomás que por ahí, uno que otro aliado con cierto poder, trata de obstaculizar las investigaciones. Por lo pronto, se dice que en el Distrito Federal, “asesora” a algunos de los diputados federales chiapanecos que logró imponer. De ahí que en breve, se cree, salte una liebre grande. *** Luego nos leemos.
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