Fichero Político

Angel Mario Ksheratto

¿Emergencias o interrogatorios?

-¿Cuál es su emergencia? ¿Me da su nombre por favor? ¿De qué número me habla? ¿Cuál es su ubicación? ¿Es usted familiar del accidentado? ¿Usted iba manejando? ¿Cuál es el nombre del conductor? ¿Cuántos lesionados hay?…
-Señorita, no es momento para interrogatorios absurdos; le ruego que despache una ambulancia y una patrulla porque ha habido un accidente, hay una persona lesionada y quiere fugarse.

-Sí pero debe darme su nombre primero…

-¿Sabe qué? ¡Váyase a la chingada usted y su programa de emergencia!

Antes de ésa lamentable conversación con el servicio de emergencia municipal llamado “Atención Ciudadana”, tuve qué escuchar un promocional oficial, de esos en los que se exaltan los trabajos del Ayuntamiento. ¡Por favor! Es un programa de E-MER-GEN-CI-AS no de propaganda. Los expertos en accidentes viales aseguran que unos segundos son vitales para quienes resultan lesionados y en éste caso, se pierde cerca de un minuto entre el comercial y una grabación que dice: “Estamos procesando su llamada, espere un momento por favor”… Ésta grabación a veces, se repite hasta tres veces, antes que alguien se tome la molesta atribución de hacer un largo cuestionamiento, mientras las víctimas mueren. En el 066 de Seguridad Pública, las cosas no son distintas. Muchas veces, no contestan la llamada (como ocurrió esa noche de fin de semana) y cuando por un milagro ocurre, hay qué aguantar la ola de preguntas.

Se entiende, insisto, que es para emergencias y por tanto, debe haber personal capacitado que atienda de inmediato. Es entendible que haya casos de bromistas que hagan llamados falsos, pero creo que los prioritario para el personal de esas oficinas, debe ser despachar primero las unidades de apoyo y posteriormente, tomar los datos del solicitante. Además, estoy seguro que ahí, debe haber un identificador de llamadas y en caso de una broma, están en capacidad de rastrear al bromista y eso sí, darle un castigo ejemplar para que no juegue con esos servicios que, en otras partes, son respetables.

Esa noche, para cuando se apareció, ¡por casualidad!, la primer patrulla de Tránsito Municipal, el conductor del vehículo accidentado, ya se había ido con un taxista que, aprovechando la circunstancia, le insistió en “pelarse” debido a que el chofer (un muchachito de unos 19 años) iba en total estado de ebriedad. Pasó casi media hora y ninguna ambulancia se apareció por el lugar. ¿Y sabe qué? En las narices de los policías (ya había de Seguridad Pública y Tránsito Municipal) dos taxistas estaban cargando con todo lo que podían. Con otros curiosos, tuvimos la misma idea: “son taxistas vigilantes”. Esa es una lamentable maña que se tiene cuando hay accidentes; muchos llegan solo a ver qué se roban de las víctimas. Vergonzante. Triste. Lamentable.

Hace unos meses, el alcalde capitalino, Jaime Vals Esponda, nos mostró con marcado orgullo y satisfacción el equipo de vigilancia y emergencias que tiene el Ayuntamiento; todo de primer mundo: tecnología de punta, pues. Entonces, ya con otras experiencias de interrogatorios absurdos, largos y ociosos, le planteé al edil la necesidad de eliminar los interrogatorios y atender la emergencia. Nos respondió que ahí, no había interrogatorios. Y le creo, porque es un hombre de pocas palabras, pero contundentes y ciertas. ¿Qué es lo que sucede entonces? Que hay personal que ignora las órdenes del alcalde y se toma atribuciones que no solo molestan a las personas que tienen la buena fe de ayudar a otras, sino que atentan contra la vida de las víctimas, quienes pueden morir en esos valiosos segundos que se pierden en propaganda, preguntas tontas y grabaciones inapropiadas. Una emergencia es una emergencia, no un confesionario. Repito que el programa de seguridad municipal, es excelente, pero creo que debe haber mayor capacitación a los operadores de éste y una mejor concientización de sus actos, pues de su rapidez o tardanza, dependen muchas vidas. ¿Qué haría éste personal si tuviese qué asistir a un voluntario -vía telefónica- que trata de mantener con vida a un accidentado? Júrelo que no están capacitados para ello.

En lo personal, creo que el programa de seguridad es bueno; lo malo es la gente que ahí labora. Ojalá, el señor alcalde, que me parece una gente bienintencionada sobre ese tema, ordene una revisión a fondo y procure un replanteamiento del asunto para que podamos gozar de un servicio a la altura de nuestras necesidades. En cuanto a los otros servicios (el de Seguridad Pública, la Cruz Roja y las policías estatales, municipales y federales) también debe haber un cambio necesario y urgente. Por cierto, esa misma noche, un extraño accidente ocurrió en el kilómetro 130+800 de la carretera Tuxtla-Cintalapa. Un automóvil Jetta, color rojo, aparentemente con mucho tiempo abandonado, apareció empotrado en una piedra, sin haberse encontrado a nadie dentro, según los policías estatales que lo custodiaban y que nos contaron que ellos escucharon el estruendo y corrieron a ver. Cuando llegaron, ya no había nadie; ¿cómo llegó hasta ahí? ¿Quién lo manejaba? ¿Iba en una nodriza y se cayó sin que el conductor de ésta se haya dado cuenta? Lo cierto es que como a la hora que volvimos a pasar por el lugar, de regreso de Coita, estaba llegando la primer patrulla de la Policía Federal. Tardanza acostumbrada. Esos son los servicios de emergencia. Esperemos que le pongan mayor atención. Es lo menos que pueden hacer.

Tarjetero

*** El “privado” ya tiene defensores. ¡Y qué defensa! *** Que ya todo está en su marco normal; eso es bueno porque significa que la sospechosa emergencia calderonista pasó a mejor vida. Lo grave es que dejó secuelas difíciles de superar en corto tiempo. La pregunta es cómo y cuándo saldremos del hoyo en que quedamos. *** Que el Congreso está vacío de diputados… ¿Alguna vez han ido a trabajar? Lo cierto es que el Congreso es solo la “casa de citas” de los señores que cobran por levantar el dedo. Así que no nos extrañemos. *** Luego nos leemos.

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