Angel Mario Ksheratto
El país de los escándalos
A ciencia cierta, nadie puede revelar quién inauguró el largo ciclo de escándalos que poco a poco, se convirtieron en la base moral de la clase política mexicana; hay quiénes dicen que fue la única conquistadora que ha vivido en el país (la famosísima Malinche, acusada por el flamígero dedo de la historia de haber dado agua de toloache a Hernán Cortés, cuyas posteriores revelaciones cimbraron las almohadillas que sostenían la parte baja de la espalda de su majestad, la entonces Reina de España), quien armó el primer aquelarre para enojo de los suyos y algarabía de los venidos del otro lado del mar. Lo único cierto es que hoy, los escándalos son la esencia de los políticos, el elixir que hace de la vida común de cualquier compatriota, más ligera, pero más atolondrada. En los últimos 30 años de historia, ha habido más escándalos políticos que aciertos en las administraciones gubernamentales. Los más recientes y tronantes empezaron con el fraude que elevó al cargo de Presidente de la República a Carlos Salinas de Gortari, a quien empieza a cerrársele el círculo de ignominia, curiosamente, por el mismo hombre que lo designó sucesor y ahora se muestra “arrepentido”. Desde la detención de la Quina, pasando por el Chupacabras hasta los asesinatos de Luís Donaldo Colosio y Mario Ruiz Massieu, Salinas no estuvo alejado de escándalos y sospechas. Su sucesor emergente, Ernesto Zedillo Ponce de León, siguió la tradición con detenciones de antología, invenciones y escándalos privados que hicieron de su vida privada, un chiste de mal gusto que le obligó a reconocer públicamente algunos pormenores de su matrimonio. En su mandato, no pudo estar ausente la familia de su predecesor, pues encerró a Raúl, el hermano mayor de los Salinas de Gortari y al exgobernador de Quintana Roo.
Con Vicente Fox, los escándalos no pararon; Martha, su concubina oficial, la más socorrida, junto con sus hijos y los brujos que le acompañaban a todas partes. En política, ni se diga; hasta Castro y Bush fueron blancos perfectos para las mamarrachadas presidenciales que dieron la vuelta al mundo. Algunos benefician a Fox con la conmiseración derivada de la ignorancia nata del expresidente. Llegó Calderón y las cosas no cambiaron un ápice. Empezó su sexenio con el pié izquierdo, pues a hurtadillas tomó protesta como Presidente y de ahí para el real, los escándalos no lo han dejado solo; hay quiénes dicen que es su única compañía y no les falta razón. Las excesivas medidas ante una contingencia sanitaria que no termina de ser identificada, le han otorgado escándalos cada vez más allá de nuestras fronteras. Ala par de las bataholas presidenciales, surgieron, desde Fox, los videoescándalos de Ahumada, los berrinches de Andrés Manuel López Obrador, la corrupción de colaboradores cercanos de éste último y la implicación en complots reales y ficticios, de decenas de personajes “ilustres” de la política actual.
Como en circo romano, el mismo Carlos Ahumada, abrió la función hace un par de semanas cuando hizo público un libro mediante el cual, acusa a medio mundo de haber hecho negocios sucios con él, para evitar que López Obrador llegase a la Presidencia de la República; todos le han desmentido, pero nadie (ni el propio Ahumada) han presentado evidencias de culpabilidad ó inocencia. No se había agotado el tema Ahumada, cuando apareció Roberto Madrazo, excandidato presidencial priísta, con otra sarta de acusaciones, confesiones de parte y señalamientos que obligaron a dejar de lado la cantaleta de la influenza porcina. Madrazo, exgobernador de Tabasco, asegura que Vicente Fox y Ernesto Zedillo habrían pactado con el narco, declaración que desató a todos los demonios del infierno en que se ha convertido México.
Para cerrar el círculo, un disminuido Miguel de la Madrid Hurtado, también expresidente de la República, salió con el cuento chino de la familia Salinas de Gortari, en una entrevista radiofónica. Ahí, acusó a Carlos Salinas de corrupto y a su hermano Raúl (según Carlos Ahumada, liberado en el sexenio de Fox luego de una negociación con los videoescándalos que implicaban a López Obrador), de haber sido enlace oficial con los narcotraficantes, cuyos nombres parece olvidar a propósito el exmandatario. Así, los escándalos transcurren, como si fueran parte sustancial del modo de hacer política en un país que se desangra, se muere lentamente ó por lo menos, se aísla para no padecer en la calle, el efecto de una bala perdida o la consecuencia de un secuestro. Si son ajustes de cuentas entre políticos, venganzas o preparación del terreno electoral para el 2012, a nosotros no debería importarnos, pero sucede que mientras los políticos se rompen las medias y demás ropa íntima en sus arrebatos arrabaleros, la sociedad cae en depresiones más profundas que, como el magma volcánico, en cualquier momento podría explotar en nuestras narices. ¿Qué ganamos con tanto escándalo? ¿Cómo fortalecer al país de esa forma? Quién sabe.
Tarjetero
*** La falta de arraigo, inteligencia y creatividad, ha llevado a algunos candidatos a cambiar la escritura de sus nombres ó apodos. Por ejemplo, “Chunco”, es una palabra que en Chiapas, se utiliza para señalar al hijo más pequeño de una familia. El “Benjamin”, pues. Y se escribe así, con “c” y no con “k”. Paco, es en cierto modo, el diminutivo del propio Francisco. También se escribe con “c” y no con “k”. ¿Faltas de ortografía? ¿Mercadotecnia de aldea olvidada? ¡Por favor! Hay que ser serios. ¿Acaso se avergüenzan de sus raíces y pretenden tapar el ojo al macho? *** Un tal Amín ya empezó a quejarse de ciertas brutalidades de un delegado de tránsito en Huixtla. Poquísima memoria de éste candidato, pues él mismo, hizo lo propio cuando el PRI estaba en el poder. Ni a quién irle. *** Ya cayeron varios funcionarios municipales acusados de fraude. La pregunta es: ¿Cuándo caerá Pablo Salazar? ¿Cuándo varios actuales alcaldes que se vienen despachando con la cuchara grande? *** Luego nos leemos.
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