Angel Mario Ksheratto
Los crímenes pablistas
El juicio de las instituciones, apenas empieza; tuvo qué adelantarse el de la historia y la sociedad para saber a ciencia cierta el nombre de los muertos, víctimas necesarias para una dictadura que se soñó eterna y creyó que el tiempo les sería suficiente para esconderse de la verdad que los persiguió desde que decidieron asaltar a los chiapanecos. Contundentes los resultados periciales, convincente la declaración de quien se dice, fue quien jaló el gatillo para privar de la vida a un supuesto delincuente; según las declaraciones oficiales, antes, durante y después de haber ejecutado extraoficialmente a Miguel Ángel Rodríguez Cruz, Milton Escobar Castillejos, entonces subprocurador de justicia, estuvo presente, lo que lo convierte en cómplice directo de un crimen que retrata fielmente el carácter de la dictadura pablista, cuyo cimiento se montó en tareas de corrupción y abusos. Si las autoridades encargadas de llevar a los Tribunales a los ejecutores de la tiranía han hablado con claridad, debemos entender que el entonces procurador general, Mariano Herrán Salvatti, es también responsable directo del asesinato del presunto secuestrador, toda vez que fue él quien proporcionó el arma a Edilberto Fernández Ruiz. Es obvio que el testimonio de éste, es determinante, contundente, creíble. De ahí que la puerta de salida para los rufianes involucrados en ése y otros crímenes, se cierra cada vez más herméticamente y, a menos que las “negociaciones políticas” que pretende Pablo Abner Salazar desde la incomodidad de la semiclandestinidad, den uno que otro fruto, podrían salir bien liberados, lo que sin duda, sería un duro golpe para las instituciones y una ofensa para los chiapanecos que durante seis años, vivieron bajo la bota opresora de una pandilla de delincuentes.
Con el giro que han tomado las investigaciones en torno a Milton Escibar Castillejos, es de suponerse que habrá de recibir una condena justa; es decir, deberá recibir el castigo que a cualquier criminal de su denominación, se la impone desde el juzgado correspondiente. El temor recurrente es que, debido a que posterior a ese crimen fue premiado con la presidencia del Supremo Tribunal de Justicia durante la dictadura, trabajen todavía algunos jueces de consigna que fueron utilizados por éstos para castigar a los opositores de aquel mal gobierno y sean éstos quienes tomen en sus manos el caso y, eventualmente, lo declaren absuelto. Sabemos del compromiso del actual presidente del Poder Judicial con la justicia; eso nos alienta a pensar que habrá equilibrio, sensatez, cordura pero también, rectitud, honradez y valentía categórica para hacer prevalecer el estado de derecho, perdido durante ésos aciagos años de maldad y odio. En ese sentido, confiemos en que los hombres que juzguen a los prevaricadores, estén libres de todo ligamento con esa temible banda y hagan renacer la esperanza de todos en esa noble institución que tuvo la desgracia de ser “presidida” por un criminal. La justicia, dicen los sabios, tarda, pero llega.
Trágica negligencia
El fin de semana pasado, la carretera Tuxtla-Cintalapa, se tiñó de sangre; otra vez, autobuses de pasajeros los protagonistas de un accidente que nos recuerda la negligencia de muchos: empresarios, conductores, autoridades. Pese a que dichos autobuses tienen un presunto control de velocidad, los conductores omiten los límites y conducen a velocidades verdaderamente alarmantes; muchos manejan, por órdenes de la empresa, tramos más allá de los que humanamente es posible aguantar. Conozco empresas dedicadas a prestar ése servicio al turismo y se que a los conductores, los obligan a hacer los recorridos lo más rápido posible para poder rentar las unidades a otros grupos. Y cuando hablo de autoridades, me refiero a las famosas policías de caminos, cuyos agentes están más dedicados a retener a inmigrantes ilegales para extorsionarlos, que a prevenir a los conductores sobre los límites de velocidad y otras obligaciones de los choferes. Si usted viaja, por ejemplo, por la carretera de la Costa, va a encontrar que en los puestos de revisión de la PFP, están estacionadas las patrullas; es raro encontrarse con una de éstas en el camino y si por desgracia la encuentra, es seguro que por cualquier nimiedad, lo entretengan mientras encuentran el pretexto perfecto para sacarle unos billetes. No ignoramos que los asaltos en esa zona, se dan a diario. ¿Por qué? Por que la PFP, sencillamente se hace la desentendida. Ya no hablemos de los límites de velocidad, que es lo que menos ven. Por otro lado, hay grandes tramos carreteros donde no ni una sola señal, y si las hay, no dude que no corresponden a esa carretera. Ahí debe haber mano dura contra los verdaderos responsables; porque hasta ahora, no hemos oído nada del seguro del viajero para las víctimas del percance del fin de semana pasado. No hemos visto que las empresas involucradas, atiendan como es debido a las familias de estos. Ha sido el gobierno sabinista, siempre noble y generoso, el que ha dado la cara. Algo debe hacerse ahí. Algo.
Tarjetero
*** La escuela “Belisario Domínguez” (o “Niños Héroes”) de Tapachula, es un verdadero peligro para los estudiantes: está a punto de caerse debido a su mal estado. ¿Qué esperan para componerla? ¿Qué mueran algunos niños aplastados? Como ésa escuela, hay muchas más. *** Fiesta hizo el inútil presidente de la CEDH por unos aparatitos que compró, según, para grabar sus propios programas de TV. Mientras, cientos de quejas están sin ser vistas, especialmente las que han interpuesto contra sus anteriores jefes de la dictadura pablista. *** José Alfredo Sánchez Díaz, funcionario municipal ha sido puesto en evidencia por su esposa, quien se queja de maltrato físico y sicológico. Quesque el tipo es influyente por eso no le aplican el nuevo Código Penal. ¿Acaso hay privilegiados? ¿Se unirá a los tres “ídolos” de la patada futbolera que han sido acusados ante el MP por golpear a sus mujeres? Creemos que ya no habrá influyentismo. Creemos. Solo eso. Creemos. *** Luego nos leemos.
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