Fichero Político

Angel Mario Ksheratto

Irresponsabilidad inaudita

En la vida hay qué saber ser agradecido; más, cuando en las necesidades más apremiantes, surgen personas que sin interés de ninguna clase, tienden la mano amiga y entregan todo lo que pueden para no dejar desamparado a nadie. Sucedió el fin de semana pasado. Un grupo de periodistas de Guatemala, que ingresó al país en calidad de “invitados” a un recorrido por varios estados de la República, fue irresponsablemente abandonado en el Distrito Federal por el organizador del engaño. Desde el miércoles por la noche, la colega chapina Mirja de León, se puso en contacto conmigo para solicitar apoyo ante la serie de vejaciones que padecían; luego lo hizo la periodista cacahoateca, Estrella Trujillo. Ambas lloraron durante la conversación telefónica. Les sugerí que regresaran a Tuxtla Gutiérrez y una vez aquí, veríamos la forma de ayudarles a regresar a Guatemala. Llevaban días sin comer. “Dos o tres tortillas con un pedacito de pollo fue todo lo que comimos desde que estuvimos en Veracruz”, contó un catedrático de la Universidad San Carlos de Guatemala. Aún así, viajaron a Puebla y el Distrito Federal; allá se agudizaron las agresiones verbales y la falta de hospedaje y alimentos. Sin consultar a nadie -aseguraron los colegas- Sergio Marín, el organizador del fracasado evento, pidió a la empresa transportista que los condujera a La Mesilla, por la carretera fronteriza. Llevaban ya, más de 15 horas sin probar bocado. Al llegar a San Cristóbal, cumplieron 22 horas de hambre. Descubrieron el embuste cuando estaban por llegar a Ocosingo; el chofer del autobús, tomó la carretera de Palenque a San Cristóbal de las Casas y no la fronteriza que entronca con la carretera que conduce a La Mesilla. En Ocosingo, el hambre, sueño, desesperación y miedo, obligó a los periodistas a pedir explicaciones al chofer del camión. Ahí se aparcaron; zona inhóspita, de alto riesgo, no podemos soslayarlo. Fue el pretexto para que Marín Ortega, amenazase con demandar a los colegas guatemaltecos por el “secuestro” del camión.

No suelo picar pleito entre pares. Soy enemigo de la confrontación; me gusta sí, el debate de ideas, el análisis de propuestas. Me gusta la unidad. Pero ahora, la circunstancia obliga a ser claro, preciso, contundente y quizá hasta duro. Obliga porque Sergio Marín Ortega, incurrió en una serie de actos que lesionan los derechos de los periodistas y nos pone, a los comunicadores chiapanecos, en una posición incómoda, molesta. De por sí, tenemos mala fama. Desgraciadamente. De siempre le decía a Marín Ortega que organizase bien sus eventos; que fuera responsable, que no trajera a los compañeros a pasar hambre. Nunca hizo caso. Sin ánimo de parecerme al Buen Samaritano, en varias ocasiones me tocó rescatar a los colegas de Chiapas y Guatemala, que Sergio dejaba abandonados. Mi buena amiga y colega, Arlet Aguilar, el buen Gonzalo Núñez, mi excelente amigo y periodista Juan Carlos Rivera Gramajo, de Guatemala y otros más, no me dejarán mentir. No busco loas ni agradecimientos por ello; solo quiero contextualizar el asunto. Ésta vez, Sergio Marín se pasó de la raya. Y se pasó por partida doble: en el grupo venía un alto funcionario del Ministerio de Cultura de Guatemala, el alcalde de la ciudad de Tecpán, un funcionario de Turismo, catedráticos de la USAC, estudiantes de esa misma universidad, funcionarios del Ministerio de Gobernación y periodistas. Una falta de respeto absoluta, que derriba cualquier argumento y explicación de Sergio. Él me habló la noche del sábado para dos cosas: Primero, pedirme que interviniese ante los militantes de la ARRPRECH para revertir la determinación que ya habían tomado en el sentido de desconocerle como presidente de esa organización, acción que, con toda la pena del mundo, aplaudo porque no podemos, los periodistas chiapanecos, seguir siendo víctimas de nosotros mismos. Segundo, para exigirme la ubicación de los colegas chapines en Tuxtla Gutiérrez. En el primer caso, le respondí que respeto plenamente la decisión que los militantes de ARRPRECH y dada mi posición como presidente del FREPECH, no debo inmiscuirme en asuntos internos de otra organización. En lo segundo, me negué rotundamente a decirle dónde estaban descansando nuestros colegas. Ninguno de los argumentos que esa noche me presentó en su descargo, fueron coherentes. Estando en San Cristóbal de las Casas donde recibimos a los periodistas abandonados, dijo que estaba entrando en esa ciudad y quería entablar un diálogo con ellos. Se lo dijo a Víctor Mejía. Mintió. Dos horas después, supimos que todavía venía por Cosamaloapan, Veracruz. Al otro día, convocó a una conferencia de prensa; a unos dijo que sería en Tuxtla y a otros, los convocó a San Cristóbal de las Casas.

Escribí al principio que hay que ser agradecidos. En ese tenor, debemos agradecer a Neptalí Flores Archila, quien generosamente nos dio casi todo su hotel para hospedar a los colegas, sin cobrarnos un centavo; el diputado Emilio Salazar, el Fiscal Ignacio Soberano y el diputado Vielma, quienes nos tendieron la mano para rescatar a los amigos en problemas. A COCOSO, que nos dio un camión para trasladarlos a la frontera. Sin siglas de por medio, Arlet Aguilar Molina, Gonzalo Núñez León, Ruperto Portela Alvarado, Víctor Mejía Alejandre, Alonso Interiano, Lucero Hernández, Sergio Melgar de ARRPRECH; René Delios y Alfonso Carbonell del FREPECH, nos unimos para ayudar. Hubo otros colegas de distintas organizaciones e independientes, que llamaron para solidarizarse con la gente de Guatemala y ofrecer su apoyo. A los colegas y autoridades guatemaltecas que sufrieron la condenable agresión, ofrecemos una disculpa pública. No han sido los chiapanecos quienes cometieron la insensatez que generó una crisis lamentable; fue uno solo y ha sido ya, sancionado por su organización. El resto de explicaciones sobre el financiamiento de ese fracasado viaje, deberá darlas Sergio Marín, a su Asamblea General. Por último, debo disculparme con la señora Ana María de la Cruz Morales, con quien el fin de semana teníamos un compromiso de trabajo que debí incumplir. Está pendiente, no cancelado.

Tarjetero

*** Luego nos leemos.

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