Angel Mario Ksheratto
¿Venganza? ¡Ja!
A raíz de la detención del exfiscal Mariano Herrán Salvatti, hemos venido escuchando la retahíla de argumentos por parte de los defensores de la cruel dictadura que encabezó Pablo Abner Salazar; el más utilizado es el de una supuesta venganza, cuyas derivaciones son totalmente inciertas y razonablemente, carentes de fundamento. En sus alegatos (algunos subidos de tono y otros, absurdamente vulgares) los defensores de la tiranía, contraponen los conceptos, enredan las evidencias y confunden los hechos, de tal manera que se reducen a simples defensores de lo indefendible y en el peor de los casos, terminan admitiendo el peso de la justicia sobre un caso que, evidentemente, tiene sus propias características. Se acusa a las autoridades de promover una venganza contra el exdictador y sus secuaces; ¿bajo qué criterio un gobierno, obligado a garantizar el buen manejo de los recursos públicos, tendría interés en infligir un castigo inapropiado a quien no ha cumplido con el estatuto de mantener la honradez sobre los bienes de la sociedad?
Imponer la categoría de “venganza” a un acto estrictamente apegado a la legalidad y bajo la exacta escrupulosidad de la justicia, dicen los filósofos y expertos en efectos sociales, es victimizar al sujeto activo de un acto contrario a la moral o que ha cometido delitos de lesa humanidad. Es decir, quienes pretenden catalogar como “venganza” el acto de justicia contra Mariano Herrán, buscan exonerarle, extrajudicialmente, de los delitos que hasta ahora ha probado el Ministerio Público y que derivaron en su detención y reclusión. Confunden “justicia” con “venganza”, lo cual, implica criminalizar al Estado, desproteger a la sociedad y elevar a rango de “mártir” a quien ha cometido crímenes contra la población. Los mismos defensores de Mariano Herrán Salvatti parecen estar de acuerdo en el hecho que éste incurrió en faltas graves que el Estatuto de Roma y la Corte Penal Internacional reconocen como delitos de lesa humanidad. Estos son: asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento forzoso, encarcelación, tortura, violación, prostitución forzada, esterilización forzada, persecución por motivos políticos, religiosos, ideológicos, raciales, étnicos u otros definidos expresamente, desaparición forzada, secuestro o cualesquiera actos inhumanos que causen graves sufrimientos o atenten contra la salud mental o física de quien los sufre, siempre que dichas conductas se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque. ¿Cuántos de esos delitos se cometieron al amparo de leyes condicionadas que entonces crearon Pablo Abner y Mariano para esconder sus atrocidades? Evidentemente, agraviaron, lastimaron y ofendieron a la sociedad en su conjunto.
Curiosamente, los pocos defensores de la atroz dictadura pablista, festinaron las acciones legales que en su momento, se llevaron a cabo contra Augusto Pinochet, el exdictador chileno; dijeron entonces que se hacía justicia. Y es que entre aquella brutal dictadura y la pablista, no hay demasiada distancia. Deploran la justicia que se aplica en Chiapas y olvidan a la población que sufrió ataques sistemáticos por parte de los ahora perseguidos por la ley. Olvidan que la justicia es el bien común de toda sociedad y que solo a través de ésta, los pueblos se desarrollan y vencen sus dificultades. Olvidan que hay reglas y normas, aplicables con certeza y equidad y que, en todo caso, quien las infrinja, tiene obligación de pagar por ello. Olvidan que a los chiapanecos les pertenece, por derecho propio, la determinación de vivir en un estado de orden, respeto, seguridad y legalidad. Olvidan que la justicia es libertad, paz, democracia, tolerancia. ¿Estuvieron esos factores presentes durante la dictadura de Pablo Abner y su pandilla de delincuentes? ¿Hubo paz? ¿Hubo democracia? ¿Hubo tolerancia? ¿Hubo libertad?
Vemos entonces que el argumento mediante el cual se intenta victimizar al victimario, es endeble, fútil, carente de sentido y veracidad. Más aún, carece de verdad, lógica y justicia. Pareciera que prevalecen los intereses anodinos por sobre la razón de un pueblo que padeció meses y años de incertidumbre y persecución. ¿Cómo exigir justicia si ante ésta se anteponen criterios absurdos? Imposible de comprender.
Tarjetero
*** Otra vez, el Hospital de Especialidades Pediátricas anuncia paro laboral. Las razones siguen siendo las mismas: mal trato por parte de José Luís Peñaloza Santíes, cuyo mérito para estar en ese cargo fue que le dio cobijo al exdictador Pablo Abner en Puebla, cuando fingió estudiar derecho. Decimos fingió porque de todos es conocido que el exdictador nunca se tituló. Pues bien, en agradecimiento por haber sido su mecenas estudiantil, Peñaloza fue traído a Chiapas, donde ha cometido cualquier cantidad de barbaridades que le han ido perdonando. Los empleados de ese nosocomio se queja de amenazas diversas, lo cual no dudamos, dado el carácter prepotente del galeno, a quien se le relaciona con actos de corrupción en esa dependencia. A ver si ya le alcanza el brazo de la justicia. *** Otro colectivo vuelve a causar la muerte de un ciudadano. Nadie los para. Les tienen miedo o reciben, las autoridades encargadas de velar por el bien de los usuarios, su dinerito para hacerse de la vista gorda. Lo último es lo más seguro. *** David Tovilla, el “Vocero Mudo” de la exdictadura, prepara el nuevo libelo mediante el cual intentarán denostar a los que siempre se opusieron a la intolerancia de Pablo Abner. Por cierto, ¿qué hay del fraude que cometió en COCOSO? Estaremos pendientes. *** Que viene más dura la crisis económica, ha admitido el presidente calderón. ¿No que solo era una gripita? Como que ya va siendo hora que internen al país en área de terapia intensiva. *** Eso de los retenes en el boulevard Tuxtla-Chiapa de Corzo en horas pico, empieza a molestar a la ciudadanía. Está bien que brinden seguridad, pero hay que usar la cabeza y no perjudicar a la clase trabajadora y estudiantes que tienen que esperar horas para poder pasar la revisión. *** Luego nos leemos.
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