Fallece Samuel Ruiz García defensor de los indígenas

Pedro Heriberto Velasco Castañeda /ASICh

San Cristóbal de las Casas.- Al concluir este día su historia terrenal y pasar a la vida eterna, en la que siempre creyó, Samuel Ruiz García deja tras 73 años de relación con la fe que lo llevó a convertirse en un personaje central de la historia del catolicismo en el país, durante la segunda mitad del siglo XX.
Nacido el 3 de noviembre de 1924, en Irapuato, Guanajuato, Ruiz García ingresó al seminario de León a los 13 años, en lo que fue el primero de varios escaños que escaló hasta convertirse en el máximo referente de la relación de la Iglesia Católica y los pueblos indígenas en Latinoamérica.

Tras convencerse de que el sendero del catolicismo era también el suyo, Ruiz García fue enviado a los 23 años a Roma (1947) para emprender estudios especializados en Sagrada Escritura, en la Pontificia Universidad Gregoriana y en el Instituto Bíblico, obteniendo el doctorado correspondiente.

De 1952 a 1959 fue profesor, prefecto de estudios y rector del seminario de León, fue nombrado obispo de Chiapas el 14 de noviembre de 1959 por el Papa Juan XXIII y consagrado en la Catedral de San Cristóbal de las Casas el 25 de enero de 1960, siendo el obispo número 25 de esta diócesis.

Participó en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II, de 1962 a 1965, posteriormente presidió, en la Conferencia Episcopal de México, la Comisión para Indígenas, infundiendo un espíritu renovador a la pastoral de las etnias.

En 1968 participó en la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Celam), en Medellín, Colombia, como ponente y fue elegido presidente de su departamento de Misiones, al que competía la pastoral indígena.

En 1970 Ruiz García convocó y presidió el ‘Encuentro de Xicotepec’, que dio un giro a la pastoral indígena.

En ese entonces se pronunció a favor de que esa instancia deje de ser una pastoral indigenista en la que los autóctonos sólo sean objetos o destinatarios de la evangelización y de la pastoral, para que ellos crezcan y sean sujetos en la Iglesia y en la sociedad.

En 1974, el gobierno estatal le confió la realización del Congreso Indígena, en que las diferentes etnias de Chiapas dieron su palabra y demandaron sus derechos.

Un año después, convocó la primera de las asambleas diocesanas, que se han desarrollado sin interrupción hasta la fecha.

En este mismo año inició la promoción del diaconado permanente sobre todo entre los indígenas, como una forma de que la Iglesia se encarne y crezca en estas culturas, al término de su servicio en mayo de 2000 había 341 diáconos permanentes.

Desde 1982 hasta 1995 impulsó la atención a los refugiados que habían huido de Guatemala por la guerra en ese país, en 1993, publicó su carta pastoral ‘En esta Hora de Gracia’, en donde advertía la gravedad de las injusticias contra los indígenas.

De 1994 a 1998 sirvió como mediador en el conflicto entre el Ejército Zapatista y el gobierno federal, fundando la Comisión Nacional para la Intermediación (Conai) en octubre de 1994.

Dentro de esta problemática, el 16 de febrero de 1995 también participó en la firma de los ‘Acuerdos de San Andrés’ en los que se abogaba por un nuevo marco de vida para la población indígena, el cuál nunca se concretó.

El 20 de julio de 1994, convocó al III Sínodo Diocesano, que se inició en forma solemne el 25 de enero de 1995 y se clausuró el 3 de noviembre de 1999, día en que cumplió 75 años de edad.

En esa fecha, fiel a lo prescrito por el Concilio Vaticano II, firmó su renuncia a la diócesis, que le fue aceptada hasta el 30 de marzo del año 2000, desde ese día, al 1 de mayo de 2000 fungió como administrador diocesano, hasta la llegada de su sucesor, Luis Felipe Arizmendi Esquivel.

Tras concluir ese prolongado capítulo de su trayectoria y de su vida, Samuel Ruiz García decidió como residencia posterior, para respetar la labor pastoral de su sucesor, la ciudad de Querétaro, donde permaneció hasta su final.

De todas maneras, siguió sirviendo a los indígenas y la causa de los pobres, en cualquier lugar y circunstancia que requiriera su presencia.

Su lema episcopal fue edificar y plantar, y aludiendo a su lema, así terminó su homilía el 25 de enero de 2010, en sus bodas de oro episcopales, en la Plaza Catedral de esta ciudad.

Entonces dijo ‘damos infinitas gracias al Señor, Trino y Uno, por habernos hecho hijos suyos y por habernos llamado como pastor de su Iglesia, para edificar y plantar su reino de justicia, de amor y de paz’.

Entre sus obras figuran la promoción integral de los indígenas, para que sean sujetos en la Iglesia y en la sociedad, la opción preferencial por los pobres y la liberación de los oprimidos, como signo del reino de Dios, la libertad para denunciar las injusticias ante cualquier poder arbitrario y la defensa de los derechos humanos.

Asimismo, la inserción pastoral en la realidad social y en la historia y la inculturación de la Iglesia, promoviendo lo exigido por el Concilio Vaticano II, que haya iglesias autóctonas, encarnadas en las diferentes culturas, indígenas y mestizas.

Además de la promoción de la dignidad de la mujer y de su corresponsabilidad en la Iglesia y en la sociedad y la Teología India, como búsqueda de la presencia de Dios en las culturas originarias.

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