Entornos

JOSE LUIS ROQUE POPOMEYA

EXPRESIONES

Sin perder el ejercicio de escribir, al menos, no públicamente, me atrevo esta vez, públicamente a opinar con respecto a lo que pueda simbolizar este día, llamado de la libertad de expresión.
No deseo por esta vez ahondar en procesos históricos, puesto que posiblemente ya muchos dedicados a escribir desarrollarán sus mejores ideas con respecto a este menester.
Tampoco hare referencia a la división laboral existente entre la comunidad que escribe, puesto que desde el proceso mismo de la estructura económica se habla: del empresario, su equipo administrativo, las plumas y los fotógrafos, en el caso de la prensa escrita. Ya la radio y la televisión, tienen también sus particularidades divisiones.
Mucho menos de esa parte estigmatizante de quienes, entre el mismo sector dedicado al manejo de la información, se reconocen como columnistas, reporteros gráficos y reporteros de las fuentes, que a decir existen también ahora otro grupo, los reporteros radiofónicos, los de las televisoras y los conductores de programas, y que cada uno forma su microgrupo de afinidad e identidad.
Tampoco deseo hacer referencia esta vez, de que este tipo de adhesiones estigmatizadas, son aprovechadas por quienes están en el poder, porque estos también forman su grupo predilecto informativo, y son a quienes les llegan las canonjías y otro tipo de estímulos que los convierte sin querer en mercenarios o comerciantes de la información. ¿Entonces a quién se le sirve? ¿A la “sociedad” (que actualmente se reduce a la clase pudiente y sector burocrático)?, ¿al pueblo en general? ¿Al patrón que bien puede ser el dueño del diario, emisora, o televisora? ¿O a quien otorga prebendas y cochupos? ¿O a caso al sistema caduco, que con amenazas y represiones, obliga a callar a quien encuentra datos más objetivos? ¿A quién se le sirve en realidad?.
Hoy diversas agrupaciones seguramente como cada año, tomarán y degustaran del buen vino, la buena comida, ¿Con cargo a quién?, ¿qué celebran en realidad?.
Hace no más de tres décadas por estos días, se otorgaban reconocimientos y medallas que de las manos del gobernador en turno se entregaban, todo lleno de simulaciones, pues los organismos propios del medio, encargados de organizar el evento, destinaban por lista a quién le tocaba este y a quién para el siguiente año. Al parecer se trataba de abonar más al ego y a la vanidad.
Un aspecto que debe de tomarse en cuenta por ejemplo, es la credibilidad social, la del pueblo, que al menos en Chiapas, a más de un empresario llegado como nuevo, le ha tocado reconocer, la falta suficientes de lectores, como para sostener un diario a expensas de las ventas. ¿Pero eso, que puede importar, mientras todo llegue a la mesa, sin esfuerzos, vendiendo lo único que le puede quedar al sujeto que escribe, su dignidad. Alguien diría, no hay suficiente dinero para adquirir periódicos, otro más pensarán, no hay cultura de lectura, de lo último de eso se trata. Que no lean, entre menos sean los lectores, habrá más y mejor repartición de…
Solo la verdad te hará libre.
En estos tiempos de occidentalismos, bien se puede llegar a reflexionar que quienes escriben, se han olvidado de acrecentar de forma equilibrada sus valores, el carácter del psiquis, y no sólo de la propia necesidad y los deseos, como lo advirtiera Sigmun Freud.
Pareciera que las normas y legislaciones a favor de la libertad de expresión ha tenido un pleno desarrollo, pero posiblemente, se ha confundido con libertad con libertinaje, y no se ha sabido utilizar de forma más efectiva al medio de comunicación que a quejas de los expertos se ha convertido en juguete del mejor postor.
Retomando lo que dijera en un texto, Carlos Nesti (2010): “El hombre occidental, a nivel metafórico, es un individuo que vive en una dimensión horizontal de su <>. Mira constantemente hacia delante, hacia atrás, a la derecha, a la izquierda y por debajo de sí mismo. De forma contraria desaprendió la dimensión vertical, aquella que lleva a mirar por arriba de sí mismo: a lo alto, al cielo, hacia la luz”..
Bien cabe recuperar la frase expresada en el mago Almsted en Sombras y Nieblas (Woody Allen):
– A todo mundo le encanta sus ilusiones…
– ¿Encantarles? Las necesitan… como necesitan el aire.
Y reconsiderando palabras escritas en esta misma entrega del once de enero del presente año, así, sin salirnos de la línea, para no hacer más extenso este asunto, bien podemos completar estos renglones, con la oriental interpretación de Confusio, en relación con la honestidad:
“El nivel más profundo de honestidad es el Ren, desde el cual surgen el Yi y por tanto también el Li. La moral de Confucio se basa en la empatía y la comprensión de los demás, lo que requiere una autocomprensión previa, de la que nacen las normas morales, más que de un código ético previo, otorgado por alguna divinidad. La versión confucionista del Imperativo categórico consistía en tratar a los inferiores como te gustaría que tus superiores te tratasen a ti. La virtud se basa en la armonía con los demás, y en la aceptación de que en algún momento de nuestras vidas todos estamos a merced de otras personas. La honestidad consiste por lo tanto en ponerse en el lugar hipotético de la propia vida futura, y la de las generaciones pasadas y venideras, y elegir no hacer o decir nada que pueda mancillar el honor o la reputación de la familia”.
A tanto tiempo de distancia y de la re evolución social, y del hacer a un lado toda clase de moral, por confundirla con moralina, o con la frase hasta a veces inútil de “el árbol de las moras”, ¿puede el ser humano y social, ser realmente honesto consigo mismo?.
La palabra la tiene usted estimado lector. ¿Libertad de expresión?, ¿Expresión libre? ¿Libertad expresiva? o ¿Expresión libertaria?, qué se debe celebrar. HASTA AHÍ, UF!!!. CORAM POPULO, VOX DEI. Comentarios dirigirlos a: colentornos@yahoo.com.mx. Mensajes de texto al celular 961 1500 150. También puede leernos en distintas ediciones locales, estatales, y Facebook: José Luis Roque P @facebook

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