“Chiapas es en el cosmos lo que una flor al viento. Es célula infinita que sufre, llora y sangra. Invisible universo que vibra, ríe y canta”. Con este verso del Canto a Chiapas, inició el Homenaje al Doctor Enoch Cancino Casahonda, el Poeta, Médico, Político y Académico, cuyo nombre fue inscrito con letras doradas en el Muro de Honor del Recinto Legislativo.
En Sesión Solemne encabezada por Zoé Robledo Aburto, Presidente de la Mesa Directiva del Congreso del Estado, el diputado destacó que “hoy nos convoca un nombre que es sinónimo de amor por Chiapas, de palabra sencilla y espíritu noble, de verso lúcido de poesía esencial y sorprendente: Enoch Cancino Casahonda, nuestro entrañable “Noquis”.
“El Congreso reconoce la labor humana, política y literaria de Enoch Cancino, de quien se destaca que es un poeta profundo, capaz de enaltecer y tocar las fibras más intimas del alma humana. Registrar su nombre es una invitación permanente para acercarnos a su vida, a su ejemplo y a su glorioso tiempo, pero sobre todo a su palabra, una forma de hacer recíproco el sentimiento de un pueblo hacia el hombre que escribió a Chiapas en el Cosmos”, destacó Robledo Aburto.
Al dar lectura a la semblanza del homenajeado, la diputada María del Rosario de Fátima Pariente Gavito, dijo que el “Canto a Chiapas” se ha convertido en la definición sentimental del chiapaneco; “este, que es para nosotros como un segundo himno, le valió a Cancino Casahonda el Primer Lugar en los Juegos Florares Decembrinos del Estado; su contenido nace de la nostalgia de forma sensible y luminosa”, destacando que: “cuando se escriben cosas a esa edad, no se piensa en reglas ni en críticas, solo en el ir y venir del corazón”.
Que oficio tan noble el de sanar un corazón de dos maneras: Desde la ciencia con las manos y desde la poesía en las palabras, porque solo quien entiende a las letras como un impulso vital, puede hacer latir los versos que descubren el Corazón de Chiapas y reactivar el pulso de las voces que nacen del alma comunitaria, señaló Pariente Gavito.
Desde tiempos adolescentes, publicó sus primeros versos en las páginas de “El Estudiante”; el periódico escolar de dos hojas, donde compartió su pluma con Rosario Castellanos y Jaime Sabines. Enoch Cancino descubrió que “impulsar el arte es tan necesario como construir una escuela ó como abrir un camino; ya que haciéndolo así, se construyen escuelas para el alma y se abren caminos que liberan las conciencias”.
Cancino Casahonda estudió la Carrera de Médico Cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México y ejerció su profesión en la capital chiapaneca dejando una huella marcada por su don de gente, su trato afable, su sencillez y su buen humor, que hoy le brindan un reconocimiento generalizado y un indudable afecto popular.
Fue uno de los miembros más distinguidos del Ateneo Chiapaneco, movimiento cultural de la década de los cincuentas. Publicó un sin número de poemarios entre los que destacan: Con las Alas del Sueño, La Vid y el Labrador, Ciertas canciones, Estas Cosas de Siempre, Tedios y Memorias, así como cuatro muestras personales: Antología Poética, La Vieja Novedad de las Palabras y Ciertas Canciones y otros Poemas.
“Noquis” fue acreedor al Premio Chiapas y recientemente había recibido la “Medalla Rosario Castellanos”; como Servidor Público se desempeñó como Coordinador del Área de Humanidades de la Universidad Autónoma de Chiapas, Director del Periódico “La Verdad” de Tuxtla Gutiérrez, Secretario General de Gobierno, Diputado Federal por el Primer Distrito y Presidente Municipal de nuestra capital; así como Miembro Correspondiente de la Real Academia de la Lengua y Cronista de la ciudad.
Entre todas estas importantes labores, entre todos estos caminos de triunfos y trabajo el más grande de sus éxitos, es la familia ejemplar que formo con la Señora Gloria Pérez de Cancino y sus hijos Pedro, Pablo y Enoch.
A nombre de la familia del poeta, hizo uso de la palabra su hijo, Pedro Cancino Pérez, quien consideró que los festivales y premios a su padre, constituyen un reconocimiento a los chiapanecos talentosos, escritores y políticos con los que compartió ideales, como Juan Sabines Gutiérrez.
“Quiero morir un Día de Marzo” dijo alguna vez el poeta, quien falleció el dos de marzo de 2010; al respecto su hijo Pedro apuntó: “No es casualidad que dos amigos, dos grandes hombres que escribieron parte de la historia y construyeron cimiento y paredes en nuestra casa común, hayan coincidido no sólo en su pasión de trabajar y servir a este Chiapas, sino que además, como una bandera, como una señal de su amistad, fueron llamados al cielo en la misma fecha: Juan Sabines Gutiérrez y Enoch Cancino Casahonda”.
El Canto a Chiapas, precisó, es un himno de orgullo, amor y esperanza.
“Hoy mi padre estaría feliz de ver que su amado Chiapas es un estado de progreso cultural, educativo, social y económico”, finalizó. ASICh
