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Daniel Flores Meneses
danfm@hotmail.com
Frase de una canción del maestro Sabina en cantada en Yucatán: “Cecilia busca amores imposibles, por eso fue posible nuestro amor”.

El pacto de no agresión, de no ventilar las cuestiones internas del partido públicamente entre Calderón y Espino al parecer fue firmado sobre agua. Poco duro; al finalizar la elección en Yucatán el PAN fue derrotado, la victoria aceptada sin ningún tapujo y sin tribunales de por medio puso de nuevo el sospechosismo en la línea de la relación entre el Presidente Calderón y su partido.
En Yucatán como nunca, todos los panistas aceptaron el triunfo tricolor. Fue Espino, quien en conferencia de prensa, señalaría que las manos de la Presidencia de la República, habían actuado en la elección, por la vía Muriño.
Si ya estas relaciones andaban por los suelos, totalmente espinados, la derrota panista agravó la fractura entre un partido y su mayor representante. Prácticamente acusó Espino a la figura presidencial de un delito electoral.
Por eso resulta hasta risible para algunos analistas encontrarse con declaraciones como las de José Espina, Secretario General del PAN, diciendo “Lo afirmo categóricamente, no hay división ni enfrentamiento entre el PAN y el Presidente de la República”.
Agobiado por los acontecimientos muchos panistas procalderonistas tratan de minimizar el escándalo Yucatán, señalando que el dirigente nacional únicamente compartió una plática que había sostenido con Juan Camilo Muriño, en el sentido de que los procesos electorales que están por venir es necesario establecer una coordinación entre el partido y el Jefe del Ejecutivo.
No pueden ni los panistas de extrema derecha encabezadas por Fox y Espino, ni los calderonistas, pueden tapar el sol con un dedo, por lo tanto lo establecido por muchos, en el sentido de que el Presidente entregaría Yucatán a cambio de apoyo tricolor en el Congreso para las reformas estructurales, parece haber tomado forma entre los mexicanos.
Los mismos panistas como el Senador Federico Doping, tienen las mismas percepciones. En su más reciente declaración en torno a este asunto, dijo que las acusaciones del líder del PAN, Manuel Espino, en contra del jefe de la Oficina de la Presidencia, Juan Camilo Mouriño, no tienen otra intención más que frenar el posicionamiento de los calderonistas con miras a la renovación de la dirigencia nacional.
Este joven Senador, ha pedido ya también hacer a un lado la derrota en Yucatán y voltear a la próxima que es en Baja California, en donde preveen problemas. Todos ahora quieren minimizar la derrota yucateca, pero sin embargo la cosa no será fácil para los calderonistas olvidar la afrenta que se la adjudican al Presidente Calderón.
Todavía el 18 de abril pasado, el dirigente nacional del PAN, había dicho que su partido no tenía porque rendir cuentas al Presidente de la República cuando fue cuestionado de sus reuniones con el ejecutivo.
“Los encuentros no son de cuates, son de trabajo, para darle seriedad a la relación del partido en la responsabilidad de gobierno, con el Gobierno de la República, y con esa seriedad tiene que platicar el presidente de este partido con el Presidente de ese gobierno.
“El partido le rinde cuentas a los ciudadanos, pero por la cercanía, por la relación política, por la confianza política, en los encuentros con el Presidente abordamos temas del partido, y no le fuimos a rendir cuentas”, enfatizó luego de inaugurar la biblioteca “Carlos Castillo Peraza” en la sede estatal panista.

La batalla está ahí pues, y el gran ganador parece ser el PRI, que juega una especie de papel de pepenador de la política desenfrenada y sin estructura del PAN. Ahora dicen los analistas el PR ha logrado no un triunfo en una gubernatura, sino un triunfo en la percepción de ser opositor, aprendieron que se avanza más apoyando que peleando. Las urnas yucatecas le dieron la razón a los operadores del PRI en la península.

caqui

Es el nombre de una tela resistente, cuyo color varía desde el amarillo ocre al verde gris, empleada principalmente para uniformes militares y por extensión, se usa también para el color esa tela.
Esta palabra se originó durante la larga dominación británica sobre la India. El color de la ropa de los soldados del ejército indio era llamado por los nativos khaki, que en lengua urdu significa ‘polvoriento’, adjetivo que se deriva del sustantivo persa khak (polvo o tierra).
Inicialmente, la palabra se usó solamente en la India para referirse al color de los uniformes militares de ese país en la primera mitad del siglo xix. El uso de ese color se generalizó en los uniformes a partir de la Guerra de los bóers, que tuvo lugar en Sudáfrica a fines del siglo xix. En 1899, se incluyó por primera vez la palabra caqui en el Diccionario de la Real Academia Española

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