Héctor Estrada
Los turbios tropiezos de proyecto ERA
Los dobles discursos de Eduardo Ramírez Aguilar se han convertido rápidamente en la peor de “sus famas”. El constante incumplimiento de los acuerdos, la protección cómplice que provee a funcionarios públicos violadores de Derechos Humanos y los graves señalamientos sobre su presunto enriquecimiento a costa de recursos públicos son hoy los lastres más pesados para sus prontas aspiraciones políticas.
El actual presidente de la Mesa Directiva del Congreso de Chiapas y dirigente estatal del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) no sale de una controversia para entra a otra. Los casos de Chenalhó y Oxchuc se han consumado como los errores más evidentes de su trabajo en el legislativo estatal, violentando preceptos constitucionales que en otros lugares serían imperdonables.
Hoy los señalamientos contra Ramírez Aguilar apuntan a la protección y casi complicidad política que tiene con el actual presidente de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos (CEDH), Juan Oscar Trinidad Palacios, quien enfrenta un importante proceso judicial en su contra por desacato a una sentencia federal.
Desde el Congreso de Chiapas las indicaciones han sido claras para el ombudsman chiapaneco: no cumplir la sentencia del Poder Judicial de la Federación para pronunciarse respecto a la omisión del legislativo estatal en materia de Derechos Humanos. A cambio de inmunidad y protección absoluta para conservar su deficiente trabajo como presidente de la CEDH.
Y no es la primera vez que el dirigente estatal del PVEM se ve involucrado en temas relacionados con violaciones a los Derechos Humanos. En junio pasado el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) solicitó medidas precautorias contra Ramírez Aguilar por comentarios homofóbicos. Además de la violaciones a los derechos políticos de las alcaldesas Rosa Pérez y María Gloria Sánchez,solventados en la últimas resoluciones del TEPJF.
Pero a Eduardo Ramírez lo persiguen acusaciones aún más graves. Se le ha implicado y denunciado por el presunto desvío de recursos federales, mediante la asociación civil “BonbajelMayaetik” que presiden Blanca Ricci Diestel, por un monto superior a los 62 millones de pesos. Lo anterior según argumentos presentados por el abogado Horacio Culebro Borrallasante la Secretaria de la Función Pública del Gobierno Federal.
Y es que, según consta en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), en 2013, gracias a la gestión de Ramírez Aguilar, BonbajelMayaetik (casualmente) se convirtió en la segunda organización no gubernamental con mayor presupuesto donado por la Federación para sus supuestas actividades de fomento a la cultura.
Fueron 62 millones 160 mil pesos prácticamente regalados por el Gobierno Federal a la desconocida organización chiapaneca con sede en San Cristóbal de las Casas. Un monto de “donación” sólo superado por lo otorgado a las orquestas “Esperanza Azteca” con presencia a nivel nacional, propiedad de la televisora del Ajusco.
Sin embrago, en 2014 varios miembros de esa asociación denunciaron los turbios manejos de Blanca Ricci, en supuesto contubernio con el Eduardo Ramírez, para desviar recursos en favor de las aspiraciones del ahora legislador chiapaneco. Las acusaciones señalaron el despojo arbitrario de su participación en BonbajelMayaetik y el incumplimiento de la entrega de recursos para los artistas beneficiarios.
A lo anterior se suman los señalamientos por la construcción de un hotel de lujo (Luminus) en su ciudad natal, Comitán, y otras varias microempresas surgidas durante los últimos años de manera repentina. Hasta el momento, todo sin el esclarecimiento puntual a cada acusación.
Para las aspiraciones sexenales del legislador chiapaneco urge más que nunca una reivindicación. Sacudirse las complicidades que le dificultan su paso y redefinir las estrategias que permitan aminorar la desgastada imagen generada por los errores pasados. Las siguientes elecciones tendrán que buscar la recuperación de la confianza ciudadana y para ello se necesitarán de real certidumbre. Así las cosas.
