Un equipo científico demostró que el Tyrannosaurus rex era un dinosaurio de sangre caliente con una temperatura corporal de 36,3 °C, cercana a la de un ser humano (37 °C), detalla un estudio publicado el miércoles (16.09.2026) en la revista Science Advances.
El hallazgo, logrado gracias a pistas químicas en el esmalte de tres dientes desenterrados en Montana (Estados Unidos), transforma la percepción que se tenía sobre el tipo de animal que era, su comportamiento y su manera de alimentarse.
“Deja de ser un reptil en la forma en que la gente se imagina a los reptiles. Un animal a 36 °C no está esperando al sol para calentarse. Es térmicamente independiente de su entorno y, en ese aspecto, está más cerca de un elefante (36 °C) o un avestruz (39 °C) que de un cocodrilo”, señala la autora principal Aradhna Tripati, geocientífica de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).
Resistencia térmica para dominar la región
El T. rex deambuló por el oeste de América del Norte durante el Cretácico, hace unos 66 millones de años. Sus fósiles abarcan desde las provincias canadienses de Alberta y Saskatchewan hasta los estados estadounidenses de Montana, Wyoming y las Dakotas, Nuevo México y Texas.
Tripati indicó que los modelos climáticos señalan que habría sido capaz de habitar la mayor parte del continente, “incluidos entornos fríos donde habría experimentado temperaturas bajo cero. Se trata de un animal mucho más móvil y adaptable de lo que la gente imagina”.
