El Prado restaura y devuelve la fuerza visual al Pablo de Valladolid, de Velázquez

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Madrid. En el constante trabajo de salvaguardar el legado artístico del Museo del Prado, el equipo de restauración está siempre ocupado en el estado de las obras. En esta ocasión se presentó la intervención al cuadro Pablo de Valladolid, una de las obras más admiradas de Diego Velázquez y “el cuadro más asombroso jamás pintado”, según definió Manet.

El trabajo sobre la obra devolvió al lienzo su apariencia original mediante la recuperación de sus dimensiones iniciales y la restitución del delicado equilibrio entre la figura y el espacio que la rodea, un rasgo esencial para comprender la modernidad y la audacia del lenguaje pictórico del artista. Además, la intervención ha determinado una revisión en profundidad de los estudios técnicos realizados hace una década, así como la aplicación de nuevas técnicas de análisis.

En los años recientes, el Museo del Prado desarrolla un amplio proyecto de restauración de obras de Diego Velázquez que no habían sido intervenidas desde la gran campaña realizada en la década de 1980.

Este programa, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Iberdrola España, tiene el objetivo de asegurar la conservación de los lienzos y devolverles, en la medida de lo posible, los valores estéticos y expresivos concebidos por el artista.

Pablo de Valladolid ha gozado de un prestigio singular entre artistas e historiadores del arte. La restauración actual ha tenido entre sus ejes principales la restitución de las dimensiones originales del lienzo. Para ello se ha optado por conservar las bandas añadidas, dado su interés histórico, ocultándolas bajo el nuevo marco mediante un sistema de cajeado interno.

Además, la nueva radiografía, realizada con equipos de última generación, ha sido clave para establecer con precisión las dimensiones originales del retrato y analizar sus ampliaciones. Su estudio y tratamiento mediante el software Aracne han permitido determinar que las tres bandas cosidas al lienzo original procedían del mismo paño de tela y fueron añadidas en un único momento.

La intervención sirvió para revisar los estudios de pigmentos realizados con anterioridad y confirmar que la imprimación del lienzo es muy clara y está compuesta mayoritariamente por blanco de plomo, una característica propia de este momento en la carrera de Velázquez.

El estudio de los pigmentos ha aportado también información relevante sobre los intensos negros del traje del bufón, obtenidos mediante una combinación de negro de humo y negro carbón, ambos de tonalidad azulada.

Además, la similitud de las capas internas de los añadidos ha reforzado la hipótesis de que proceden del mismo paño de tela, y se ha constatado la presencia de algunos retoques modernos que han sido retirados en el curso de la rehabilitación del cuadro.

Con la restauración, Pablo de Valladolid recupera su fuerza visual y conceptual, al tiempo que los nuevos estudios técnicos permiten profundizar de manera inédita en el proceso creativo de Velázquez.

Con información de LA JORNADA

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