Ricardo Pascoe Pierce
Ahora empieza la discusión y análisis de varias iniciativas legislativas que pudieran tener mucha importancia para el país. Por un lado se encuentra la continuación de las labores alrededor de la reforma del Estado, especialmente en torno a la posibilidad de modificar el sistema político, quitándole su carácter presidencial para transformarlo en uno de carácter parlamentario. En tanto que tales medidas cambiarían totalmente la forma y el método para procesar decisiones en el país, su impacto será profundo. Por otro lado, se discutirán leyes referentes a las condiciones para el otorgamiento de concesiones a privados para la operación de los medios de comunicación, además de las leyes que regularán las modificaciones a las leyes electorales, el nombramiento de nuevos consejeros electorales y la Ley de Ingresos y Egresos de la Federación para 2008.
El hecho de que el Congreso de la Unión fuera capaz de negociar y pactar tres reformas difíciles (ISSSTE, reforma fiscal y electoral) ha creado cierta impresión de una disponibilidad democrática de las fuerzas políticas que integran el cuerpo legislativo. La impresión que muchos tienen es que, sin entender las razones profundas y/o pragmáticas que dieron lugar a acuerdos insólitos, esa “cuerda harmónica” puede seguir dándose en todo lo que viene. Sin embargo, no parecería tan cierta esa observación.
El problema se vio con la discusión en torno al otorgamiento, por parte del Senado de la República, de la medalla Belisario Domínguez a Carlos Castillo Peraza. Es, en la agenda nacional, un asunto reconociblemente menor. Sin embargo, cuando el PRD condiciona el otorgamiento de la medalla a Castillo Peraza a cambio de que el presidente Calderón no acuda al acto, entonces se vuelve un problema nacional. ¿Puede el Presidente de la República aceptar esos vetos por parte de la tercera fuerza dentro del Senado? Obviamente no debe, ni puede, aceptar los vetos que una fuerza le quiere imponer a otra.
¿Cómo es posible reconocer unos votos como válidos y descartar otros? ¿Quién tiene la autoridad moral e institucional para decidir eso? Al parecer los votos recibidos por todos los legisladores son válidos, pero los que recibiera el Presidente no lo son, según la lógica de una fracción del Poder Legislativo. Así, se puede pactar en el Congreso, entre PAN, PRI, PRD, Alternativa y demás partidos, pues sus votos serían “reales”, pero cuando se trata del Presidente, los votos ya no son reales.
Lo que esta lógica crea es la imposibilidad de acordar muchos acuerdos entre fuerzas, pues constantemente estarán enfrentando las limitaciones de la credibilidad de los mismos actos legislativos: un día los votos son válidos, mientras que al siguiente son inválidos o cuestionados. Es un ambiente que genera desconfianza e incredulidad.
En medio del conflicto PAN-PRD, el PRI trata de crear su propia “lógica”, entendido como ni PAN ni PRD. ¿Existe, de verdad, la tercera vía? No lo creo, excepto para tratar de recuperar terreno perdido en las elecciones estatales y volver a venderse como una fuerza competitiva para 2012.
El obstáculo esencial a la viabilidad del quehacer legislativo es que unos creen que pueden, a estas alturas, seguir contando los votos y decidiendo quién es, o no, legítimo mientras se erosiona su credibilidad ante la sociedad en general.
La propuesta de llevar ante el Senado el Plan México, para su discusión y aprobación, es interesante y relevante. Sin embargo, el ambiente político lo hace impractible e inútil, básicamente porque no hay condiciones en ese cuerpo legislativo para llegar a acuerdos favorables, en la medida en que hay agendas de golpeteo, no de acuerdos. En esencia, lo que ese ambiente gesta es la lógica de que todo aquello que no tenga forzosamente que pasar por el Poder Legislativo será reservado por el Poder Ejecutivo para no enredar más la cosa política de la nación.
Ese obstáculo lo es, también, para un avance sustantivo en la reforma del Estado. ¿Cómo se podrá convertir al sistema político en uno parlamentario, cuando lo que menos se hace es “parlar”? La cultura tiene un sustrato de autoritarismo en su tradición política que arrastramos hasta hoy. Lo vimos con la reacción de algunos senadores ante las críticas que les soltara TV Azteca a los legisladores: se pedía quitar la concesión a la televisora por ser tan crítico. ¿Y así se quiere un sistema parlamentario? El problema con el remozamiento del sistema político puede ser que se nos conduzca a una redición del autoritarismo mexicano.
rpascoep@hotmail.com
Analista político
