El nacionalismo panameño

Por Doris Hubbard-Castillo

“De altar se ha de tomar a la patria para ofrendarle nuestras vidas; no de pedestal para levantarnos sobre ella”, José Martí.

Básicamente ‘nacionalismo’ significa ‘respeto a la patria’. Si partimos de allí, sin buscar los extremos negativos de este sentimiento legítimo que cada persona que ama la tierra en la que ha nacido lleva en sí, no pueden dejar de tener importancia, jamás, los colores de nuestra bandera; nuestro himno; nuestras costumbres; nuestras gestas patrióticas, esas mismas gestas que han reforzado la identidad de nuestro pueblo; nuestra independencia como tierra libre y soberana y el respeto que le debemos exigir a otros países por el nuestro.
Debido a los 21 años de dictadura militar el nacionalismo en Panamá se convirtió para muchos opositores al régimen en sinónimo de cuarteles, al punto que llevar los colores patrios –rojo, azul y blanco-, era, y es, estar ‘vestido de PRD’, lo cual no deja de tener algo de lógica, lamentablemente, porque los fundadores de ese partido, militares y civiles, se adueñaron de los colores del emblema nacional para dárselo a su colectivo, quizás como una forma de explotar a favor de su movimiento el amor de los panameños por su enseña patria, queriendo presentarse –los del PRD- como los más patriotas de los patriotas panameños.
Esto trajo otra situación no menos mala para el nacionalismo en esta tierra, los que se oponían a la dictadura adoptaron el blanco, quizás por ser el llamado color de la paz, en sustitución de la bandera nacional, para no ser confundidos con los seguidores de los cuarteles. Y desde aquellos días en que un gran sector de la población decidió darle mayor fuerza a su lucha contra la dictadura, el hablar de nacionalismo suena hipócrita, trasnochado.
HoyAñadir un evento para hoy muchos no quieren hablar de nacionalismo, porque sienten que hacerlo es caer en las mismas poses histriónicas que le vimos a los dictadores y sus seguidores, o quizás estoy siendo ingenua y simplemente no quieren hablar de nacionalismo, porque no sienten un amor real por la nación y cualquier lugar en donde estén bien económicamente es ‘su país’.
Me resultan dolorosamente lejanos aquellos días en que la mayoría de los estudiantes que salíamos a la calle lo hacíamos convencidos de que estábamos dándole a nuestra patria nuestros sueños, sudor y muchos su sangre y vida. Aquellos días en que nuestros eslóganes no eran sólo eslóganes, eran expresiones de amor patrio, de rebeldía, pero de una rebeldía alimentada por un honesto deseo de ver nuestro país libre, grande y respetado, no irrespetado, por propios y extraños. Esos días en que nos sentíamos orgullosos de todos nuestros Mártires, los recordábamos y honrábamos, tratando sobre todo de no permitir que su sangre derramada fuera inútil.
HoyAñadir un evento para hoy es 9 de enero, 44 años han pasado desde que los ‘muchachos’ del Instituto Nacional, desprendidos de la cobardía que paralizó a otros, se fueron a hacer cumplir nuestro derecho como dueños de esta tierra a que nuestra enseña patria ondeara en todo nuestro territorio. Lo cual a 21 panameños les costó la vida, mientras que otros más de 400 resultaron heridos en los hechos que se extendieron por unos tres días.
Gracias a gestas patrióticas como la del 9 de enero y días siguientes de 1964; y antes, las Inquilinarias; y antes aún, el 3 de noviembre de 1903; y más antes aún, los días 8, 9, 10 y 28 de noviembre de 1821, estos más de 70 mil kilómetros cuadrados son una Patria, una Nación, de la cual nos servimos todos, los que creemos en que amar a nuestro país y defender su soberanía plena no es cursilería barata y que el civismo es parte fundamental de nuestros valores; y aún de los que sí creen que el nacionalismo es una moda vieja, que ya rindió sus frutos y que no reditúa nada favorable para ellos.
Mucha sangre se derramó para darle forma a esta nación, para ponerla en el mapa mundial por derecho propio, aún nos falta mucho por lograr en todos los aspectos y no es llorando sobre la sangre derramada que vamos a obtener los resultados que anhelamos, pero tampoco es olvidando, desconociendo, descalificando ni apocando el sacrificio de esos panameños y panameñas que dieron sus vidas por nuestro país que podremos lograrlo.
No podemos olvidar nuestra historia, hacerlo es olvidar nuestro origen y perder la esencia de nuestra nacionalidad.A nuestros Mártires, eternamente mi agradecimiento, mi reconocimiento y, especialmente, mi amor y respeto.

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