EDUCAR

PITA LADDAGA

Aprender a vivir juntos

Para llegar a nuestra plenitud como seres humanos necesitamos de otros. Aprender a vivir juntos es indispensable para realizar cualquier actividad.
Gran parte de la labor que se realiza en cualquier asociación social, educativa o empresarial requiere que varias personas, se pongan de acuerdo y formen un equipo de trabajo.
La paz y un mejor futuro para nuestra especie dependerá de que logremos desarrollar en nosotros y en nuestros hijos habilidades para aceptar las diferencias, entendernos, colaborar unos con otros y gozar de la convivencia.
El primer ambiente social en el que el niño se desenvuelve es su hogar.
Si ahí existe un clima de consideración y afecto, el niño aprenderá a expresarse, a relacionarse, a satisfacer sus necesidades y a responsabilizarse paulatinamente de sus acciones y decisiones.
Los padres le damos al niño las primeras enseñanzas de convivencia y comunicación.
Nuestra atención y cariño, nuestras palabras, los límites que le marcamos, le sirven de modelo para sus futuras relaciones.
Si intentamos ser más abiertos y sensibles, el niño aprenderá a relacionarse con los demás en forma sincera y respetuosa; a escuchar y a expresar emociones, a ponerse en el lugar del otro, a apreciar los puntos de vista diferentes a los suyos y a enriquecerse con el diálogo.
El dominio del lenguaje le permite una comunicación más plena y eficaz.
El niño en edad escolar es capaz de expresar con claridad lo que necesita y lo que desea, y también puede comprender lo que otras personas necesitan y desean. Ya tiene la suficiente madurez para resolver de manera inteligente y pacífica los enfrentamientos que surgen comúnmente entre las personas.
Los padres podemos enseñarle a dialogar, a solucionar conflictos, a ceder cuando es razonable y a defender lo que es importante para él. Estas habilidades le darán seguridad para relacionarse con personas-niños y adultos- diferentes a los miembros de su familia.
A medida que crece, los círculos de relación del niño se van haciendo más amplios.
La escuela va ocupando un lugar cada vez mas importante en su vida . En la escuela aprende a participar en grupos y a colaborar con otros, a practicar la generosidad. Ahí surgen sus primeros intentos para establecer vínculos personales significativos y de iniciarse en la amistad, una de las expresiones humanas más gratas y significativas.
En el ambiente escolar, el niño entra en contacto formal con su cultura y la de otros grupos humanos.
En la escuela, su mundo se extiende tanto en el espacio como en el tiempo: ahí el niño se entera como vivían y qué pensaban los hombres de otras épocas, y conoce las costumbres de personas que viven en distintas regiones del planeta.
Si recibe una buena guía, el niño podrá valorar los puntos de unión por encima de los aspectos que los que separan, comprenderá que las diferencias nos enriquecen y las similitudes nos hermanan.
En la escuela el niño aprende a relacionarse con otros niños que tienen diferentes maneras de ser, de pensar y en ocasiones diferentes costumbres a las de su familia.
Cuando el niño encuentra su lugar en la familia, en la comunidad y en el mundo, descubre también su responsabilidad hacia los demás.
Los padre podemos fomentar actividades que motiven a nuestro hijo a ir más allá de sus intereses individuales, e invitarlo a luchar juntos a favor de la naturaleza, la comunidad, el arte, la salud y de otros seres humanos menos favorecidos que nosotros. Trabajar por los demás le ayudará a sentirse valioso y útil, y lo orientará hacia el servicio y la solidaridad.

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