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PITA LADDAGA

El Primer Gran Reto. La escuela

Entrar a preescolar es el principio de una nueva etapa pues la escuela será una parte muy importante de su vida en los próximos años.
Es la primera vez que sale del ambiente familiar para enfrentarse solo al mundo. La escuela es un lugar desconocido donde deberá aprender diferentes costumbres, compartir las cosas y obedecer reglas.
Es necesario preparar al infante con anticipación para que esta experiencia sea tranquila, estimulante y gozosa.
Es bueno que frecuente lugares donde encuentre gente reunida: parques, mercados, fiestas; animarlo a platicar con personas fuera de la familia: el cartero, el chofer del autobús, la vendedora de la tienda, el doctor.
Conviene hablar con él sobre lo que es la escuela y el gusto que le dará aprender, llevarlo de visita para que conozca el edificio y a su maestra, jugar con él a la “escuelita”. Si sabemos de algún otro niño que va a entrar con él, conviene buscarlo para que empiecen a conocerse,
Cuando el pequeño entra a la escuela, la vida de la familia cambia por completo. Es necesario organizar las actividades para que todo funcione sin problemas: dejar lista la ropa la noche anterior, levantarse más temprano, preparar el desayuno y la colación que llevará para el recreo. El orden dará mayor seguridad a nuestro hijo en este paso tan importante para él.
El primer día de clases, el pequeño necesita que lo acompañemos, le presentemos a su maestra y luego, que nos despidamos y lo dejemos.
Para ayudar a la adaptación del niño, antes que nada, es necesario darnos cuenta de os que sentimos y manejar nuestras propias emociones. No hay que alargar la despedida con recomendaciones ni miradas preocupadas; tampoco quedarnos observando que sucede. Si el niño llora y se resiste a quedarse en la escuela, habrá que decirle con cariño: “Si, me imagino que te sientes mal, que prefieres estar conmigo, te entiendo”. Se sentirá reconfortado cuando lo abracemos y le aseguremos que todo principio es difícil pero que la escuela es un lugar agradable y divertido. Nuestra comprensión lo ayudará a sentirse seguro y pronto estará dichoso de asistir.
Es importante aclarar a qué hora volveremos y nunca pero nunca llegar tarde a recogerlo.
Procuremos estar en la escuela antes de que terminen las clases. Los niños que tienen que esperar a sus papás cuando sus compañeros se han ido, se sienten olvidados, atemorizados, y es probable que al siguiente día se angustien cuando regresen de nuevo a la escuela.
Al recoger al niño, debemos saludarlo con alegría, sin mimarlo, y platicar con él acerca de lo que pasó durante la mañana. No olvidemos felicitarlo por lo que logró: ya es un niño grande.
Incluso si nuestro niño estuvo contento en la escuela, al día siguiente puede encontrar difícil el momento de la despedida.
Si solo se trata de ese momento, no debemos tomar demasiado en serio sus lágrimas pasajeras. Lo más probable es que, una vez que comiencen las actividades del día, el niño se olvide de sus papás y se integre al grupo.
Sin embargo, será necesario observar la intensidad de su llanto y descartar cualquier situación penosa para él. ¿Otro niño lo molesta o lo golpea?¿ Se siente incompetente? ¿No logra entenderse con su maestra? ¿Le está afectando alguna circunstancia difícil en la familia, como el nacimiento de un hermanito o tensiones entre sus padres?
Si el niño no quiere ir a la escuela y en las mañanas le duele la cabeza ó el estomago, es necesario hablar con su maestra y hacerle ver con claridad que, para nosotros , es fundamental que nuestro hijo disfrute la escuela.
Pero no debemos aceptar que el pequeño deje de asistir a clases a menos que veamos que definitivamente no está maduro o que se siente muy angustiado, y decididamente esperar hasta el siguiente ciclo escolar para volver a inscribirlo, siempre y cuando no lo privemos de la educación que requiere a su edad.
Aun si nuestro hijo se ha adaptado bien a la escuela, puede ser que en casa necesite dar un paso atrás
Si el niño despierta en la noche, hace berrinches, come mal o no quiere vestirse solo, es posible que sea tan difícil lo que está viviendo en la escuela que quisiera que en casa todo fuera más sencillo. Podemos darle permiso de explotar, dejarlo portarse como un bebé, hacerlo sentir en un lugar seguro y amoroso donde se sienta aceptado.
Si no lo presionamos, pronto será capaz de gozar y aprovechar las oportunidades de experimentar, jugar y aprender que le brinda la escuela.
PRÓXIMO: ¿QUE APRENDE EL NIÑO EN PREESCOLAR?

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