Rosemberg Román
Con mucha frecuencia en charlas o entrevistas me cuestionan acerca de cómo nombrar correctamente a las personas con discapacidad (PCD’s), algunos incluso intentan corregirme porque en lo particular hago uso del término «discapacitado» para referirme a tales sujetos. En estos tiempos es inverosímil que aun no se hayan puesto de acuerdo aquellos que manejan los programas hacia la discapacidad, de siquiera como nombrar a esta condición de manera simple, representativa y unificadamente, desde ahí comienzan otros muchos problemas vinculados a lo psico-social.
En general por esa ignorancia colectiva que caracteriza nuestras sociedades, siempre se dio por llamar a aquellas personas que se encontraban en condición de discapacidad como «discapacitado», «minusválido» e incluso «inválido», el último término es por demás incorrecto , fruto de la cultura machista más que la razón. El término «minusválido» es un término muy correcto, pero sólo en situaciones en que el sujeto presenta limitaciones o imposibilidades en sus capacidades ubicado en ciertos escenarios sociales, por ejemplo un sujeto con un pie amputado no podrá ser corredor de carreras, pero en todo lo demás es alguien común. El minusválido no es discapacitado, y aunque el término se asocia a un «menos valor» en realidad se refiere a la «disminución o limitación de una capacidad» y nunca al valor humano del sujeto.
Hace algún tiempo a «alguien que tenía nada que hacer» se le ocurrió importar el término «capacidades diferentes» para referirse a un sujeto con discapacidad, a su juicio y el de muchos, es un término muy bueno porque resalta las «capacidades diferentes» que no tienen los normales. Es decir y como ejemplo, una vez en un programa de TV al que acudí, oí decir a una chica sin brazos que ella tenía una capacidad diferente porque pintaba con los pies y «eso» era diferente a pintar como los otros. Muchos creerán esto cierto, la realidad es que «capacidad» y «habilidad» son cosas distintas, la capacidad de pintar la tenemos todos, desde un bebe que mancha las paredes hasta un Picasso con sus obras maestras, es la habilidad de pintar la que es diversa, y la habilidad para hacerlo bien lo que concede valor, pero habilidad no es capacidad y en ese sentido la chica no posee una capacidad diferente, sólo una habilidad diferente.
Peor que eso, el origen real del término es una idea «importada», en Estados Unidos y los países de habla inglesa el término para referirse a las PCD’s era comúnmente «disabled people», «dis-abled» es lo contrario de «en-abled», enabled se traduce como «habilitado, capaz, activado, apto», por tanto disabled es «deshabilitado, incapaz, desactivado, no apto». Aunque también usaban otra: hándicap que se traduce como «limitación, estorbo, desventaja», a la gente de allá no le gustan mucho esas ideas por contener un alto sentido peyorativo negativo, por eso comenzaron a utilizar el término «different capable people» cuya traducción literal es «persona con capacidades diferentes».
En aquellos países ese término es más o menos válido porque el inglés carece de palabras adecuadas para nombrar esta condición humana, pero en español y Latinoamérica esté término es en mucho absurdo, ambiguo y obsoleto. Uno de los grandes problemas en el manejo del tema discapacidad ha sido el querer apoyarlo por el lado de la conmiseración para evitar herir sensibilidades, bajo este ideal han querido evitar usar el término «discapacitado» que por sí mismo es meramente un adjetivo, carente de todo sentido peyorativo o juicio sobre el valor del individuo. Es como decir a alguien que gusta de personas de su mismo sexo «homosexual», lo que de ningún modo incluye el juicio de ser bueno, malo, capaz, incapaz, tonto o sabio, etc.
Lo peligroso de usar el término «capacidades diferentes» resulta en que por ser un término demasiado ambiguo, no representa de ninguna manera a la condición de discapacidad, no sirve para diferenciar a los discapacitados como grupo social del resto de grupos que conforman a la sociedad. En un ejemplo que he dado muchas veces: «Si mañana el gobierno dice: se les dará un apoyo de 10 mil pesos mensuales a todas las -personas con capacidades diferentes-, pues alegrémonos TODOS porque todos sin excepción tenemos capacidades humanas diferentes y de ningún modo se están refiriendo a aquellos que padecen alguna limitación o carencia de alguna capacidad humana». Lo correcto es llamar a tales sujetos como «discapacitados» porque en realidad el término «discapacidad» se refiere exclusivamente a la carencia, limitación o disminución de una capacidad en las funciones y capacidades humanas necesarias para realizar una vida socialmente normal, «a eso y sólo eso» aquel que se sienta herido proyecta más una falta de aceptación que un conocimiento de causa.
Como siempre los medios de comunicación han sido la base sobre la cual «esa gran idea» se difundió como pólvora, haciendo que hoy día sea hasta pecado no usar el término capacidades diferentes, ojalá estos mismos medios y personalidades una vez conociendo el fondo de la situación abonen para corregir y promover el buen uso del término discapacitado. Cuando digo «conejo» todos traen a la mente aquel tierno y orejón animalito; cuando digo caballo, automóvil, negro, gordo, francés, brasileño, todos asocian tal palabra a una imagen mental pre-asignada. Pero cuando digo «capacidades diferentes» estoy seguro muy pocos lo asocian a una persona con alguna de las diversas discapacidades, la razón es que aun de estos tiempos no se han puesto de acuerdo ni sociedad ni discapacitados en como nombrar a este colectivo social. Su importancia trasciende la idea de lo común, en realidad sus consecuencias están vinculadas y originadas en aspectos psico-sociales muy profundos que son tema de otras notas como la presente. Ilustrando un poco esta relevancia diré por ejemplo: «si no sé cómo me llamo, no sabré quién soy, si no se quién soy no sabré mis necesidades respecto de los demás». Y si como grupo no es identificable, toda intención de apoyo será por demás ambigua. No por nada lo primero por asignar a un niño al nacer es el nombre.
