Destripados y abandonados

Roger Díaz de Cossío

Las escuelas particulares se preocupan cuan-do sus alumnos desertan o no se reinscriben, porque de las colegiaturas depende su ingreso monetario. Las escuelas y sistemas públicos nunca lo han hecho, salvo en fechas singulares, cuando han creado programas para los desertores y desfavorecidos. Esta despreocupación ha tenido enormes consecuencias para el futuro de nuestro país.
Los programas para desfavorecidos más evidentes e inútiles han sido las campañas de alfabetización en las cuales, desde los años veinte, han participado cientos de miles de personas y el país ha gastado decenas de millones de pesos, sin ningún resultado. Los analfabetas siguen siendo los mismos, los seis o siete millones que eran en 1910. Es curioso que nadie se haya dado cuenta que la habilidad simple de leer y escribir se pierde por desuso. Si una persona no necesitaba practicar la lectura antes de ser alfabetizado, y sigue con su misma vida diaria, pierde la habilidad de escribir una carta, que es todo lo que se proponían las campañas de alfabetización, desde Torres Bodet hasta nuestros días.

La preocupación por los destripados y abandonados resurgió en 1980, cuando ya se habían acumulado más de 27 millones de personas mayores de 15 años que no habían terminado la secundaria, la primaria o que eran analfabetas y entonces se decidió crear al Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, en 1981, como organismo descentralizado del Estado con personalidad jurídica propia. Excelente idea, pero con una historia de vicisitudes. Primero, entró de lleno en la crisis económica de 1982 y su presupuesto se redujo. Después ha hecho labores encomiables en toda la República, pero nunca suficientes. Los desertores lo han rebasado, son ahora 32 millones y la cifra sigue creciendo cada año. El presupuesto del INEA es menos de 1% del gasto educativo. Además existe ahora otro rezago, el de los mayores de 18 años que no han terminado el bachillerato. Son unos 12 millones y no sabemos qué hacer con ellos.

La razón fundamental por la cual el rezago sigue aumentando es la ineficiencia de la secundaria escolarizada. Más de 20% no terminan el ciclo cada año: 300 mil jóvenes se incorporan cada año al rezago.

Por otra parte, en el bachillerato cubrimos únicamente 60% de la población de la edad, 15-18 años, y como la mitad no terminan, abandonan la escuela. Si se trata del nivel superior, de licenciatura, nuestra eficiencia es de poco más de 40%. Debemos preocuparnos por los desertores. ¿Qué se puede hacer para que los alumnos terminen los ciclos?

El sistema educativo público se ha desentendido de este problema con el argumento de que la razón principal por la cual los alumnos abandonan la escuela es económica. Sus padres no tienen suficiente dinero para mantenerlos en la escuela. El argumento es cierto, pero sólo relativamente. Las razones económicas no explican el total de la deserción, quizá ni la mayor parte.

Dos grandes razones contribuyen a explicar la deserción: la rigidez e inamovilidad de los planes de estudio y su impertinencia.

En secundaria tenemos el mismo plan para toda la República, un plan todavía enciclopédico y memorístico que igual se trata de aplicar en la ciudad de México y en Monterrey que en la telesecundaria rural número 43 de Campeche, en el Nuevo Becal del municipio de Calakmul que tiene 27 alumnos y dos docentes para todas las materias de tres grados.

Sin duda, el plan para Calakmul es bastante impertinente. Si les dieran clases de coreano en Campeche sería lo mismo para ellos que muchas de las materias de secundaria. Y no hay de otra para acreditar la secundaria. En bachillerato tenemos cientos de planes de estudio, todos distintos pero iguales, enciclopédicos, todos rígidos. Si entras a uno, ya no te puedes cambiar porque pierdes lo estudiado. No son flexibles, no permiten cargas reducidas para los alumnos que trabajan. Todo hay que llevarlo, no hay opciones. En la educación superior las carreras son como tubos de acero de los que no te puedes salir sin perder todo.

Las grandes repuestas están en la flexibilidad y en la pertinencia de lo que se estudie. Estas características no están en nuestro sistema. Ojalá las podamos inducir.

rogerdc@prodigy.net.mx

Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana

¡Comparte la nota!