Despunte

René Delios

Seguramente recordarán la mini campaña que desató Alma Rosa Simán en contra de Bayardo Robles unos días después de que se diera el resultado final de las elecciones del 5 de julio pasado.
De acuerdo a esto se le acusa de traidor pues, Robles, negoció con sus seguidores priistas para que apoyaran a Pío López Obrador, razón esta que motiva la campaña de expulsión del tuxtleco –que debería incluir a todo su séquito-, con no muy buenas relaciones con el actual régimen, tanto en el gobierno como en su partido, el PRI, en dónde de plano le pusieron descaradas trabas para que no fuera él, en vez de Simán, el candidato a diputada federal por el IX Distrito, luego de que ésta impugnara la primera determinación de la convención que favoreció a Bayardo Robles, del que los especialistas señalaban que la tenía segura incluso aun por encima de Ariel Gómez, el Chunko, que finalmente fue el triunfador en ese distrito de la disputa. Total que ni con la ayuda de Robles Riqué pudo ganar Pío López Obrador, que es la queja de traición de Simán Estefan, más para justificar un porqué de su derrota, que tiene que ver mucho más con efectos del apadrinamientos y movilidad de recursos no siempre económicos, y sí completamente estructurales.
Ahora, no estará priista alguno representando al XI Distrito federal electoral, como tampoco por el VI –ambos de la capital del estado-, que ganó la panista Mirna Camacho, en una suerte calculada que envía a dos no políticos a una de las legislaturas quizás crucial para la próxima mitad del siglo mexicano, ante la necesidad de modernizar el marco jurídico nacional, y no quedarnos en el rezago económico como estamos.
Ahora, a ambos, como parte de la minoría PRD-PAN, les tocará lo que es la experiencia del carro completo, aplicada por el viejo dragón tricolor, cuyo estruendo se volvió a sentir en el país la noche aquella en que las cifras del PREP le iban dando contundencia a su renovada presencia nacional, aunque en Chiapas el asunto fue a la inversa, y el PRI perdió y nadie pidió abiertamente y en campaña, la cabeza de doña Arely Madrid.
Regresando, desde que se anunció la lista de candidatos a diputados federales por parte del PRI, se gestó un movimiento interno para obligar a Beatriz Paredes Rangel a coordinar la fracción en la LXI Legislatura: sacarla del PRI era el objetivo.
Apoyado por gobernadores y los principales activos del partido, el movimiento tenía como intención restar poder a la presidenta del organismo político, ubicándola en una de las posiciones que pretendía mantener. Por eso consciente de ello, Beatriz mantiene desde hace cuatro meses una guerra de nervios que tiene en ascuas a los poderosos gobernadores, al no decidir por cuál de las dos posiciones optar.
Beatriz está gozando lo que considera como un triunfo personal, el contar con la bancada más amplia de las últimas legislaturas, por lo que disfruta de esa victoria que posiciona a su partido con amplias posibilidades de recuperar en tres años más la presidencia perdida. Y es que Beatriz se sabe colocada entre los tres priístas con mayores posibilidades de abanderar a su partido en el 2012.
Mantiene la moneda en el aire, ya que en su horizonte no vislumbró el coordinar a su bancada en la LXI Legislatura, lo que ya hizo en el pasado, ni mucho menos presidir la Cámara de Diputados, situación que realizó hasta en tres ocasiones.
De que es chingona ni duda.
La presidenta del PRI pretende mantenerse en su actual cargo y desde ahí operar todo, el partido y su bancada, siendo una diputada más -ni tanto- de su fracción. Desde el momento mismo en que se registró en la lista de plurinominales, Beatriz fingió una modestia lejana de tener, al ubicarse en el segundo lugar de la lista de candidatos y no en el primero como debía corresponder a su jerarquía de presidenta del partido.
De colmillo retorcido la ñora.
Situada en esa posición, consideró no atraer demasiado los reflectores y dejar correr distintas versiones, como sucedió en el terreno de los hechos, primo. Sin embargo, esta estrategia no fue aceptada por sus detractores que esperaron el momento oportuno para exigirle definiciones y la trabaron.
Ahora ya con una bancada de 237 diputados pertenecientes a su partido que sumados a los 22 de su aliado, el Partido Verde, los convierten en mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, Beatriz se mantiene al frente del priismo y opera desde ya con miras al próximo año, en que habrá elecciones en diez estados, que sumados a los cinco que ganó en éste, la pone en primera mano para decidir quiénes serán los candidatos a los gobiernos de esos estados.
Se dice que la ñora Paredes tiene al menos doce gobernadores priistas en su manga, incluyendo los cinco recién que toman posesión antes de fin de año, y cinco de los diez –de ganar todos- a elegirse en 2011. Estaríamos hablando entonces de los nuevos 237 diputados federales, 22 gobernadores estatales, que bien podrían influir en alguno de los 32 senadores priistas en Xicotencatl nueve, para postular a la ñora para la grande, compadre.
De esa forma, Beatriz sería una precandidata presidencial con mayor fuerza que la actual, si se confirma la victoria de los candidatos de su partido en la elecciones estatales de 2011, pues el PRI mantiene mayoría en siete de ellos -Veracruz, Puebla, Oaxaca, Sinaloa, Tamaulipas, Chihuahua y Durango-, mientras que otros en dos -Aguascalientes y Tlaxcala- son gobernadas por Acción Nacional y el Partido de la Revolución democrática administra el otro: Zacatecas.
Beatriz Paredes ve todo el panorama desde sus oficinas ubicadas en el edificio de Insurgentes norte.

¡Comparte la nota!