Fredy López Arévalo
Ayer, 22 de marzo del 2009, el gobernador Juan Sabines Guerrero pronunció un mensaje memorable.
Le habló al pueblo de Chiapas desde lo más profundo de su corazón.
Apeló a la razón. Que nadie se equivoque, que nadie se llame a engaños: el discurso de Juan Sabines Guerrero marca un hito en la historia de Chiapas.
¿Era necesario poner los puntos sobre en la íes?
Parece que sí.
Quien no entienda el momento histórico por el que transitamos, es ciego o es pendejo.
No es lisonjearía barata; no es propaganda progubernamental.
Ya algunos amigos han criticado mi proclividad al régimen.
¿Cómo no apoyar un gobierno inspirado en los más profundos valores democráticos?
Juan Sabines Guerrero está haciendo historia, que no quepa dudas.
Reproduzco un fragmento de su discurso:
“Quiero decirles que nuestro estado por décadas ha sido señalado por líderes de opinión, organismos no gubernamentales, analistas, agencias internacionales, como uno de los lugares donde el respeto inalienable a los derechos humanos no ha sido una práctica común. Por décadas el autoritarismo se volvió una costumbre, la discriminación el pan de cada día, donde la convivencia entre las diferentes creencias y modos de pensar ha sido sinónimo de conflicto y en ocasiones incluso de tragedia.
“El autoritarismo resuelve la crítica con represión, con cárcel o desapareciendo a periodistas, luchadores sociales, líderes religiosos e incluso se afecta también a los organismos de derechos humanos no gubernamentales. En ese contexto, iniciamos esta administración el ocho de diciembre del 2006, y comenzamos a lado de la sociedad la construcción de un proceso de reconciliación basado en el respeto a las diferencias y a los derechos humanos.
“Convocamos a la unidad basado y respetando siempre, la creencia, el sentir y pensar de cada quien. La unidad basada en la gran coincidencia de que todos, sin excepción merecemos un estado con condiciones de vida más digna, sustentable y que pueda ser el más justo patrimonio para las próximas generaciones.
“La reconciliación entre chiapanecos es la piedra angular para construir la anhelada unidad.
“Y una de las demandas más sentidas de la sociedad y de los organismos de derechos humanos no gubernamentales, al inicio de mi mandato, fue la recurrente denuncia de presos, de presas, autodenominados de conciencia, o que se presumían inocentes, o que exigían revisar sus procesos o sentencias, pues consideraban que habían existido algún tipo de vicio en su proceso judicial.
“Ese proceso de reconciliación, incluyó entre otras acciones, la instalación de una mesa para revisar los expedientes y sentencias de los reclusos que los organismos de derechos humanos no gubernamentales, organizaciones sociales, asociaciones religiosas y la sociedad en general demandaba su libertad.
“La Mesa de Reconciliación encabezada por el Poder Judicial, ahora denominado Tribunal Superior de Justicia del Estado, incluye la representación del H. Congreso del Estado, a través de la Comisión de Justicia y de la Comisión de Derechos Humanos del Poder Legislativo. Así como la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Chiapas, la Procuraduría General de Justicia del Estado y la Secretaría General de Gobierno.
“La Mesa de Reconciliación, su causa no es ni será la de liberar delincuentes. Si no de liberar, en estricto apego a derecho y en una acción de justicia y humanidad a quienes fueron víctimas de procesos judiciales viciados o que en su momento no tuvieron el legítimo derecho de audiencia y de una defensa que se asumiera como tal, que fuera de un abogado o que por los menos la defensa hablara su propia lengua.
“Este proceso de reconciliación será permanente durante toda mi administración, reconociendo con ello que estas 615 personas liberadas no son todas las que merecen la libertad. Sin duda alguna debe haber más y por ello exhorto a la Mesa de Reconciliación a instalarse en Sesión Permanente el día de mañana para recibir las solicitudes de revisión de expedientes y sentencias, y que incluya la representación de los interesados.
“Para iniciar este proceso en cada caso no es necesario como se ha demostrado realizar manifestaciones, ni plantones, ni huelgas de hambre, ni mecanismos de autoflagelación, pues las manifestaciones son para ser escuchados y este gobierno escucha, está escuchando estas demandas.
“Como la situación de los reclusos no es patrimonio de nadie y mucho menos botín político, la Mesa suspenderá el proceso de revisión de aquellos internos que sus defensores o promotores o por si mismos utilicen acciones para intentar presionar a la Mesa. Cuando las dos partes están dialogando y tienen compromisos de resolver, este tipo de expresiones vulneran el proceso de revisión. La Mesa no debe actuar bajo ningún tipo de presión de nadie, sino con estricto apego a Derecho y promoviendo siempre la justicia”.
¿Cómo no apoyar un gobierno inspirado en los más profundos valores democráticos?
Como ya lo dije antes, quien no entienda el momento histórico por el que transitamos, es ciego o es pendejo.
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De la crisis del agua a la crisis de la basura. San Cristóbal de Las Casas vive el peor de los gobiernos municipales que pueblo alguno se puede dar por voluntad soberana.
Aunque yo tengo mis dudas.
Creo que se impuso de manera amañada.
Pero lo que es peor, es la indolencia popular.
Es superlativa.
De eso se valen.
Una semana sin agua y no pasó nada.
Ahora, ya van cuatro días sin servicio de recolección pública de basura.
La versión oficial es que un grupo de ejidatario retuvo ocho camiones, porque el alcalde Mariano Alberto Díaz Ochoa no les ha cumplido con la pavimentación de un camino.
Obvio, Mariano Alberto Díaz Ochoa culpa a los campesinos.
Cada año se repite la historia: los ejidatarios permiten que el Ayuntamiento tire en sus tierras la basura que se genera en la ciudad (unas 200 toneladas diarias) a cambio de obras públicas.
Es lo justo.
No podría entenderse de otra manera.
Lo peor es que las autoridades lo saben, y lo asumen, pero dejan que el problema llegue al límite, como en el caso del agua.
Se busca tapar el pozo luego de ahogado el niño.
Veremos y diremos, pero por lo pronto muchos ciudadanos han sacado su basura a las esquinas.
Así, excepto el centro histórico, que es lo que el visitante ve, San Cristóbal de Las Casas semeja un muladar.
