Fredy López Arévalo
Reprimir a los grafiteros, encarcelarlos, no soluciona el problema.
Por el contrario lo agrava.
Para quien no lo sabe, el graffiti es una serie de inscripciones o signos anónimos dibujados o pintados en paredes y muros, cuyo objetivo principal es testificar la presencia de su autor en un lugar determinado, en un barrio, en una colonia, en una ciudad.
El grafitero busca retar a la autoridad, es su meta, su objetivo; por ello busca la oscuridad de la noche para manifestarse, para plasmar su mensaje de forma furtiva.
Es la respuesta de los jóvenes a los gobiernos autoritarios, como el que hoy administra el Ayuntamiento de San Cristóbal de Las Casas.
Es un símbolo de rebelión, de rebeldía, de protesta.
Pero aquí se les persigue, se les encarcela, según la autoridad, por atentar en contra de la propiedad privada.
Pero por ignorante y autoritario, el gobierno municipal podría estar violando derechos individuales, derechos humanos.
El pasado fin de semana, por ejemplo, la policía municipal reportó la aprehensión de 15 grafiteros, incluidos algunos extranjeros.
Se intuye que se les acusa de daño en propiedad ajena, por pintarrajear paredes y muros.
Pero debiera existir denuncia previa, y consecuentemente una orden de aprehensión girada por autoridad competente.
La Constitución General de la República es muy específica: nadie puede ser privado de su libertad sin orden judicial previa; la persecución de delitos es facultad exclusiva del ministerio público; esto es por la policía judicial, no por la policía municipal o de transito y vialidad.
Tratándose de extranjeros, el Ayuntamiento municipal podría generar un conflicto de carácter internacional, por ejemplo, una queja diplomática que podría ocasionar sanciones, una advertencia al viajero o una prohibición a que sus conciudadanos visiten nuestra ciudad, lo que traería consecuencias negativas a la empresa turística y al ingreso de divisas a la entidad.
A diferencia de lo que acontece en San Cristóbal de Las Casas, donde se persigue y se encarcela a los grafiteros, en Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado, el Ayuntamiento municipal reglamentó el graffiti en la zona urbana.
Esto desde el 20 de febrero del 2006, cuando el ahora gobernador de Chiapas, Juan Sabines Guerrero, era alcalde de esa ciudad.
Ahí, el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, en Sesión Ordinaria, reconoció que en el territorio municipal era una realidad tangible, pública y notoria, el incremento de los llamados “graffiti” dentro de la zona urbana de esta ciudad, por lo que lo reconoció como una forma de expresión urbana, que pretende hacer públicos nombres, hechos, sentimientos e ideas a través de mensajes gráficos plasmados sobre un muro, muchos de ellos con la firme intención de lograr en el receptor una toma de conciencia de su entorno social.
El reglamento municipal de Tuxtla Gutiérrez llama graffiti a varias formas de inscripción o pinturas, generalmente sobre propiedades públicas o ajenas (como paredes, vehículos, puertas y mobiliario urbano) realizado con pintura de spray.
Por ello, el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, en pleno, consideró necesario la existencia de un Marco Reglamentario, con fundamentos de vinculación bilateral, imperativos y obligatorios, para enfrentar el fenómeno del graffiti, ya que se había incrementado el daño a las propiedades de los habitantes del Municipio.
Se buscó entonces encausar la expresión de los jóvenes sin que los habitantes de la capital del estado continuaran sufriendo deterioro en sus bienes, y establecer normas a las cuales debían sujetarse las personas que realizaban graffiti (pintas, taggers, dibujos, emblemas o cualquier tipo de trazo en las paredes, bardas, casas, locales comerciales, edificios públicos, puentes, monumentos, transportes de servicio público o privado).
Así, el Ayuntamiento por medio de la Secretaria de Desarrollo Social, a través de la Dirección de Difusión Cultural, y el Instituto Municipal de la Juventud se propuso fomentar el talento cultural de los ciudadanos que practiquen dicha actividad y determinó espacios específicos para que los graffiteros desarrollen sus habilidades, destrezas y creatividad, con programas y proyectos con temática propositiva diversa.
¿Por qué el Ayuntamiento de San Cristóbal no sigue ese ejemplo, en vez de reprimir y encarcelar a nuestros jóvenes?
Medicina tradicional o herbolaria
La preservación de sus ritos y creencias a través de la práctica y la enseñanza y el uso de hierbas medicinales, es una práctica viva en casi todas las regiones de Chiuapas.
La Organización de Médicos Indígenas del Estado de Chiapas (OMIECH), desarrolla y produce medicamentos a base de yerbas con propiedades curativas.
Los médicos indígenas de la OMIECH han establecido jardines etnobotánicos en la región y han desarrollado una base de datos sobre las propiedades curativas y los usos medicinales de las plantas de los Altos de Chiapas.
El conocimiento etnobotánico médico es más generalizado y utilizado entre la población indígena, entre quienes es compartido en el seno familiar para el tratamiento de las enfermedades comunes.
La medicina de nuestros antepasados aún se continúa usando por los diferentes grupos étnicos chiapanecos, herederos del conocimiento de las propiedades curativas de las plantas y sus fórmulas o combinaciones, permitiéndoles seguir transmitiendo este saber a las nuevas generaciones.
Victorio Vázquez García, es un Ilol, o pulsador, hombre de 66 años de edad, originario de Chenalhó, Chiapas.
Las cuatro décadas que tiene como sanador le han adjudicado un reconocimiento a su eficiencia, capaz de curar las mismas enfermedades que un médico alópata, pero sin ningún tipo de medicamento. Un pulsador dice: Puede abrirse paso al mundo invisible y enfrentarse a él para rescatar el alma del enfermo que está prisionero
El diagnóstico lo hago por medio del pulso. Cuando pulso siento una corriente de sangre que va del corazón al pensamiento, todo se sabe por la sangre, y yo oigo su voz, que me dice cuál es el mal del enfermo.
A través de los siglos, los mayas han desarrollado un conocimiento médico amplio y complejo. Se estima que existen más de 6000 especies vegetales en el área y miles de ellas son usadas tradicionalmente por los mayas para tratar enfermedades.
Algunas de ellas han sido estudiadas para comprobar si pueden ser efectivas en enfermedades como cáncer, dolencias asociadas al VIH/SIDA, desórdenes del sistema nervioso central, enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, respiratorias/pulmonares, cutáneas y como anticonceptivos.
