Decisiones apresuradas en la ciudad

Gabriela Cuevas
Según datos de la Comisión para la Gestión Integral de los Residuos Sólidos, en el Distrito Federal se generan alrededor de 12 mil 500 toneladas diarias de basura, mismas que hasta hace unos días iban a parar al relleno sanitario del Bordo Poniente, generador del 15% de los gases de efecto invernadero que produce anualmente la ciudad.
Aunque el cierre del Bordo Poniente exigía la búsqueda de nuevas políticas de minimización, generación y disposición de residuos, las autoridades centraron su atención en mandar la basura a rellenos ubicados en el Estado de México y Morelos sin preocuparse en dar una solución ecológicamente responsable. Las autoridades continuaron la tendencia de plantear el problema de los residuos sólidos en términos de su eliminación sin considerar cuestiones como el reciclaje, la reutilización y el aprovechamiento energético.
El resultado de estas decisiones fue la acumulación de basura en monumentos y calles del Distrito Federal durante las fiestas decembrinas.
El cierre inminente
Ante su inminente saturación, el cierre del Bordo Poniente se analizó por muchos años. Este escenario conllevaba la búsqueda de soluciones para aprovechar los residuos urbanos que se generan en esta gran urbe, como la creación de un Centro Integral de Reciclaje y Energía (CIRE).
Dicho proyecto se planteó desde el año 2008 para ofrecer una opción integral al manejo de la basura mediante la utilización de tecnología que permitiera reciclarla y obtener energía de la misma. Sin embargo, el proyecto se congeló y el gobierno se quedó con la alternativa de elegir un nuevo sitio de disposición final o confinamiento.
Lo anterior, sumado a la obsolescencia de los camiones recolectores (unos con más de 20 años de operación), a las distancias que se tienen que recorrer para la disposición final de la basura, así como al incremento de 5% que se ha registrado en la generación de residuos urbanos; ha conllevado una insuficiente recolección de basura que ha forzado a la población a crear tiraderos clandestinos y acumular basura en las avenidas y espacios públicos de la ciudad.
Así las cosas, se está perdiendo la oportunidad de aprovechar residuos inorgánicos que son potencialmente reciclables y que tienen un alto valor energético, pues el 87% de los residuos colectados se confinan mientras que sólo un 10% se recicla y un 3% se utiliza como composta.
Lo que falta
Aunque el Plan Verde contempló como uno de sus objetivos la implementación de un sistema sostenible e integral de manejo de residuos sólidos con una meta de utilización de los residuos para la generación de energía a partir del año 2009, estas tareas se van a endosar de manera irresponsable a la próxima administración.
Es sorprendente que el cierre del relleno sanitario del Bordo Poniente se hubiera formalizado sin antes haberse diseñado un plan que estableciera medidas para el procesamiento adecuado de la basura. La falta de planeación ha forzado a las autoridades a que a unos días del cierre todavía sigan evaluando la instalación de máquinas compactadoras y la ubicación de depósitos temporales en otras entidades federativas.
De manera opuesta a lo realizado, los esfuerzos deben centrarse desde ahora en recuperar el valor económico de los residuos mediante el reciclamiento, la producción de biogás en rellenos sanitarios, o bien, a través de tratamientos térmicos como la incineración y la gasificación.
Para avanzar en esta dirección también se requiere la cooperación y participación de los ciudadanos mediante una nueva cultura ambiental. Se trata de dar una solución real con conciencia ambiental y con criterios de sustentabilidad para la ciudad.

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