DE FACTO

MIGUEL ANGEL CULEBRO ACEVEDO

EL FLAGELO>

La Agencia de Servicios Informativos de Chiapas (Asich) envió un despacho a los medios impresos y electrónicos de este rincón del sureste mexicano, en el que da a conocer el análisis que plantea José Luis Cruz Hernández, presidente del Grupo Unidos Por Chiapas, organismo de la sociedad civil, al afirmar que “la pobreza ha sido administrada para fines políticos y de grupos, por lo que no se ha impulsado la idea de generar riqueza para acabar con el flagelo de la mayoría de la sociedad”, documento que resulta por demás interesante retomar para esgrimir en el marco de la pobreza que desde siempre viene golpeando a los chiapanecos. Por principios de cuentas, José Luis Cruz, quien aleja del análisis el interés partidista o puramente político, en el marco del Día Mundial de la Pobreza, explica que se está enseñando a la sociedad a pedir y recibir y mientras se siga dando paliativos no se podrá resolver el complejo problema de la pobreza, toda vez que no existen proyectos confiables para acabar con ello.

Le asiste toda la razón, partiendo que la pobreza no solo se da en términos de economía, sino abarca de facto las circunstancias socioeconómicas que los gobiernos han evadido para cimentar polos de desarrollo, partiendo de la cultura de los pueblos, misma que utiliza como pretexto para mantener en las mismas circunstancias al resto de las comunidades.

La característica en Chiapas es que cuenta con más de 20 mil comunidades dispersas en toda su geografía, con asentamientos de menos de 100 familias, de identidad étnica, con culturas ancestrales que no les permite aceptar las condiciones de desarrollo, mientras que a la par, esta situación es pretexto suficiente a los gobiernos en sus tres instancias, para mantenerlos en el rezago.

No obstante, de acuerdo a cifras oficiales, hay en esta entidad, más de 20 comunidades con más de 50 mil habitantes, de los 118 municipios, a los que se les mantienen también en el rezago e inexplicablemente no están insertados en una dinámica de progreso que permita reactivar la economía de cada región.

Lo más grave, es que hay por lo menos seis comunidades con más de 100 mil habitantes, donde se acentúa el problema de pobreza, receptoras de inmigrantes de zonas rurales que vienen a aumentar las cifras, en condiciones más vulnerables que los citadinos. No existe en los anales históricos de Chiapas, la iniciativa de ningún gobernante que se haya preocupado por crear polos de desarrollo.

Como referencia nacional, Alfredo del Mazo González, en el Estado de México, cuando fue gobernador de esa entidad, creó polos de desarrollo, cuyo proyecto no solo resultó un éxito, sino que trajo consigo que se retuvieran las migraciones de zonas rurales a urbanas, en tanto la concentración de mano de obra calificada en zonas industriales, permitió elevar la economía, por lo menos del Valle Cuautitlán Texcoco, región metropolitana que lamentablemente se convirtió en la zona receptora de los expulsados habitantes pobres del Distrito Federal.

Me tocó observar de cerca las condiciones de progreso en el hoy llamado Valle de México, fui, incluso, actor en ese gobierno, que dio paso no solo a la infraestructura urbana, sino a la convocatoria de empresarios, grupos corporativos financieros e industriales, para a su vez, convocaron a los sectores productivos a unificar criterios y unirse para sacar adelante proyectos de inversión con financiamientos “blandos”, con “crédito a la palabra” y generar empleos.

Pero además fueron convocadas las empresas inmobiliarias que desde que llegaron al Estado de México, invitados por el gobierno que encabezó Alfredo del Mazo, jamás salieron de la entidad y siguen construyendo viviendas baratas, con tasas de interés flexibles y con la participación activa del gobierno estatal disminuyeron los engorrosos y difíciles trámites burocráticos, para asignar vivienda a los necesitados. Las han obtenido incluso quienes no tienen como comprobar ingresos fijos.

La modalidad que resultó todo un éxito, fue que el gobierno estatal, a través de lo que hoy es el Instituto de la Vivienda de Desarrollo Social (antes Auris), hizo alianza con empresas inmobiliarias, constructoras y la banca privada, para construir conjuntos habitacionales en renta, con opción a compra. Después de dos años de rentar los departamentos o casas de interés social, con mínimo 64 metros cuadrados de construcción, los inquilinos compraban las viviendas a 20 años, con pagos razonables, resolviendo con ello su parte el gobierno, de disminuir la pobreza y asegurar un patrimonio a las familias.

El éxito obedeció a que la iniciativa privada no tenía como fin principal enriquecerse con la venta de casas, sino contribuir con el gobierno a enfrentar un problema social, al que habría que encarar, para aumentar el estatus de las familias insertadas en esos polos de desarrollo. Por supuesto que esas casas fueron destinadas a familias pobres, que pudieran resolver el problema de rentas caras y mejorar su calidad de vida, haciendo rendir el gasto familiar, en tanto que cientos de empresas e industrias fueron asentadas con éxito, por las facilidades otorgadas por el gobierno de Del Mazo, ofreciéndoles no solo la disminución del pago de impuestos locales, sino el otorgamiento en comodato, terrenos del patrimonio estatal.

LOS YERROS

Si partiendo de la voluntad política del gobierno que Juan Sabines Guerrero imprime como sello para llevar a cabo los ejes rectores del Plan Estatal de Desarrollo, es menester, primeramente, otorgar un voto de confianza a los sectores productivos, a la iniciativa privada, para generar riqueza -utilizado este términos en la contra posición de la pobreza- para poder resarcir los rezagos en Chiapas.

No obstante, a su vez, la iniciativa privada debe poner su parte y dar un voto de confianza a los proyectos del gobernador y en lugar de buscar enriquecerse, en términos puramente económicos, podría enriquecerse generando empleos duraderos y bien pagados, aunque sus utilidades sean menores a las que aspira. Hacer con calidad y competitividad las encomiendas.

Con ese binomio de confianza mutua, podrá enfrentarse la pobreza, no con paliativos, sino con proyectos realizables y crear polos de desarrollo, para evitar “el pedir y acostumbrase solo a recibir” a costa del gobierno.

El secretario de Economía Eduardo Sojo Garza-Aldape, en su única visita a Chiapas hace unos cuatro meses, vino solo a escuchar a empresarios, sin traer consigo propuestas que generara el gobierno de Felipe Calderón, considerado como uno de los yerros que no permiten alentar a la iniciativa privada, pues a cuatro meses de su estancia en la capital chiapaneca, la situación de pobreza en este rincón del sureste mexicano ahora está peor, con una economía paralizada, cuyos estándares de pobreza aumentaron, con un mayor déficit en la vivienda, salud, educación y principalmente empleos.

Chiapas puede ser el bastión en el sureste, partiendo de la globalización y porque significa la alternativa para el gobierno federal y el reto para el gobierno estatal, no obstante, en materia de vivienda, los constructores deben participar en el compromiso social de hacer viviendas baratas, con menos márgenes de ganancias, para el sector mayoritario de la pobreza, que ello no implica que deje de construir viviendas para sectores que pueden pagar inmuebles con características distintas.

El gobierno de Juan Sabines puede aprovechar el compromiso contraído hace 72 horas por el presidente Felipe Calderón, con los estados de Oaxaca, Guerrero y Chiapas, para destinar recursos y enfrentar la pobreza, pero evitando los paliativos o como dice José Luis Cruz Hernández, “que no se administre para fines políticos o de grupos”…ahí está pues… ¡YA! Correo defacto2010@hotmail.com

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