DE FACTO

MIGUEL ANGEL CULEBRO ACEVEDO

¿JUSTICIA PARA LOS POBRES?

El nuevo magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, quien fuera electo ayer por mayoría, para ocupar el cargo que deja Genaro Góngora Pimentel, encuera al Poder Judicial, tras exponer sus motivos de por qué desea ser Ministro, actitud que se antoja de posicionamiento en plena campaña para ocupar el cargo, pero cargado de realidades que confirman el descrédito que se ha ganado a pulso la máxima autoridad judicial del país.
Además de calificar como “un grave problema” el acceso a la justicia para quienes menos tienen, por supuesto, dicho sea de paso -confirmado por el aspirante a impartirla-, abrió el abanico de la corrupción que ha imperado en ese Poder del Estado mexicano, donde se ha simulado la aplicación de la justicia, haciendo tardía o nula la que reclaman los pobres.

Arturo Zaldívar sustituye el cargo de mayor trascendencia que habría sustentado Genaro Góngora Pimentel, quien se destacó por más de 40 años en la Corte como un excelente jurisconsulto, erudito en la materia, pero que se vio envuelto en escándalos por la aplicación de la ley, frente a una serie de reclamos por obediencia presidencial, en tanto que de los rubros más atenuantes, seguramente también con línea suprema, logró que obtuvieran su libertad indígenas chiapanecos, encarcelados en el penal El Amate, a menos de cien kilómetros de la capital chiapaneca, desde hacía no menos de seis años por la matanza de Acteal. Como en la aplicación del derecho, fue atenuante a la actuación sospechosa que la Corte ha proyectado durante décadas.

En este sentido, quien ahora lo sustituye, sorprendió a los Senadores ayer, al exponer que la falta de acceso a la justicia, no solo es grave, sino que hemos presenciado una justicia elitista; es decir, en términos llanos, la justicia se ha vendido al mejor postor, porque como bien sostuvo Zaldívar, es tan elitista, “que trata diferente a quien tiene recursos que a quien carece de ellos”.

Inusual, y por supuesto, muy sorprendente para los tiempos de simulaciones en la política a la mexicana, el nuevo Ministro subió el tono de candente, a rojo vivo, tras alertar que en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ha imperado el poder del dinero, argumentando que la justicia solo ha sido pronta y expedita para los ricos, mientras que los pobres no solo ni tienen acceso a ello, sino que además, en el caso de atenderse el reclamo de ley, no se le da respuesta en los términos que la misma Constitución consagra las garantías individuales.

Para que los Senadores de la República hubieran aprobado la terna propuesta por el Ejecutivo Federal, en lo obvio, debieron calificar la probidad del aspirante y de hecho, su capacidad como docto en la materia del derecho constitucional, ciencia que traslada al imperativo de desterrar la corrupción en la aplicación de la justicia y de la que Arturo Zaldívar se comprometió ampliamente.

Textualmente diría ante los Senadores: “Me comprometo a trabajar por México y su gente con clara conciencia social, a conducirme de manera honesta y honorable y a cuidar la investidura, a actuar con prudencia, con responsabilidad y absoluta humildad intelectual, a abrir las ventanas de la Corte para que entre el aire nuevo de la sociedad, de los jóvenes, de la interpretación constitucional”.

En ese contexto, el nuevo Ministro dejó en claro que la Corte mantiene un rezago sorprendente y obliga a actualizar la aplicación de la ley, de tal manera que propuso de entrada que sea reformada la Ley de Amparo, que sea más congruente con la protección de los derechos humanos, que se aplique la ley de manera equilibrada, con valentía y prudencia y con sentencias más claras, breves y entendibles para todos los mexicanos.

Suena bien, habrá que conceder el beneficio de la duda a quien acaba de descifrar el enigma político de que la Corte no deja de ser una caja de resonancia donde está anquilosada la corrupción.

EL OTRO MINISTRO

En ese mismo acto protocolario, en el pleno del Senado de la República, también estuvo en la pasarela Luis María Aguilar Morales, quien obtuvo el visto bueno con la mayoría de votos de los legisladores federales; sorprendentemente usó el mismo tono, -como guión peliculesco- al comprometerse también a desterrar la corrupción de la Corte.

Seguramente no fue coincidencia y ello deja pues esa duda, que ambos van con la espada desenvainada, para demostrarle a Sergio Valls Hernández, Olga Sánchez Cordero García Villegas, José de Jesús Gudiño Pelayo, y al mismísimo Magistrado Presidente, Guillermo Ortíz Mayagoitia, que ni son los honestos jueces del máximo tribunal de la Nación que aplican la ley por parejo, ni mucho menos lo que sostuviera en su reciente informe de labores 2009, quien fuera hasta el 30 de noviembre pasado, presidente de la Primera Sala y que a partir de ayer pasó a formar parte de la Segunda Sala de la Corte: Sergio A. Valls Hernández.

Y es que vea usted lo que seguramente a los dos nuevos Magistrados no les gustó; con su reciente pasarela en la Corte del chiapaneco Sergio Valls Hernández, pues este sostuvo lo contrario por lo que se incorporan Arturo Zaldívar y Luis María Aguilar.

El Magistrado Valls, retirado de la presidencia de la Primera Sala dijo con especial énfasis en su informe: “Consideró que una vez más, con este informe de labores, se evidencia que transparencia, rendición de cuentas y promoción a la cultura constitucional constituyen los ejes rectores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación”.

Pecó en el exceso de vanagloriar su papel como entonces presidente de la Primera Sala, pues no perdonó la burla, al destacar que dicha sala a su cargo, mediante las resoluciones, “responde a los retos que la dinámica social y el estado de derecho exigen”.

A este respecto, sin duda le contestaría Luis María Aguilar ante los Senadores, que “La Suprema Corte de Justicia de la Nación no puede ignorar los reclamos de justicia del pueblo de México, ningún juez puede hacerlo si no presta oídos atentos a los reclamos de la sociedad, los tome en consideración, los pondera frente a la norma suprema y toma la decisión que su conciencia le dicte como la mejor”.

PABLO, ENTRE LOS INTOCABLES

En resumen, por doble compromiso de dudosa honorabilidad, el Magistrado Sergio A. Valls Hernández le ha fallado a los chiapanecos y a los mexicanos, al no incidir en la exacta aplicación de la ley y lamentablemente ha resuelto lo que su conciencia le ha dictado y de esa lavada de manos, como el pasaje bíblico, ha permitido que el demente ex gobernador Pablo Salazar Mendiguchía, goce de impunidad y no lo alcance la justicia, pese al reclamo popular, al reclamo social que el mismo Sergio Valls dice que se ha atendido en la Corte. Ni en el Supremo Tribunal, ni ante ninguna otra instancia, se ha hecho justicia por los excesos de Pablo Salazar, pese a los gritos por doquier, incluyendo a Senadores que han planteado la necesidad de que se aplique la ley, que se haga justicia a miles de pobres que lo perdieron todo tras el paso del huracán Stan, lo que permitió al dictadorzuelo con cargo de gobernador, amasar cuantiosa fortuna, en contubernio con el ex presidente Vicente Fox.

La conciencia del chiapaneco Sergio Valls, seguramente es gemela de la de Pablo Salazar, pues no se inmutan ante las denuncias sociales y los sustentos jurídicos para que la justicia llegue a los pobres; tal parece que se burlan de ella, haciendo gala a la corrupción que los nuevos magistrados aprobados ayer por el Senado, denuncian sin pudor… Sólo habría que cuestionar a Arturo Zaldívar y a Luis María Aguilar, si ¿voltearán a ver y escuchar los reclamos de los pobres de Chiapas?… ahí está pues… ¡YA!

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