MIGUEL ANGEL CULEBRO ACEVEDO
SI JUAREZ NO HUBIERA MUERTO
Ayer domingo, la Iglesia Católica informó que comenzará una campaña a partir de hoy, con el fin de promover reformas constitucionales, las cuales garanticen la libertad de religión en México. Armando Martínez Gómez, presidente del Colegio de Abogados Católicos de México, explicó que como parte de esta campaña se trabaja en una iniciativa ciudadana para reformar los artículos Tercero, 24 y 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Manifestó que “es muy importante que México reforme la Constitución: los artículos 24, el 130 y el tercero para que haya una verdadera libertad de religión, porque México sigue siendo un país restrictivo en esta materia y por eso está puesto el dedo en ese tema por parte de la iglesia”.
Insistió que los ministros de culto son ciudadanos que tienen derecho, tal y como los tienen el resto de los mexicanos, así como a asumir y expresar opiniones y posiciones políticas, no partidistas. Comentó que “todos los padres tienen derecho a educar a sus hijos. No simplemente la educación laicista que tenemos, debe ir mucho más allá de eso, que los padres puedan determinar si quieren educación religiosa para sus hijos y el Estado la pueda proveer”.
Asimismo, señaló que la iniciativa ciudadana se presentará en breve al Congreso de la Unión y a las legislaturas locales.
Por supuesto que ello es la iniciativa del cardenal Norberto Rivera Carrera, quien en su homilía de ayer, en la catedral de la ciudad de México, dio la pauta, tras enfatizar que “las tareas de los misioneros, quienes tienen que anunciar la paz, sanar a los enfermos y predicar el reino de Dios, diciendo que “no es fácil ante la creciente violencia, las sangrantes opresiones, marginaciones, injusticias y angustias que vive la sociedad”.
En este sentido, manifestó que se necesita “curar la llaga del cuerpo social y a rehacer su tejido luchando contra el hambre y la pobreza extrema, las epidemias, el analfabetismo y ayudando a los niños de la calle”.
¿LA REINVIDICACION DEL PODER?
Si tras ese anuncio, que no esconde, en este sexenio su terreno fértil para avanzar en una iniciativa que permita a los clérigos participar activamente en la política de México, sin duda pues estamos frente a un escenario que Benito Juárez restringió desde 1857, con la consolidación de las leyes de Reforma, intentando regresar al pasado y ver al futuro como decía Juárez.
A este escenario no se le puede restar importancia el interés de la Iglesia Católica de regresar por sus fueros, cuya manipulación llevó en los tiempos de la colonia a los mexicanos al cabal sometimiento, dividiendo al país en extremadamente pobres y ricos (los hacendados) y de los cuales, por supuesto, quienes aportaban más a la iglesia, como impuesto, eran los pobres, mientras que los ricos tenían toda la consideración de la forma de gobierno de entonces.
Por ello, es importante, amigo lector, (espero no le resulte aburrido, pero puede reflexionar mejor sobre el tema) y además obligado, hacer un poco de historia, de lo que seguramente el grueso de la población mexicana no tiene en mente, principalmente las nuevas generaciones, que en las escuelas han dejado muerto el legado juarista.
Según el historiador, Armando Ayala, en su libro Epopeya de México, Vol. II: De Juárez al PRI, México: Fondo de Cultura Económica. ISBN 868-16-7520-7 (tomo II). Editado en 2005, relata sobre las leyes de Reforma:
“Las primeras leyes reformistas se redactaron en la gestión de Juan Álvarez. Una de ellas la formuló Melchor Ocampo, referente a privar el derecho de voto a los miembros del clero; mientras tanto la llamada Ley Juárez, aprobada por Benito Juárez, trató de suprimir los fueros militares y eclesiásticos en los negocios civiles, por lo tanto los tribunales de las dos corporaciones, Iglesia y Ejército.
Juan Manuel Nepomuceno Álvarez Benitez, (nombre completo de Juan Álvarez) militar mexicano que fue pieza clave durante la mayoría de los conflictos armados del México independiente, desde la guerra de independencia hasta el derrocamiento del Emperador Maximiliano durante la Segunda Intervención Francesa. Ocupó varios rangos durante su servicio al país, siendo el más destacado el de Presidente de la república por un breve periodo en 1855, después de derrocar al dictador Antonio López de Santa Anna. El pueblo donde nació actualmente es la cabecera del municipio guerrerense de Atoyac de Álvarez, nombrado así en su honor.
Su gobierno fue fugaz pero brillante, logrando reunir a una generación excepcional: Ignacio Comonfort en el ministerio de Guerra, Melchor Ocampo en Relaciones Exteriores, Guillermo Prieto en Hacienda y Benito Juárez en Justicia. Con un respaldo así, en los escasos 38 días que gobernó tomó dos medidas conocidas como Ley Juárez que cambiarían el destino de México: la convocación al Congreso que elaboraría la Constitución de 1857, y la abolición del fuero militar y eclesiástico.
Álvarez sentía un profundo rechazo natural por la Ciudad de México y era ajeno a la vida urbana. Por este y otros motivos de salud personal, y luego de haber inculcado en Ignacio Comonfort los principios de las Leyes de Reforma, decidió entregar a éste el poder y regresar a sus dominios en Guerrero. Fiel a la república vivió para ver su triunfo definitivo en 1867; pero antes intervino activamente en la Guerra de Reforma apoyando a Juárez.
La Ley, expedida también en el período de Comonfort, prohibió cobro de derechos y obvenciones parroquiales (propinas, gratificaciones y limosnas), que hasta entonces exigían los sacerdotes a los pobres, considerándose pobres aquéllas personas que no obtuvieron a través de su trabajo personal más de la cantidad diaria indispensable para la subsistencia. El autor de dicha ley fue José María Iglesias. Estas leyes provocaron una fuerte reacción de los grupos opositores, el más grave fue el levantamiento que ocurrió en Puebla. Sin embargo estas leyes posteriormente fueron incorporadas al texto de la constitución liberal de 1857.
El gobierno de Ignacio Comonfort de ánimo conciliador y dubitativas acciones dictó en 1856 las leyes que dieron cauce a la promulgación de la Constitución.
Por esta ley el clero no perdía sus bienes, pero se le obligaba a venderlos a sus arrendatarios, considerando que la circulación de esa riqueza beneficiaría a la industria y al gobierno. Sin embargo los compradores podían pagar los bienes en tres quintas partes del valor convenido en títulos de deuda pública, que por su poco valor, se utilizaban para envolver pellejos en las carnicerías. Las otras dos quintas partes podían pagarlo en abonos mensuales durante 40 meses.
Los derechos de la libre expresión y culto se mermaron con la prohibición a los sacerdotes de portar hábitos en público. Los monasterios de hombres se clausuraron y los pocos de mujeres que quedaron, tenían muchas restricciones.
El clero y una parte importante del pueblo por supuesto que se opuso a estas leyes, afirmando que con ello se atacaba a la religión y comenzaron a brotar conspiraciones clericales en Puebla y otros lugares.
En Nuevo León y Coahuila Santiago Vidaurri desconoció al gobierno y fue sometido. En San Luis Potosí se pronunció el coronel Luis G. Osollo quien fue derrotado y preso en 1857. El escenario estaba listo para tres años de confrontación en la Guerra de Reforma.
Unos 700 conservadores planeaban una conspiración contra Juárez, se reunían en secreto en el Templo de San Andrés, donde había reposado por un tiempo los restos de Maximiliano. Este templo de extraordinaria arquitectura estaba frente al Palacio de Minería, sobre el terreno que hoy ocupa Telégrafos de México.
En febrero de 1868, con diversos informes de inteligencia sobre lo que acontecía en el Templo de San Andrés. Juárez decidió demoler ese templo y veinte más de la capital, entre ellos el de Santo Domingo y el de la Merced. Sus ministros le advirtieron que esa medida sería alebrestar a la población en su contra pero él no cambió su decisión que le había tomado varias semanas y dijo que asumía la responsabilidad histórica de su decisión. Le dijo a Sebastián Lerdo que no necesitaban tantos templos sino escuelas, – “Telégrafos, escuelas, caminos. Educación es lo que necesita nuestro pueblo, futuro y no pasado es lo que México necesita” decía Juárez para justificar su decisión. Los periódicos de la época hicieron eco de tal decisión y acción con su consecuente caída en la popularidad de Juárez.”…. ahí está pues… ¡YA! Correo defacto2010@hotmail.com Cel. 961 10 140 59
