Cuento hiperrealista Mil Batallas

Mario Luis Altuzar Suárez

…tin-tilin! ¡Ton-tilin! ¡Tin, tilin!” Suenan las muchas medallas impuestas como premios a sus batallas ganadas, en el lado superior izquierdo de la camisola militar, mientras se peina, acomoda la corbata y supervisa que su figura esté impecable. Es día glorioso. Por lo menos así se lo comunicó su oficial al mando. Los pensamientos chocan entre sí. ¡En una vorágine de supuestos para esa Ceremonia a la que fue convocado!
-“¡Bienvenido, Héroe de Mil Batallas!”, escucha a un septuagenario general que lo recibe en una habitación en penumbra, se escucha la respiración de los escasos asistentes. Percibe un profundo nerviosismo. Frota los ojos para acostumbrarse al lugar. Frente a él, en un estrado, una mesa larga con quince oficiales de alto rango. A su nivel, unas veinte sillas desvencijadas con veinteañeros de uniforme impecable y sus galardones iguales a las suyas.
-“Bien. Ya estamos todos. Podemos iniciar”, dice el Comandante en Jefe y su Alto Mando integrado con sexagenarios a más años, asienten con la cabeza. Escuchan a la primera voz: “Fueron escogidos los mejores oficiales de nuestras fuerzas armadas. ¡Son ustedes! Seguramente se reconocen entre ustedes. Han coincidido en los galardones que les hemos otorgado y que les han dado respeto, fama y prestigio entre los miembros de nuestros contingentes. Cada una de las medallas representan su abnegada entrega al servicio de respetar y hacer respetar los augustos principios de nuestro país ante los traidores a la Patria que buscan desestabilizar a nuestro Supremo Gobierno, inducidos por los nostálgicos de los privilegios del pasado y su resistencia a la igualdad social y productiva. ¡Siempre dispuestos! Lo mismo en el experto manejo de toletes que de armas, para someter a los que se desviaron de los más nobles y elevados principios de nuestro movimiento transformador”. Palabras que le llevan a rememorar esos gloriosos momentos en que vestía orgulloso su traje negro con capucha y casco, en que disfrutó patear en el suelo a un quinceañero que se había perdido en la falsa promesa de los enemigos del gobierno, de buscar la libertad y negarse a la igualdad.
Hace una pausa para tomar agua y proseguir: “¡A ustedes! todo se lo hemos dado! Y llegó el sagrado momento de corresponder. Vivimos momentos aciagos. El Imperio nos amenaza, por su envidia del humanismo a favor de los más pobres. De nuestra economía social. Y anuncian su intervención militar. Por ello han sido convocados, nuestros héroes que se han destacado en el control de la confusión de las masas en las calles, en las huelgas, en los bloqueos carreteros, y sobre todo, en su disposición de ponerse del lado correcto de la historia al salvaguardar los derechos humanos de los productores que han transnacionalizado el potencial exportador de nuestra nación”.
Aspira profundamente para señalar: “Mantener nuestra soberanía, exige el patriotismo de sus mejores hijos. ¡Tenemos un Gran Himno Nacional! Somos una potencia cultural. Y nuestro humanismo económico es admirado, respetado y aplicado en el resto del mundo. A partir de este momento, recibirán sus instrucciones para jefaturar a los jóvenes becarios y a los senectos beneficiarios de las pensiones, que con tanto amor entregó nuestro amado líder por medio de su discípula destacada. ¡Id a defender a la Patria, nuestra Madre que nos dio todo sin escatimar!”
Se ponen de pie a la voz de mando y se escucha el golpe seco de los tacones de las botas. Alzan el brazo derecho con la palma de la mano extendida para entonar el himno patrio. Se forman para salir disciplinadamente y recibir ordenadamente el armamento que ¡hace temblar las medallas de los uniformes! La razón es simple: Son armas de madera pintadas de negro, aunque algunos alcanzaron las de plástico, impresas en tercera dimensión y que de lejos, dan la imagen de armas de alta tecnología soviética.
El Heroe de Mil Batallas abre su celular al recibir el video del hombre de peluquín naranja del Imperio que advierte: “¡No podrán esconderse! Vamos por esos narcos que se robaron el país con el terror del asesinato, tortura o desaparición y la manipulación de las urnas electorales. Los procesos de extracción quirúrgica empiezan ahora”. Y las medallas dejan de tintinear.
Se dice mentalmente: “No hay que temer a mi primera batalla real, ya que no habrá invasión”, se dijo y disfrutó sus nuevos juguetes de madera.

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