Por: Gustavo Hernández Larrauri
AGUA Y ACEITE
Mucho se ha hablado de las alianzas y coaliciones políticas que se han dado en el sistema electoral mexicano, amarres, acuerdos y pactos dentro de la arena política de las corrientes llamadas derecha, izquierda y centro derecha, en México. Antes de la caída del régimen priísta como partido de estado en una democracia utópica, no es que no lo sea en muchos casos ahora, era impensable que las fuerzas políticas formadas o en proceso de formación se aliaran o formaran coaliciones en procesos electorales, antes de ese fenómeno solo eran bosquejos de alianzas y coaliciones, siendo qué, ahora, si vivieran Plutarco Elías Calles, fundador del PRI, Manuel Gómez Morín, fundador del PAN, se volverían a morir o los que todavía viven les daría o les dan múltiples diarreas ya sea de gusto o de disgusto por motivos de alianza y negocio electoral a Jorge González Torres, fundador de PVEM, a Alberto Anaya, fundador del PT, Dante Delgado Ranauro, fundador de CON, a Miguel Jiménez Godínez, fundador del PANAL o al hijo del “Tata” Cárdenas, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, fundador del PRD.
Lo cierto es que lo que se pensaba que era agua y aceite, si resulta factible mezclar las corrientes y siglas políticas al combinar el agua y el aceite en forma soluble, si bien es cierto que existen partidos locales en diversas partes de la geografía mexicana, el PRI, el PAN y el PRD, han sido sinónimo de corrientes encontradas, pero, cosa contraria al agua y el aceite, si se han mezclado en diversos procesos electorales a lo largo y ancho del país, prestándose la siglas ya sea entre ellos, entre candidatos por arraigo y dando cabida a candidatos de otros partidos, amén de las coaliciones y alianzas electorales en un sistema pluripartidista que en teoría debería representar a todas las corrientes sociales con derecho a ser parte de cualquier esfera de gobierno electa en un sistema de elección popular, lo cual conlleva a un bipartidismo disfrazado en muchos casos, al son de nos unimos todos contra este o este se une con todos contra el otro, dos fuerzas encontradas y confrontadas solo por acceder al poder, dejando solo fuera a fuerzas políticas, otros partidos, de minorías, en muchos casos solo para atomizar el voto, pero con premios de prebendas y canogías a la hora de repartir el pastel y en otros casos con un palmo de narices.
Es claro que el sistema electoral y el político en México, esta por demás desgastado, la participación política en un sistema pluripartidista, ya solo aglutina coaliciones de hecho o de Derecho para acceder al poder, ya sea regional, estatal e incluso nacional, en muchos caso solo buscan existir en el sistema y coexistir entre ellos aunque en teoría sean y se diga que son como el agua y el aceite, pero que ante el poder quieren ser parte de la representación de este, aunque muchos vendan la idea de “liberales” y otros de “conservadores” que cuando de acceder al poder se trata o de negociar intereses sobre intereses, van contra corriente química, se ha visto a lo largo y ancho de la republica alianzas entre el PRI y el PAN, ahora alianzas entre el PRD y PAN, eso sin contar con las alianzas y mescolanzas entre todos los partidos para contender en comicios que se han dado para ayuntamientos, distritos federales electorales, distritos locales electorales, Entidades Federativas y a nivel nacional, claro está que muchas de estas alianzas ha sido en forma temporal y espacial pero con un mismo objetivo, el poder y repartición de este.
Las alianzas llegaron a su cúspide y como única alternativa en el 2000, con un solo objetivo, sacar al PRI del poder, sacarlo de los pinos, de palacio nacional y en efecto cascada en muchos encargos de elección popular, cuyo objetivo fue el tirar el monopolio del poder del PRI por setenta años, “La dictadura perfecta” como alguna vez señalara Mario Vargas Llosa, ahora, en estos tiempos el mensaje de la mezcla entre el agua y el aceite es la misma, el no permitir que el PRI llegue al poder nuevamente en muchas regiones, pero sobre todo a los Pinos, cosa que sacudió a más de un Priísta, que pegaron el grito en cielo, sobre todo los “presidenciables” priístas, el presidenciable puntero, Peña Nieto, que como caballo de hacienda sin obstáculos no se había visto su reacción bajo presión, demostró que sintió pasos reflejándolo en sus declaraciones sobre el tema, cosa que a pesar del manejo mediático que se da a su proyecto presidencial, dejó ver su inexperiencia y cocimiento al vapor, en olla Express, ya que en el 2000, existió un proyecto de una Alianza Nacional opositora que lograra la transición democrática en donde tenía cabida el amasio entre el PAN y el PRD, aunque después se concretara la Alianza por el cambio, conformada por el PAN, el PVEM y el desaparecido PARM, que llevó a Vicente Fox al poder, alternancia democrática de decepción, pero esa es otra historia.
El sistema pluripartidista en México, bajo la premisa de la representación y cabida de las minorías vista como legitimar Gobiernos de representación de mayoría y minoría es en muchos casos una utopía, un ejemplo más de alianzas es nuevamente en el proceso electoral del 2000 que también aglutino a diversos y diversas corrientes entre partidos y minipartidos en la Alianza por México conformada por PRD, PT, CD, PAS Y PSN, con Cuauhtémoc Cárdenas, la cual restó votos al candidato Priísta y ahora Senador Francisco Labastida Ochoa, sacando al PRI de Palacio Nacional después de setenta años, Alianza por México, que allanó el camino al poder a la Alianza por el Cambio, con los resultados que todos sabemos, pero, lo que no es una fantasía y que le quito que el sueño a más de un priísta e incluso a más de un Lopezobradorista es la futura mezcla del agua y el aceite, mezcla entre el PAN y PRD, como futura coalición en diversos escenarios electorales en el 2010, como manejo alquimista de una futura mezcla de agua y aceite para el 2012…
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